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Al tomar un momento para medir mi nivel de autoconfianza, me hago varias preguntas importantes: ¿Cómo me comporto? ¿Tengo buena postura? ¿Tengo una autoimagen positiva? ¿Me comunico claramente con los demás? ¿Soy capaz de decir "no" cuando es necesario? ¿Vivo con autenticidad? Luego me dirijo a Dios en oración, permitiendo que Su presencia ilumine mi mente y mi corazón. En el silencio, avivo la verdad de mí ser. Una nueva energía surge en mí y mi corazón se llena de optimismo.

La oración me prepara para superar cualquier reto o acoger toda posibilidad. Recibo cada nuevo día ante mí con confianza y paz. Mis palabras, acciones y modales transmiten el poder del Cristo en mí.

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa. —Hebreos 10:35

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