Para la persona promedio, el chamanismo siempre ha sido algo estrafalario, hasta loco y extraño, pero después de una posterior investigación estas nociones usualmente terminan siendo validadas por la ciencia. Una de las nociones más interesantes del chamán es que todo en el universo come y consume y que todo es depredador o presa, hasta aspectos del cosmos que normalmente no creemos que sean capaces de actuar así. Ahora bien, esta perspectiva puede sonar algo alarmista o hasta desagradable pero verán que realmente es una metáfora útil para entender cómo evitar ser consumidos. Recuerden no obstante, que los chamanes son muy serios respecto a su punto de vista de que este universo es como una jungla donde todo se está comiendo a todo lo demás.  

Es obvio que nosotros los humanos comemos alimentos para sobrevivir y cuando miramos a la naturaleza a nuestro alrededor, los animales y las plantas lo hacen también. Casi todos los organismos biológicos consumen luz solar, oxígeno y nutrientes del entorno para crecer con más salud, más fuertes y más grandes. Las bacterias comen, los virus comen, los parásitos comen y así sucesivamente. A lo que no estamos acostumbrados es a considerar que los huecos negros se están comiendo los soles, los planetas, las lunas, las nubes de polvo, la luz, galaxias entera y prácticamente todo lo que esté a su alcance gravitatorio. Hasta las galaxias se consumen al colisionar entre sí. Así que, para los chamanes las cosas materiales no tienen que ser organismos biológicos para consumir y ser consumidos.     

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Sin embargo esto es solamente el entendimiento superficial del universo de ‘consumir o ser consumido’. La perspectiva chamánica dice que el comer ocurre a todos los niveles. Si miramos más de cerca vemos que los países mayores consumen a los menores, como es evidente en el caso de Rusia con su reciente anexión de Crimen, y es así con cualquier nación que ha colonizado a otras. Las nuevas civilizaciones consumen a las más viejas, las culturas mayores consumen a las menores, los nuevos sistemas de creencias consumen a los más viejos y se fortalecen mientras que los consumidos se debilitan y desaparecen. A veces viven en forma fragmentada dentro del nuevo sistema, justo como partes de los vegetales, granos y carnes que viven de manera transformada en nuestros cuerpos carnosos después que los consumimos.  

Esto aplica por igual a los idiomas y tecnologías. El inglés tiene muchos fragmentos de diversos idiomas que ha subsumido. Una nueva tecnología consume a la vieja y la vieja queda eliminada. Usualmente la nueva tecnología tiene aspectos de la vieja pero es más eficiente, efectiva o cumple con las necesidades que no hacía la antigua. Así que si miramos bien de cerca veremos los remanentes de la forma del coche de caballos en el nuevo auto, las piezas de tecnología de los viejos aviones de hélice en los nuevos jets, los fragmentos de tecnología de las antiguas computadoras en los dispositivos móviles y así sucesivamente. El mundo se está comiendo a sí mismo, venciendo lo viejo y haciendo crecer lo nuevo. 

En el mundo corporativo vemos una forma bastante obvia de comer y digerir a medida que las grandes corporaciones integran y consolidan numerosos competidores. Las industrias aéreas, bancarias, médicas y de seguros son bien conocidas por consumir a su competencia, para convertirse en grandes gigantes que dominan el panorama a través de la intimidación y la manipulación como los dinosaurios de antaño.

El mundo material es básicamente una gran boca y estómago que comen avanzando hacia mayor poder e influencia. Una buena ilustración de esto es la jungla ecuatorial donde todo consume a todo lo demás. Enormes árboles son destruidos por enredaderas parásitas que entonces crecen al tamaño de enormes árboles que a su vez son destruidos por otros depredadores que viven de sus cuerpos descompuestos. El mundo del consumo va más allá de estas formas más obvias de consumo para evolucionar. Sin embargo antes de continuar aclaremos que esta actividad interminable de comer y ser comido no trae como consecuencia necesariamente un mundo o un universo mejor.  ¿Cuántas veces han visto extinguirse a animales, plantas, tecnologías, países, creencias, culturas, idiomas, corporaciones y similares? No todo el consumo resulta en evolución al igual que no todo el alimento que se ingiere resulta en un cuerpo saludable. A veces todo ese consumo resulta en la muerte o enfermedad del depredador. Este es especialmente el caso cuando lo que se come no se digiere apropiadamente.  

A un nivel más sutil tenemos aspectos energéticos y psicológicos de nosotros mismos a los que les gusta consumir y a veces esto no puede tener un buen resultado. Los chamanes clasifican estos aspectos de nosotros como parásitos, consumidores que destruyen el organismo como un  todo. Estamos familiarizados con lo que sucede cuando tenemos parásitos en el intestino, hígado y torrente sanguíneo. No es bueno. De la misma forma, los parásitos en la personalidad son igualmente debilitantes. A lo que los chamanes denominan parásitos en la personalidad, los budistas llaman el ego. Yo le llamo al parásito la falsa personalidad porque no es nuestro yo esencial sino un mero pretendiente al trono.    

