Síndrome del Nido Vacío: La emancipación de los hijos

Carlota tiene 18 años y ha sido becada para iniciar su carrera universitaria en París, así que en unos meses se dispone a recoger sus cosas para marchar por una larga temporada al país vecino. Está realmente contenta y satisfecha, pero también siente miedo y nerviosismo, tiene el síndrome del nido vacío. ¿Cómo será vivir sola por primera vez sin mi familia? ¿Podré ocuparme bien de mi misma y cuidarme? ¿Cómo van a estar mis padres sin mí? Estas son algunas de las preguntas que ella se hace frente a esta nueva aventura.

Pero, ¿qué preguntas se hacen sus padres? ¿Cómo se sienten ante la salida de casa de un miembro de la familia? Este es el tema que nos ocupa, ya que Carlota sabemos se desenvolverá perfectamente por tierras parisinas.

La emancipación de los hijos marca el inicio de un cambio de ciclo en la familia. La salida de uno de los elementos que configuran la dinámica familiar provoca un reajuste en las relaciones entre los miembros de la familia.

Si entendemos la familia como un sistema que a lo largo de los años ha conseguido encontrar un equilibro, más o menos funcional, podemos entender que al faltar o cambiar una pieza del sistema, éste tiene que reajustarse de muchas maneras, no sólo a nivel general.

Los subsistemas también tienen que cambiar y ajustarse a la novedad. Pero ¿a qué se llama subsistema? Por ejemplo, un subsistema será el formado por Carlota y su madre, otro será el formado por padre e hija, otro será el formado por la pareja, etc. Así hasta conformar la combinatoria familiar, es decir, todas las posibles relaciones de a dos en función del número de familiares que haya.

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El subsistema PAREJA, es decir, padre y madre de Carlota, será uno de los que más tenga que trabajar para adaptarse a la nueva situación.

Pensemos que los padres de Carlota llevan 18 años siendo padres, criando, educando y viendo crecer a sus hijos. Han perdido tiempo en pareja e incluso en dedicación a sí mismos por ocuparlo en la familia. ¿Qué haremos con ese tiempo que ya no ocuparemos en Carlota por estar fuera de casa?

En algunos casos los padres podrán sentirse victoriosos ya que han cumplido su objetivo, enseñar autonomía e independencia para que los hijos estén preparados llegado ese momento. Así, estos padres podrán incluso sentirse aliviados y activarán de nuevo su vida de pareja de una manera saludable.

Nido Vacío

En cambio, el proceso puede vivirse como algo traumático pues puede llegar a tenerse cierta sensación de vacío y vivirse como una pérdida o abandono. La incertidumbre puede apoderarse de la pareja y pueden tener sensación de estar perdidos, sin rumbo. ¿Ahora qué hacemos? A esto se le llama comúnmente el Síndrome del Nido Vacío.

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¿Qué hacer para superar el síndrome del nido vacío?

El proceso adaptativo ante el que se encuentran los padres de Carlota es gradual y transitorio. Es comprensible que se viva como una pérdida, pero en realidad es un cambio que podrá ser muy positivo para la pareja.

Aquí os ofrezco alunas recomendaciones positivas para la pareja:

  • Hablar más en pareja, dedicarse más tiempo. Quizá durante los últimos años el tema más recurrente es el de los hijos. Ahora también ocupará una parte importante, pero es positivo poder hablar sobre ellos, sobre cómo se sienten y qué necesitan en estas circunstancias.
  • Buscar actividades de ocio juntos, planes que sean del agrado de los dos. Puede ser tiempo para viajar, pasear, aprender informática…
    • Reavivar la intimidad y sexualidad de la pareja. Estando los hijos en casa a veces se hace difícil poder alimentar este área de la pareja. Pero ahora, ¡puede ser un buen momento!
  • Apoyarse mutuamente durante el cambio. Si un miembro de la pareja lo vive peor, el otro puede desarrollar un papel de facilitador del cambio.
  • Reactivar la vida social de la pareja. Estar más en contacto con los amigos puede ser de gran ayuda. Compartir la situación y hablar de lo que nos hace sentir con otras personas que estén atravesando por los mismos cambios puede ser muy saludable.
  • Reajustar el rol respecto al hijo o hijos emancipados. Estar siempre en la ayuda y el apoyo pero desde un punto más alejado.
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La salida de casa de los hijos es un hito importante en la historia familiar, pero no tiene porque vivirse como algo negativo. Es normal que se necesite un tiempo para procesarse pues es un cambio importante, pero puede aprovecharse este momento para reactivar una vida en pareja que ha podido resentirse durante años.

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