La gente no renuncia a su trabajo, renuncia a sus pésimos jefes

Marcus Buckingham dijo: “La gente deja a los directivos, no a las empresas”. En realidad, la gente no se va de las malas empresas, sino de los malos jefes. Los jefes tóxicos son el mayor lastre para un establecimiento, ¡incluso peor que el fraude! Los empleados dejan a los malos jefes y a las empresas que permiten que el mal jefe prospere. Un mal jefe puede impedir que surja una nueva generación de empleados dinámicos y emprendedores. No hay nada que mate el dinamismo, extermine a una “nueva generación” y envenene el cambio que un mal jefe.

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Según una encuesta realizada por la Asociación Internacional de Profesionales de la Administración, un mal jefe es la razón número 1 por la que los empleados renuncian. La mayor amenaza para la cultura de una empresa es un jefe malo o tóxico. El efecto debilitador de un mal jefe no puede cuantificarse, ya que el tiempo que se dedica a asesorar, apaciguar y consolar a los empleados víctimas, a reorganizar departamentos o equipos y a organizar traslados como consecuencia de la tensión con los malos jefes y directivos produce importantes costes ocultos para la empresa.

A menudo, las personas con talento se ven obligadas a saltar de una empresa a otra para tener una nueva oportunidad. Siempre he dicho que el mayor trabajo de un líder es crear el entorno adecuado. Cuando el entorno es propicio, el crecimiento, la realización y la productividad son casi automáticos e incluso inevitables. En los últimos tiempos, los índices de rotación de personal en las empresas han llegado a ser terriblemente altos. Cuando se gasta tanto dinero y recursos en formar a los empleados y el resultado final es su salida, entonces ya es hora de revisar a los líderes y gerentes; ¡pueden ser la razón del éxodo insalubre!

“La motivación de un empleado es el resultado directo de la suma de las interacciones con su jefe” -Bob Nelson

Trabajar para un mal jefe es el peor tipo de abuso mental y emocional. De hecho, se ha observado que la relación entre un empleado y su jefe es la responsable de grandes rupturas en las familias, las amistades e incluso la identidad personal. La mayoría de las tensiones y discusiones en las familias y en las relaciones de pareja no son más que el resultado de una relación resentida e insatisfecha entre un empleado y su jefe. Dado que el empleado o la víctima de un jefe tóxico no puede descargar su ira contra su “castigador”, se ve obligado a buscar otras plataformas en las que pueda transferir fácilmente su agresión; en la mayoría de los casos, ¡la familia suele ser el destinatario!

Por otro lado, las revisiones y los estudios han demostrado que los malos jefes pueden llegar a enfermar a los empleados. Es un estudio concluido que cuanto más tiempo se permanezca en un empleo trabajando para alguien que le estresa, mayor es el daño para su salud física y mental. Datos recientes de la Asociación Americana de Psicología muestran que el 75% de los trabajadores estadounidenses creen que sus jefes son una causa importante de estrés en el trabajo.

Investigadores suecos, dirigidos por Anna Nyberg en el Instituto del Estrés de Estocolmo, han publicado un estudio en el Journal of Occupational and Environmental Medicine sobre el comportamiento de los líderes y la salud de los empleados. Estudiaron a más de 3.100 hombres durante un periodo de 10 años en entornos laborales típicos. Descubrieron que los empleados que tenían jefes incompetentes, desconsiderados, reservados y poco comunicativos, tenían un 60% más de probabilidades de sufrir un infarto u otra afección cardíaca que pusiera en peligro su vida. En cambio, los empleados que trabajaban con “buenos” jefes tenían un 40% menos de probabilidades de sufrir problemas cardíacos. Nyberg dijo: “Para todos aquellos que trabajan bajo jefes que perciben que se comportan de forma extraña, o de alguna manera que no entienden, y se sienten estresados, el estudio confirma que esto se convierte en un riesgo para la salud”.

Una de las historias de éxito del gigante de Internet -Goggle Inc- es su cultura constante de “expulsar” sistemáticamente a los malos jefes o lo que ahora han venido a denominar “un imbécil en el trabajo”. La política de Goggle de “no ser gilipollas” ha conseguido que los jefes tóxicos no se queden ni encuentren su sitio en la empresa.

En el artículo “Cómo los malos jefes pueden enfermarte”, Ray Williams dice: “Un imbécil en el lugar de trabajo se define como alguien que oprime, humilla, desanima o menosprecia a un subordinado o a un colega. Sus tácticas sucias incluyen: insultos personales, invasión del espacio personal, contacto personal no invitado, amenazas e intimidación (verbal y no verbal), bromas sarcásticas y burlas, humillación en público, interrupciones groseras, miradas sucias, tratar a la gente como si fuera invisible y ataques de dos caras”.

