paisaje

por Gillian MacBeth-Louthan

Cuando finalmente entremos en nuestro próximo destino del tiempo, todos pareceremos estar atascados en el semáforo del yo, esperando que la luz cambie a verde. Cruzando los dedos, conteniendo el aliento, esperamos al margen que el universo nos dé la señal de avanzar. Nos detenemos sólo para pulir nuestros deseos, nuestras carencias y nuestras necesidades, buscamos constantemente la señal, la escritura en el cielo que diga: “Todo bien, el agua es segura pueden entrar, ahora pueden cruzar la calle de su vida hacia la siguiente fase de su viaje.” ¿Acabamos de pasar por eso con el asteroide y el meteorito?

¡Esperamos ansiosamente lo que en lo profundo de las entrañas sentimos que es realmente grande! Escudriñamos nuestro mundo, nuestros reflejos y nuestras intuiciones en busca de orientación cósmica. Sentimos que nuestras piernas son de plomo, inamovibles, manteniéndonos en la tierra del vacío, de lo sin forma y lo desinformado. Un lugar sin palabras, sin acciones, sin previsión. Nos lamemos las heridas sintiéndonos como un animal atrapado que no tiene por dónde escapar. Miramos a nuestro alrededor la economía, el gobierno, el mundo, y vemos que todos están detenidos ante el semáforo en una larga fila, esperando una señal. Muchos se cansan de esperar y se lanzan por su cuenta al vacío. Regresando desgarrados y destrozados y aún más confundidos.

¿Quién nos salvará, quién nos guiará, quién será nuestro mesías, nuestro presidente, nuestro comandante en jefe? Nos sentimos como si estuviéramos cautivos dentro del espacio y el tiempo, sentados en el lugar entre latidos del corazón. El silencio es muy fuerte; la energía del vacío silencioso es ensordecedora.

Por dentro, una vocecita susurra: “Espera querido, espera. Todo es invisible y está en estado embrionario en este momento. Espera hasta que cambie la marea, y llegue por fin a la orilla de tu corazón. No te lances a las aguas peligrosas por aburrimiento, por miedo, por necesidad. Espera a que la vida se revele, lo nuevo no está completamente formado. Aférrate a los sueños germinales dentro del corazón de tu alma. Ellos serán los frutos del futuro. Vas hacia un nuevo nivel de vida y luz.

Tu alma anuncia que es seguro cruzar el puente. No utilices excusas para volverte letárgico, deprimido y autocomplaciente. En este lugar en que te encuentras por el momento, teje los anhelos de tu corazón en un tapiz vibratorio de partículas subatómicas que están destinadas a abrirse paso hacia una forma sustancial. ¿No te sientes como un pasajero en tu vida? Inhalas energías desconocidas que no parecen encajar en tu vida, en tu cuerpo, ni en tu pensamiento. Agárrate fuerte mientras remas a través de las grandes olas de tu vida hacia las aguas calmas pero poderosas de lo Nuevo. Suelta el miedo a caerte de tu vida monótona y a ser comido por los monstruos marinos. Navega a toda vela, sin miedo al fracaso. Sigue el mapa estelar de tu destino con precisión y luego espera a atracar en la nueva tierra que te brindará aún más de lo que imaginabas.

Tu espera en el vacío no es más que un viaje en ascensor de un piso de luz a otro. En toda la vida no es más que un guiño, un parpadear y un cabeceo. Ahora navega en tu hermoso barco hacia tu futuro desconocido, sin forma. Permite que tu brújula interna divina te dirija innatamente en la dirección de tu destino. La ilusión de quietud parece inquietantemente viva y temes que te devore su inmensidad, como quien navega hasta el final del río sólo para encontrar una gran cascada. Suéltate y permite que conduzca la divinidad dentro de ti. Es más vieja y más sabia y ha conducido desde el principio del tiempo. Permite que el verdadero yo, el alma, el Dios dentro de ti te lleve en una dirección de plenitud. El vacío tiene la capacidad de extraer lo que está en tu corazón y ayudarte a darlo a luz a la manifestación.”

En este tiempo de energías cambiantes y tiempo que se deshace, pregúntense a sí mismos: ¿Es cuidar de otros una excusa para no cuidarse uno mismo? ¿Es una excusa para no hacer las cosas que uno está destinado a hacer? Éstas son las preguntas que todos nos debemos hacer mientras el mundo externo trata de absorbernos, alejándonos de lo que vemos como el camino de nuestro propósito. ¿Pateamos y chillamos para aferrarnos a nuestro yo? ¿Nos enojamos cuando otros tratan de quitarnos nuestro tiempo, nuestra paz, nuestro silencio?