Naturalmente la falsa personalidad crece más y más fuerte cada vez que tiene éxito en la activación de emociones intensas porque eso es lo que ella necesita comer para sobrevivir a expensas de la personalidad sana. Tiene un millón de técnicas, maniobras y métodos para lograr su objetivo. La falsa personalidad es como un virus porque ella ha sobrevivido cientos de miles de años en una forma efectiva. Mutando con cada generación aparece en nuevas e infinitas formas, no obstante es de hecho el mismo viejo parásito que era al comienzo. Toda esta creación de emociones desagradables estresa al cuerpo físico, lo oxida y eventualmente lo destruye mediante enfermedades y accidentes. 

Cada vida en la que ustedes son consumidos por su parásito termina de la misma manera. Los chamanes toltecas llaman a esto alimentar al águila. El águila se come todas sus experiencias no digeridas cuando ustedes mueren. El águila se come todo el conjunto de pensamientos, sentimientos, sensaciones y reacciones incompletas que ustedes se negaron a experimentar plenamente a lo largo de su vida. En otras palabras el águila come aquello con lo que se alimentó su parásito. Esto es como el pez grande que se come al pequeño que a su vez se come al todavía menor. El águila mantiene todas estas emociones no digeridas para la próxima encarnación y la próxima y la próxima consumiendo en  cada vez otro grupo de reacciones no digeridas.   

Todas estas reacciones consumidas se mantienen en un registro hasta su próxima vida donde ustedes se mantienen alimentando al águila, alimentando al águila, alimentando al águila, hasta que finalmente logran el rompimiento. El rompimiento significa que  ustedes se viran contra el parásito, la falsa personalidad y la dejan morir de hambre en lugar de alimentarla. Esto no sucede generalmente de una vez como si cayera un rayo. Es muy gradual. Primero aprenden a identificar la actividad parásita, entonces aprenden a no identificarse con ella, entonces ya no reaccionan ante ella y finalmente la dejan morir de hambre.    

Pueden tener éxito a veces, y a veces el parásito gana porque tiene impulso, sin embargo poco a poco ustedes se vuelven contra él. Finalmente tienen éxito y cada vez que este trata de generar emociones que pueda comer, ustedes lo matan de hambre al negarse a identificarse o a reaccionar con ello. Eventualmente la falsa personalidad es incapaz de generar la intensidad de emociones de baja frecuencia en ustedes. En su lugar ustedes activan la neutralidad y dentro del contexto de la neutralidad cultivan otras emociones de frecuencia superior. Generan gratitud, amor, perdón, compasión, asombro, alegría y serenidad. Estas emociones son imposibles de comer para la falsa personalidad porque son de una frecuencia demasiado elevada para el proceso digestivo de ésta. La falsa personalidad está diseñada para comer solamente alimentos de baja frecuencia y este es su defecto fatal. Como un auto que está hecho para funcionar solamente con combustible diesel, no podrá hacerlo con gasolina de alto octanaje. Una vez que entiendan esto evitarán cuidadosamente la resistencia y evitarán las emociones de baja frecuencia que alimentan al parásito. Noten que ustedes tampoco las gratifican. Al contrario simplemente las aceptan y entonces reorientan su enfoque hacia las de frecuencia más elevada.      

Pueden llegar a ser muy buenos generando una frecuencia elevada para que la falsa personalidad se desespere y recurra a estratagemas para hacerlos sucumbir. Conociendo cada una de sus debilidades ésta tratará al máximo de sacarlos de sus casillas estimulando la negatividad a través de la distracción. Quizás todo les va bien sintiéndose bien cuando de pronto conocen que su empleo está amenazado por un recorte de personal dirigido a disminuir en un 75% por ciento los trabajadores en su posición. Tienen una elección. Pueden desesperarse y recurrir al martirologio, al resentimiento y al desamparo. Si lo hacen, han alimentado los parásitos y de nuevo estos surgirán con vitalidad renovada. Sin embargo pueden sentir el entusiasmo del potencial de una nueva oportunidad estimulada por este cambio en ciernes. Instantáneamente ustedes abrazan el nuevo potencial que les ofrece este cambio y el parásito no puede encontrar un anclaje de nuevo. Severamente debilitado este se escabulle para encontrar a alguien con menos resolución.  

