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Reconozco que toda vida tiene sus altibajos. A veces siento energía vibrante, y otras veces no me siento bien. De manera que cuando paso por un reto de salud, recuerdo orar para avivar el poder sanador de Dios en mí.

Imagino que mi cuerpo irradia la luz sanadora y amorosa de Dios. Pongo en manos de Dios todo mi ser según visualizo que cada célula en mí es renovada, que la energía divina se magnifica en todo mí ser.
Mantengo mis pensamientos centrados en el poder de Dios e instantáneamente me siento renovado. Visualizo salud radiante en mi cuerpo ¡y me lleno de energía!

La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. —Lucas 11:34

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