Nos distraemos continuamente de lo que son nuestras intenciones perfectas. Comenzamos cada día sabiendo lo que debemos lograr, pero al final del día esa lista todavía está llena. Las exigencias son tan grandes que podríamos cocinarlas a la parrilla… ¿¿Estamos aquí para ellas o para nosotros?? ¿Por qué estamos tan ocupados ayudando a otros a realizar sus sueños, su paz, su seguridad, cuando no podemos ni siquiera encontrar los propios? ¿Por qué somos magnetizados hacia algo en lo que normalmente no entraríamos?

La culpa nos empaca una maleta mientras nos aferramos a nuestras vidas que se ahogan. Como quien observa desde una perspectiva más alta, ustedes se hallan perplejos en la cima de la montaña del ser, mirando por encima de las colinas a través del valle del yo.

Parecemos estar viviendo varias vidas a la vez, observándolas a todas con una sonrisa y una mueca. Queremos ayudar y ser útiles guiando a otros a través de sus sueños con grandes esfuerzos de rescate por nuestra parte. Nos cansamos, pues las energías de los dramas de los demás se hacen más densas dándonos vueltas y vueltas.

Los días se han acortado y ni siquiera hay tiempo suficiente para cumplir las necesidades básicas. Corren en círculos tratando de llenar las órdenes de su vida sin ver nada realizado del todo. Estar a reventar parece ser un deporte olímpico. La naturaleza se pone en pose mientras abre la puerta para que lo increíble se vuelva creíble.

Las  capacidades para movernos entre dimensiones, entre pensamientos, entre el pasado, presente y futuro, están en el proceso de ser compendiadas y reconstruidas.

Las energías sobre las que danzamos como ángeles en la cabeza de un alfiler, se están moviendo mucho más rápido de lo que  creíamos. Puede que duren un abrir y cerrar de ojos, la cuarta parte de una respiración, de un pensamiento, puede que duren un segundo, pero abarcan la creación. Es en este inter-medio del pensamiento físico y la existencia física donde nos estamos  preparando las nuevas energías.

El Universo está re-estableciendo una conexión con nosotros.

Estamos yendo demasiado velozmente por la vida. Dejamos atrás rápidamente las posibilidades del potencial sin descubrir que hay en cada reunión, en cada encuentro. Todo lo que entra en nuestra vida nos da algo: una conexión, un recuerdo, una sanación, una comprensión. Está comprobado que entre nuestras estructuras celulares hay vastos espacios vacíos. Es en estos vastos espacios vacíos entre pensamientos y cuerpo, que la Luz de la Luz se derramará, abarcándolo todo. La luz transparente de la circunstancia nos envuelve y se presenta de tal modo que ya no será cuestión de preguntarse quiénes somos y qué somos capaces de ser y hacer.

Nacemos y somos condicionados por nuestros padres y amigos para entrar rápidamente en la ciudad del “Éxito”. Se nos condiciona para que nos casemos, construyamos, tengamos hijos en la perfecta ciudad del “Éxito”. ¡Buscamos amarnos los unos a los otros, ser felices y morir en esa imagen holográfica de lo que alguien nos dijo que debe ser el éxito! Plantamos nuestros cultivos y nuestro futuro ‘tan breve’ en cómo define alguien más el éxito, y luego nos sorprende que nuestros árboles no den un fruto que esté alineado con el deseo de nuestra alma.

Cuando recién vinimos a la Tierra, llegamos con un objetivo álmico, con una especie de listado cósmico que describe lo que nuestra alma necesitaba para sentir que por fin consiguió triunfar estando en la Tierra. Somos impulsados por esa lista interna. Buscamos ‘esa’ cosa que solidificará y documentará que hemos triunfado en nuestro viaje a la Tierra. Hemos vuelto a la Tierra muchas veces sólo para compensar lo que vimos como fracasos en encarnaciones anteriores.

Es hora de despertar a los matices sutiles de lo que es en realidad el éxito. Es un tiempo para contar las maravillas, los milagros y los pequeños triunfos de nuestro día, que a menudo pasamos por alto. . La mayoría de las personas se concentra sólo en los fracasos y los magnifica a la enésima potencia, por lo que eclipsan a todo lo demás.

En el hermoso jardín de rosas de su vida, ¿sólo ven las malas hierbas o alguna vez ven sólo las rosas?

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