Este escenario les revela otro aspecto respecto al fenómeno de comer y ser comido. La esencia solamente come alimentos de alta frecuencia así que cuando matan de hambre a la falsa personalidad, están avanzando hacia alimentar a su esencia haciéndola más fuerte y llena de vitalidad. Mientras más la alimenten mejor se sentirán. La esencia se alimenta de luz, inspiración, creatividad, amor incondicional, servicio, gratitud, bendiciones y más. En otras palabras comemos atención amorosa, placer, compañía, éxito y todo lo que podamos nombrar que tenga alto octanaje. La esencia solamente se alimenta de buenas cosas y las buenas cosas se sienten mucho mejor que las cosas de baja frecuencia.  

Esto nos lleva a un aspecto crítico y muy importante del entendimiento de este asunto chamánico de comer nuestro mundo. La digestión. Hay una gran diferencia entre comer y digerir. Dedicamos gran parte de nuestra vida a comer sin digerir. Esto resulta típicamente en indigestión y sabemos cómo se siente eso. Así que ¿qué significa digerir el alimento que constituye nuestras experiencias, nuestras emociones, nuestras reacciones y similar? Bajo circunstancias ordinarias estamos distraídos por una gran cantidad de diversiones utilizadas por la falsa personalidad incluyendo la negación, la proyección, la represión y más. Estas maniobras evitan la digestión. Si yo siento intensa pena debido a que mi perro murió pero no quiero sentirme triste puedo buscar pleito con alguien y enojarme, y esto me permite sentirme poderoso en lugar de indefenso. No digiero mi tristeza. Si me siento insultado por mi jefe y siento enojo pero no me siento seguro expresándolo, puedo volverme sumiso en su presencia y sentir pena por mi mismo en su lugar. El enojo no está digerido. Si soy un mártir y alguien es bondadoso conmigo y eso me hace sentir un momento de gratificación, me adelanto y lo quito de en medio para continuar sintiéndome como una víctima. Dejo el buen sentimiento sin digerir. 

Todas estas experiencias y reacciones que no se digieren no desaparecen sino que se almacenan en el subconsciente y crean indigestión. En otras palabras las emociones y experiencias no digeridas nos desangran y envenenan nuestras vidas en una miríada de formas. A veces se traducen y se almacenan como un exceso de grasa en el cuerpo. A veces se muestran como alergias o síntomas de enfermedad. ¿Entienden? Estas emociones no resueltas continuarán almacenándose hasta que se resuelvan de una manera u otra. ¿Qué las resuelve? Hablando chamánicamente hay varias formas de resolverlas. Una es retroceder y experimentarlas plenamente una tras otra, un proceso llamado recapitulación. Otro es perdonar las circunstancias que las crearon, un proceso largamente enseñado por Jesús y por sus seguidores y por el Buda y sus seguidores. Cuando todo se perdona no hay más culpa (una emoción incompleta y no digerida). Una de las enseñanzas principales de Jesús fue ‘una mente sin culpa no experimenta sufrimiento’. Esta era la verdadera enseñanza tras la crucifixión. Por tanto el sufrimiento solamente puede surgir ante emociones no digeridas y las experiencias que las generaron. 

Si vamos a comer es mejor que podamos digerir plenamente lo que hemos comido. Hacerlo significa cortar el flujo sistemático de pensamientos y sentimientos que salen a volar dejando gran parte de nuestra experiencia indigesta. Necesitamos parar y experimentar nuestra experiencia. Conocerla de adentro afuera. Observarla y aceptarla. Cuando aceptamos nuestra experiencia, ésta se transforma. Cuando comemos pero no digerimos nuestra experiencia ésta no se transforma y se convierte en asuntos no resueltos que se acumulan como bagaje.

Veamos más de cerca este proceso de digerir adecuadamente y regresemos a nuestro ejemplo de la persona que recibe la noticia de que puede perder su empleo en una operación de racionalización de personal. Al recibir esta noticia la persona puede comenzar un proceso de preocupación intensa y comenzar una serie de historias tales como “si pierdo mi empleo no seré capaz de alimentar a mi familia, pagar mi hipoteca, o enviar a mis hijos a buenas escuelas. Tendremos que vivir de la beneficencia; perderé mi casa y quedaremos en la calle; mis hijos no tendrán una buena educación y sus vidas quedarán arruinadas y todo esto será mi culpa; probablemente perderé mi matrimonio y bla, bla, bla”. Noten que todos estos pensamientos conllevan a más historias, más resultados catastróficos que mantienen a la mente ocupada pero sin digerir nada. Para digerir una experiencia la persona necesita estar en el momento presente sintiendo el sentimiento que surja. Entiendan aquí que sentir el sentimiento no equivale a darle vueltas a un manojo de preocupaciones.