Los malos jefes tienen diferentes formas y matices, que es en realidad el objeto de este artículo. ¿Cuáles son esas cosas que los jefes hacen para llevar a sus empleados más allá del límite? Son las siguientes:

EXPECTATIVAS POCO SALUDABLES:

Un buen jefe establece expectativas lo suficientemente altas como para estirarnos pero lo suficientemente sanas como para no rompernos. Las expectativas están pensadas para estirarnos y no para rompernos. Es bueno tener altas expectativas de los demás, pero deben ser complementariamente sanas o de lo contrario se vuelven tóxicas. Una expectativa insana pone a prueba el ambiente de trabajo. Hace que los demás parezcan incapaces. Debemos permitir que las personas crezcan a su propio ritmo.

FORMAS ANTICUADAS:

Los viejos métodos no abren nuevas puertas. Albert Einstein dijo: “Los problemas no pueden resolverse con el mismo nivel de pensamiento que los creó”. Podemos jugar a la “vieja escuela” con nuestra cultura, pero nunca debe ser con nuestras metodologías e ideologías. Los directivos que tienen una inclinación inflexible por adherirse a las viejas formas normalmente frustran a los empleados dinámicos y a los gladiadores del cambio. Thomas Edison dijo una vez: “Siempre hay una forma mejor; encuéntrala”. Los malos jefes siempre son contrarios al cambio e incluso desmoralizan a los empleados con patrones de pensamiento revolucionarios.

BÚSQUEDA DE CULPABLES:

Los jefes tóxicos siempre están buscando fallos en los demás. Tienen un ojo agudo para los defectos y están psicológicamente cegados ante los “bienes” de los demás. No hay ningún hombre que sea intachable, y cuando nos embarcamos en una búsqueda diligente de defectos en los demás, al final lo encontraremos. Resulta irónico saber que, la mayoría de las veces, los buscadores de defectos son en realidad parte del problema, o incluso peor: ¡ellos son el problema! Como decano de un centro educativo en Nigeria, me he dado cuenta de que las personas no dan lo mejor de sí mismas cuando sienten que se las vigila para encontrarles defectos.

CERO TOLERANCIA PARA LOS ERRORES:

Mahatma Gandi dijo: “La libertad no vale la pena si no incluye la libertad de cometer errores”. Los errores son parte integrante del sistema de aprendizaje. Cuando los empleados cometen errores, que siempre lo harán, debemos animarles a aprender de ellos. Los errores pueden ser costosos, pero también pueden servir de trampolín para las innovaciones. Denis Waitley dijo: “Los errores son dolorosos cuando ocurren, pero años después una colección de errores es lo que se llama experiencia”.

PONER A LAS PERSONAS ADECUADAS EN LOS LUGARES EQUIVOCADOS:

Myles Munroe dijo una vez: “Para saber cuáles son los lugares adecuados para las personas, debemos conocer su área de dones”. Es pura frustración cuando se sigue colocando a las personas en funciones que no están en consonancia con sus dones. La forma más fácil de no desarrollar a las personas es colocarlas en departamentos que no exigen su talento y creatividad. Un buen gestor realiza sistemáticamente lo que se denomina “análisis de los puntos fuertes” y se asegura de que los empleados sean colocados correctamente allí donde puedan aprovecharse al máximo sus dotes, su talento y su experiencia.

FALTA DE FORMACIÓN Y DESARROLLO:

Sir Richard Branson dijo: “Entrena a la gente lo suficientemente bien para que pueda irse, trátala lo suficientemente bien para que no quiera hacerlo”. Un personal sin formación es un lastre. No importa el nivel de incompetencia, la formación constante siempre marcará la diferencia. Henry Ford dijo una vez: “Lo único peor que formar a tus empleados y que se vayan es no formarlos y que se queden”. No se construye un negocio, se construyen personas, y luego las personas construyen el negocio. Sólo un mal jefe espera lo mejor de los empleados sin formarlos.

LOS JEFES NEGATIVOS:

La positividad alimenta la productividad. Algunos líderes sólo son hábiles para derribar a los demás. Carecen de la capacidad de animar y potenciar a los demás. Tom Ziglar dijo: “Las personas negativas no quieren soluciones. Las soluciones significan que tienen que trabajar para encontrar algo más por lo que ser negativos”. Algunos jefes tóxicos sólo tienen ojos para lo que ha ido mal, sin dedicar tiempo a apreciar realmente los innumerables esfuerzos y sacrificios de sus empleados. ¡Un jefe negativo es el peor “ambiente” en cualquier lugar de trabajo!

