El silencio es oro

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La paz universal empieza individualmente. Quien posee paz… permanece imperturbable. Cuando el logro de la paz sea colectivo, únicamente entonces se alcanzará la paz del mundo.

Cuando el hombre adviene a la paz, halla también armonía y amor, y por lo tanto vivirá ya en unidad consciente con la vida misma. Esta paz es inherente, formará parte de quien la descubra y ya no podrá desentenderse de su presencia…

Quien posee PAZ inherentemente, ya no la pierde jamás, y ello no significa que uno no pueda evidenciar coraje en algún momento, v.g. ante la icomprensión y la socarronería, la injusticia y el abuso, que son debilidades del carácter del hombre.

La llave maestra hacia el cofre de la felicidad, es la comprensión. Quien comprende, perdona pues adviene a un nivel de consciencia superior y en este plano se disipan todos los problemas y todas las inconveniencias emocionales. La mayoría de los individuos viven en niveles inferiores de la emoción rectora. Actúan dirigidos por emociones negativas. Son parciales, prejuiciados, antiliberales; en fin, faltos de verdadera cultura.

Ya alguien lo dijo magistralmente: “El hombre culto tiene sentido del humor; no tiene prejuicios ni es dado a prejuzgar; tiene integridad y firmes principios morales; como buen ciudadano, tiene sentido de responsabilidad personal, respeto de la decencia y la justicia; estimula lo mejor de la personalidad humana y, por último, tiene sentido común y un sano criterio.”

El hombre, pues, debe superar su existencia emocional, debe alcanzar el nivel racional y actuar dentro de marcos de rectitud, correción y raciocinio lógico. Y si le fuera posible cultivarse mentalmente en el sendero, podría llegar al imperio sublime de la intuición, futuro y culminación de la humanidad.

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Cuando se obtiene paz auténtica somos serenos, tranquilos, modelos de ataraxia. Es esta la paz de que hablan los Maestros cuando dicen: “La paz sea contigo.” Y ella se origina en la piedra filosofal que el hombre tanto ha buscado, aunque siempre la ha tenido a la mano: la comprensión. Una vez en poder de la ‘panacea universal’, veremos que desaparecen las iras, las intolerencias, los problemas,… la delincuencia.

Los problemas humanos desaparecen cuando los comprendemos y los ceñimos. Al abrazarlos, los compenetramos, y se disipan misteriosamente. Y si luego vamos resolviendo los problemas a medida que surgen, sin acumularlos, nunca tendremos ninguno. Por eso se ha dicho que en todo problema está la solución del mismo: cabe decir, no existen los problemas, todos han sido resueltos; lo que falta es nuestra comprensión de los mismos. Nos parece tener un problema porque le damos enorme importancia y cual espejismo amenazante, lo vemos por todas partes.

El hombre de paz no puede creer en la violencia, respeta profundamente la serenidad de los demás; no cree en las barreras geográficas, sociales, religiosas o partidistas; sabe que la humanidad es una e indivisible. NO cree en marbetes, rótulos o etiquetas separatistas que motivan intolerancia, separación, crueldad, desintegración…

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Una vez puestas en práctica sus intenciones altruistas, debe arribar al silencio. ¿Por qué? La energía se derrocha por la palabra. En el complejo del ‘cotorreo’ dilapidamos las fuerzas y enteramos a todos del supuesto problema que nos abruma. Lo que mayormente hacemos es expresar nuestros prejuicios y preferencias y aumentar nuestro sufrimiento…

Sin embargo , en el silencio podemos protegernos, y no seremos víctimas de insultos ni calumnias. Aprendamos que se ofende quien quiere y no nos dejemos afectar por emociones destructivas. Si hablamos, si no podemos aguantarnos, entonces hablemos bien de la gente, no exageremos las faltas, tengamos caridad. Además, por lo general, los defectos que les atribuímos a otros, los tenemos nosotros y por eso los reconocemos fácilmente.

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Así iremos desenvolviendo nuestra espiritualidad y nos percataremos que el silencio debe ser nuestra morada, pues de todos modos, en el desarrollo psicológico de nuestra personalidad llegará un punto en que casi nadie nos comprenderá. La comprensión aumentada es incomprendida. Cuando se alcance la paz que excede a todo entendimiento, la capa del silencio protector le acompañará, y quien la reciba será un grano en quien se sintetiza el universo, un grano más hacia la paz universal. No debemos olvidar pues, que la palabra es plata, pero el silencio es oro.

Gabriel Cruz Martínez
1971

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