Aquí tienen el método más efectivo para digerir la experiencia. Digamos que tienen la noticia en el trabajo que la racionalización se lleva a efecto. En lugar de atemorizarse ustedes comprenden que tienen una reacción de miedo. Se enfocan en esta reacción de miedo en su cuerpo y notan que su boca se reseca, su respiración se acorta y tienen un nudo en el estómago. Estas no son historias. Estas son sensaciones reales que el cuerpo tiene y ustedes las reconocen y las aceptan por lo que son. Al aceptarlas y no resistirlas, sin tratar de escapar de ellas, dejándolas justo donde están, ellas tendrán una tendencia a la disipación. Quizás se disuelva la sensación de ansiedad solamente para ser reemplazada por el enojo hacia la compañía por tomar esa decisión. Ahora se enfocan en la sensación de enojo, una tensión en la mandíbula, las manos con puños cerrados, una tensión en el estómago. Ustedes experimentan estas sensaciones sin ignorarlas diciendo “Oh, solamente me siento enojado”. Por el contrario dicen, “Tengo estas sensaciones en mi cuerpo que se sienten como enojo”. De esta forma están digiriendo su experiencia, no etiquetando, juzgando, rechazando, creando un drama o lo que sea. Simplemente experimentan su experiencia dejando que sus sentimientos fluyan hasta que se terminen,  como la extinción de una tormenta, hasta que ellos se agoten.

Ahora ustedes están en una posición para pensar entendiendo creativamente que conjuntamente con los sentimientos de ansiedad y enojo, pueden tener realmente un poco de entusiasmo o de alivio al enfrentar una oportunidad que se les presenta. Quizás sientan como la quietud los inunda y entienden que saben profundamente que no se derrumbarán. Hay muchas posibilidades pero no hay drama, solamente grupos de sensaciones que el cuerpo produce cuando reacciona ante algo que amenaza sus patrones de seguridad. Esto es lo que significa digerir su experiencia. Las historias interminables no lo son.

Así que revisemos un poco aquí. Estamos viviendo en un universo con depredadores infinitos y presas infinitas. Nosotros y todos los demás somos ambos a la vez. Siempre hay un depredador y siempre alguna presa. El quid de la supervivencia es evitar ser comido y ser el que come una dieta estable de alimento de alta calidad. Este alimento es nuestra experiencia. Cada uno de nosotros avanza cada vez más en este juego hasta que eventualmente ya no somos comidos y somos el que come a la vez. Generamos una corriente estable de neutralidad caracterizada por la aceptación constante y el perdón en lugar de generar el drama negativo. Eventualmente aprendemos a existir con una poderosa dieta nutritiva de alegría, inspiración y amor y nuestros cuerpos ya no sucumben a la enfermedad, la oxidación y la degeneración. El águila ya no necesita comer y almacenar nuestras experiencias vida tras vida. Entonces experimentamos nuestras experiencias cuando ocurren, sin acumulación. 

En la vida necesitamos ser más depredadores que presas. Ser un depredador en este sentido no significa atacar y tragarse a los demás en nuestro ascenso al escalón superior de la escalera. Por el contrario ser un depredador significa convertir cada una de nuestras experiencias (alimentos) en una experiencia alimenticia agradable. Independientemente de lo que se nos presente en el curso de la vida respondemos experimentándolo en una forma de alta frecuencia. Si arrollo una ardilla con mi auto puedo sentirme muy mal o puedo darle las gracias a la ardilla por sacrificarse bajo mis ruedas eliminando alguna negatividad o desafío y buscando mi bien mayor. De esta forma un evento triste se convierte en algo esperanzador y en una bendición. Si pierdo un empleo puedo entusiasmarme ante las oportunidades que esto me abre para hacer algo diferente. No trato de luchar con las soluciones sino que les entrego el desafío a mis aliados, al Espíritu, para la solución final. Siempre trabajo desde una perspectiva de confianza, de fe y sin ser pasivo e inmóvil. Espero y tengo la expectativa de que la solución al problema se presentará inminentemente. Pase lo que pase, no doy cabida al resentimiento y a la culpa de que mi espíritu guía me haya fallado. Al contrario veo que yo les fallé porque perdí la fe en ellos durante un tiempo, no obstante no me culpo a mí mismo ni me acuso ante esta ilusión. Solamente lo perdono y me siento neutral ante ello.           

Eventualmente con esta poderosa estrategia ya no necesitaré ser un depredador ni tampoco la presa. Ese aspecto del universo ya no se corresponde porque estoy jugando el juego a una frecuencia que lo trasciende. Espero que esta explicación haga todo este asunto chamánico de la presa y el depredador más entendible y transformador. Quizás no sea tan extravagante después de todo. 

23 de Junio,  2014

Por José L. Stevens

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Traducción: Fara González López

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