JEFES INSEGUROS:

La mayor amenaza para una organización es un jefe inseguro. Un jefe inseguro siempre pondrá en cortocircuito el crecimiento y el avance de sus subordinados. Cuando un hombre es inseguro, todos los que le rodean son siempre “sospechosos”. Una autoestima sana es el mayor activo de cualquier líder; garantiza que el jefe vea a todos como colaboradores y no como competidores. Un jefe inseguro siempre arruinará la felicidad de los demás sólo porque no encuentra la suya.

JEFES AUTORITARIOS:

Son jefes muy tóxicos que rara vez escuchan los puntos de vista y las opiniones de sus empleados. Andy Stanley dijo: “Los líderes que no escuchan acabarán rodeados de gente que no tiene nada que decir”. Los grandes líderes valoran los comentarios y las críticas. Los líderes que se rodean de personas que sólo dicen lo que quieren oír se dirigen a un viaje hacia el olvido. Un líder que está más allá de la confrontación se autodestruirá. Los grandes jefes se rodean, no sólo de personas que dicen lo que quieren oír, sino de personas que dicen lo que deben oír. Las críticas y los comentarios son los salvavidas del liderazgo.

ACTITUD DOMINANTE, CONTROLADORA Y POSESIVA:

Steve Jobs dijo una vez: “No tiene sentido contratar a gente inteligente para luego decirles lo que tienen que hacer; contratamos a gente inteligente para que nos digan lo que tenemos que hacer”. Los malos jefes pueden ser asfixiantes y dominantes. Los grandes jefes deben dar a sus empleados un respiro, y el privilegio de no tener a los superiores siempre respirando en su nuca. Muchas veces hay que dar a los empleados plataformas para que sean ellos mismos y alimenten sus individualidades. Un jefe posesivo actúa como si fuera dueño de la gente, ¡no es dueño de la gente! La creatividad y la innovación necesitan espacio. Todo el mundo tiene derecho a tener su propia experiencia y espacio, y cuando negamos a la gente este “privilegio”, se ahoga el crecimiento personal y la experiencia. La gente está destinada a ser acomodada y no controlada; si la gente estuviera destinada a ser controlada, ¡habría venido con un mando a distancia!

NO DAN CUMPLIDOS:

Algunos jefes tóxicos no tienen nunca cumplidos para decir a la gente, lo único que lanzan son ‘culpas’. Los más malignos pueden llegar a hacerte creer que eres indigno, incompetente e incluso que no eres digno de ser amado. Es muy obvio que los empleados siempre vendrán con su carga de fortalezas y debilidades; un mal jefe pasa por alto las primeras y se centra en las segundas. Los grandes jefes utilizan las fortalezas de los empleados mientras trabajan en sus debilidades. Aunque estoy de acuerdo en que no hay que trivializar las debilidades de los empleados, tampoco deben ser el objeto de nuestra atención. El brainstorming ataca el problema desarrollando una solución viable mientras que el blamestorming evade el problema y ataca a la persona. Mata la iniciativa y reduce la moral de las personas. Me he dado cuenta de que cuando hagamos una verdadera tormenta de ideas, tendremos menos tiempo para hacer blamestorming.

VALORAR MÁS A LOS CLIENTES QUE A LOS EMPLEADOS:

Richard Branson dijo: “Pon a tu personal en primer lugar, a tus clientes en segundo y a tus accionistas en tercero”. Mientras que los clientes aseguran la rentabilidad, los empleados aseguran la sostenibilidad. Los clientes no son lo primero. Los empleados son lo primero. Si cuidas de tus empleados, ellos cuidarán de los clientes. Una persona que se siente apreciada siempre hará más de lo que se espera. Los jefes tóxicos nunca son agradecidos; rara vez dicen las palabras “Gracias” a su empleado.

HACER QUE EL NEGOCIO SEA MÁS IMPORTANTE QUE LA FAMILIA:

¡La familia lo es todo! Un buen jefe se asegurará de que no se sacrifique la familia por el negocio. La forma más fácil de ganarse a los empleados es mostrar un profundo interés por su familia y su bienestar. Un jefe tóxico estira a los empleados en detrimento de su familia y su ocio. Los empleados siempre rendirán más cuando la familia es la prioridad.

El mejor regalo que puede hacer a sus empleados es el de un “buen jefe”. Para que el ambiente de trabajo sea más productivo, satisfactorio y animado, debemos asegurarnos de que los directivos y gerentes tengan relaciones positivas y sanas con los empleados. El coste de un mal jefe no sólo es demasiado caro, sino que los daños son en su mayoría irremediables. Napoleón Bonaparte dijo: “Un líder es un traficante de esperanza”. La verdadera esencia del liderazgo está en encender la moral de la gente para lograr objetivos comunes y audaces. CEO significa sencillamente “Chief Encouragement Officer”.

“Un líder es admirado, un jefe es temido”-Vicente del Bosque

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