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Lo que comemos afecta nuestras emociones

Nuestras emociones se expresa en el modo en que nos relacionamos con los alimentos. Tanto las emociones influyen en el cuerpo como el cuerpo en las emociones. Si me siento mal físicamente, es muy probable que mi ánimo decaiga y al revés, si me siento bien físicamente es más fácil ponerse de mejor humor. Hay alimentos que influyen en el bienestar y otros que no ayudan a mantener un buen ánimo y una buena salud.

No es lo mismo tomar un vaso de agua que un vaso de vino. Los efectos en el cuerpo y en las emociones son distintos. Si estoy triste y como chocolate, o cosas con azúcar que es la tendencia “natural” me va a levantar el ánimo un ratito pero muy poco tiempo voy a volver a bajar aún más debajo de donde estaba porque el azúcar blanca refinada lo que hace es elevar el nivel de la glucosa en sangre y bajarla rápidamente. El efecto es momentáneo y terminamos peor de lo que empezamos. Por eso por ejemplo si detectamos  que éste es uno de nuestros mecanismos, comer dulces cuando estamos tristes o deprimidos, entonces vamos a buscar reemplazar ese azúcar por otro más saludable como el azúcar mascabo y las golosinas por una barrita de cereal o té de hierbas con miel o galletitas con harina de arroz.

Si somos de comer rápido, sin disfrutar, con ansiedad, eso significará que somos así en otros aspectos también y la comida es uno más, por lo tanto deberíamos pensar en buscar otras actividades que nos relajen como la meditación, la natación, etc. También hay alimentos que nos pueden ayudar a relajarnos como los tés de hierbas como melisa, valeriana, pasiflora, tilo, el yogur, las bananas o las nueces.

Por supuesto, es normal que de vez en cuando nos relajemos y disfrutemos de un momento placentero como es comer una torta de chocolate, pero siendo conscientes de que es un “permitido” esporádico y porque no podemos comer mal cuando estamos enojados o tristes, de lo contrario, no sólo terminaríamos engordando sino metiendo toxinas en nuestro cuerpo.

Por otro lado, una dieta saludable nos ayuda a sentirnos bien, pues en el intestino existen muchas terminales nerviosas que envían información al cerebro y por lo tanto, podemos prevenir alteraciones intestinales y nos ayuda a mantener las emociones bajo control. El aparato digestivo es el segundo cerebro del organismo así que comiendo mejor, podemos tener pensamientos más positivos.

En el opuesto de esta compleja relación podemos decir que una mala alimentación puede producir depresión, tal es así que se sabe que una dieta pobre en antioxidantes y rica en grasas puede dar origen a un estado emocional alterado. En estos casos podemos buscar alimentos ricos en serotonina como las legumbres, frutos secos, cereales y semillas.

Tomar conciencia de por qué elegimos los alimentos. Entender que no todo lo que nos dicen que es bueno así es. Empezar a investigar, interiorizarnos de lo que metemos en nuestro cuerpo. La alimentación no es sólo saciar el hambre por un rato sino es nutrir a este envase que nos tiene que durar toda la vida. Y esto también forma parte del amor a nosotros mismos, a nuestra autoestima, a nuestro cuidado personal. No es lo mismo comer algo enlatado que  tomarse el tiempo para ir a una feria, comprar cosas orgánicas y cocinarlas. Son dos formas de ver la vida.

A veces pensamos que si comemos una latita no nos hará nada. Pero en una vida podrías comer unas mil latas y esos residuos tóxicos afectan el organismo. Contaminan nuestro intestino, si no los eliminamos, se van acumulando y terminan intoxicándonos.

Las enfermedades se forman porque el cuerpo está muy acidificado por eso es que está bueno tener una dieta alcalina para ayudar a no darle de comer a los parásitos, bacterias y virus. Frutas, vegetales y agua es la base fundamental. No vamos a hablar de si ser vegetariano es mejor que vegano o  macrobiótico. Vamos a hablar de comer de forma consciente más que levantar la bandera de algo.

Cuando somos niños, el chupete sustituye a la comida y nos calma. De adultos desarrollaremos otras conductas para encontrar ese alivio como los chupetines, el cigarrillo o las comidas entre horas.

Las emociones son tapadas por la comida para no expresar nuestros sentimientos. El orificio por el que penetran los alimentos es el mismo por el que salen las palabras.

La comida nos llena vacíos internos. La usamos para protegernos, como coraza. Si pudiéramos soltar el miedo, abrirnos al amor, podríamos usar la comida para nutrir nuestro cuerpo y no como sustituto de otra cosa.

Lo que comemos afecta nuestras emociones

Si nos damos cuenta que canalizamos los vacíos emocionales comiendo, es importante reconocer este mecanismo y buscar otras formas más saludables de llenar ese vacío como salir a caminar, encontrarse con amigos, darse un baño, ir al gimnasio, etc.

También podemos estar comiendo una comida muy saludable pero si lo hacemos pensando en algo feo, o mirando el noticiero, puede caernos mal igual.

Comer debería ser un acto de meditación. Cuando estamos atentos a cada pensamiento, a cada bocado, masticamos más y la química del cuerpo cambia porque al masticar la saliva segrega una enzima que al mezclarse con el alimento alcaliniza la sangre. Lo ideal es consumir menos alimentos acidificantes y más alimentos alcalinizantes.

Para concluir el tema de la alimentación, lo importante es que tomar conciencia de que está en nuestras manos mantener a nuestro cuerpo saludable física y emocionalmente y gran parte se debe a los alimentos que ingerimos. Muchas enfermedades y estados emocionales negativos se manifiestan por una mala dieta, por lo tanto es importante ocuparnos de informarnos y mantener una alimentación responsable.

Algunos tips son:

·       Agregar más conciencia a nuestra alimentación.

·       Comer más verduras y frutas y tomar más agua

·       Agregar suplementos como maca o spirulina, tinturas madres como valeriana o echinaccia.

·       Reconocer la emoción que puede haber atrás de la elección de cada alimento.

·       Buscar otras formas de expresar nuestras emociones que no sea taparlas con comida.

·       Decidir qué vamos a comer en momentos en que estamos equilibrados. No dejarlo para cuando nos dé hambre. Planear la comida. Investigar. Cambiar hábitos.

·       Incorporar frutas secas, semillas, jugos, germinados, comida cruda.

·       Saber qué alimentos ayudan a generar más energía y cuáles ayudan a calmarnos.

Extracto del libro Unidad Total. Crea tu propia realidad de Marcela Sejas

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