Nos encontramos en un punto intermedio entre lo que creemos posible y lo que vemos en nuestro mundo como plausible. Nos aferramos con fuerza a la cuerda espiritual que nos sostiene al borde del abismo, mientras intentamos una y otra vez ascender por una superficie que parece terriblemente resbaladiza. El precio de la vida ha aumentado exponencialmente, dejando a muchos en la escasez y a otros en la absoluta nada. Sin embargo, tienes la capacidad instintiva de expandir lo que has creado; deja de ver carencia en tus elecciones. Expande tu conciencia, expande tus posibilidades.
La energía del pasado no parece seguir los escombros de este nuevo mundo, que parece escribir sus propias reglas y secuencias de tiempo. Para el simple mortal, parece que las oraciones no son escuchadas, las respuestas no llegan y los mensajes que podrían cambiar la vida son desechados. Sin embargo, las nuevas formas de comunicación emergen en distintos formatos, tweets y mensajes efímeros. Nos encontramos en el centro de nuestra existencia, con el ojo del destino mirándonos fijamente. Nos sentimos señalados, mientras gastamos hasta el último centavo en alimentar a nuestras familias y seres queridos. Gritamos a los dioses con desesperación, sintiéndonos impotentes. Y, sin embargo, en medio de nuestra ira y acusaciones, se encuentran enterradas semillas de esperanza.
Todos parecen estar en un trance, caminando sin rumbo a través de sus vidas, sin esperanza en un futuro brillante. Nos aferramos con fuerza a lo poco que tenemos, estrangulando la vida misma de nosotros y de la economía. Parece que la esperanza ha abandonado el edificio, como Elvis dejando atrás sus zapatos de gamuza azul. Sentimos que el mundo nos atrapa por los hilos emocionales más sensibles. Sin embargo, en lo más profundo de nuestro ser, aún sobrevive un delgado hilo de creencia. En este momento, no es nuestra fe en Dios lo que cuenta, sino la fe de Dios en nosotros.
Somos los guardianes de la última esperanza, alimentados por la creencia del Creador en nosotros. Es nuestra misión y nuestro llamado sostener esta luz de esperanza en alto, por encima de los mares de duda. Eres una luz en un futuro oscuro que tantos profetizan. La esperanza ahora asciende suavemente a la superficie, tras demasiado tiempo sumergida en el fondo del océano. No alimentes los miedos de las masas. Mantén tu luz encendida, avivando las llamas de la fe para iluminar la distorsión oscura de este tiempo. Jamás podemos dejar de creer en días mejores, en la bondad de las personas, en la paz universal. Jamás podemos dejar de creer en la libertad y en la elección, en el destino y en el libre albedrío. Nosotros, y solo nosotros, somos dueños de nuestros sueños para el planeta, para nosotros mismos y para aquellos que amamos.
Gillian MacBeth-Louthan
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