Por favor, no dejes que tus hijos se conviertan en la única razón de tu vida

Por favor, ¡no vivas sólo para tus hijos! No sólo no lo necesitan, sino que les está perjudicando… ¡Cuántas vidas destruidas, corazones rotos, amarguras e incomprensiones!

Veo mujeres que han renunciado a su vida por sus hijos. Y luego veo a esos niños por los que lo han dejado todo. El panorama es triste…

Te lo ruego, ¡no vivas por los niños! Tengan otro propósito en la vida, encuentren otra definición de maternidad y paternidad, para que los pequeños niños y niñas que vienen a este planeta no se conviertan en rehenes y víctimas de su “misericordia” y tutela.

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Dejadles crecer, como Dios manda. Lo que tengas es suficiente. Alguien tiene millones, y alguien lucha para llegar a fin de mes – es diferente para todos. No puedes permitir que eso influya en tu hijo y en su educación. Es lo que es.

Ama a tu marido. Los niños crecen, pero él se quedará contigo. Puedes dar a los niños un ejemplo de buena relación, para que un día quieran tener su propia familia e hijos.

Obsesionarte con los “problemas” de tus hijos te hará olvidar quiénes erais antes como pareja. Con el tiempo, empezarás a ignorar tus propios deseos y necesidades y los de tu marido, lo cual, probablemente, no acabará siendo bonito.

Quiérete a ti misma. No te olvides de ti misma en la carrera por la felicidad de tus hijos. No renuncies al vestido por un nuevo robot. No cambies la esteticista por una tutora más cara.

Si no te cuidas a ti mismo, ¿cómo vas a cuidar a los demás? ¿Qué ejemplo estás dando? ¿Qué tipo de amor es? ¿De dónde vendrá?

Busca el sentido de la vida más allá de lo material. Esta vida terminará un día, aunque no quieras pensar en ello ahora. La práctica espiritual, la religión, la oración, la lectura de las Escrituras… Puedes sacar fuerzas de ahí, en lugar de convertir a tus hijos en una fuente de energía.

No vivas para los niños, por favor. Cuando conozco a personas a las que los padres les han dado todo lo que querían, y más, es realmente doloroso mirarlos a los ojos. En muchos me reconozco a mí mismo y a mi dolor. Veo esos dolores, corazones rotos, almas vacías. En sus ojos, un grito de ayuda. Dolor, desesperación, culpa…

Ellos – como todos los niños – quieren amar a sus padres y estar cerca de ellos. Pero simplemente no pueden hacerlo. Les agota.

Dales a tus hijos la capacidad de vivir y respirar. Entonces podrán crecer y desarrollarse de la manera para la que fueron predestinados.

Somos como jardineros. Nuestro papel como padres es sencillo: “regar” a nuestros hijos a tiempo, protegerlos de las “plagas”, pero no esconderlos del “Sol”. Al igual que las flores, lo aprovecharán al máximo y se convertirán en algo hermoso.

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