Una mano lleva inscritos en ella los misterios de la creación, de la voluntad y de la acción divinas. Sólo un microscopio de una increíble potencia podría darnos una idea de este universo que representa la palma de una mano, porque ésta es semejante al cosmos con sus constelaciones, sus nebulosas y todos los cuerpos celestiales. La línea de Saturno nos aparecería como la Vía láctea y descubriríamos también muchas otras galaxias.

El hombre es un resumen del universo, y la mano es un resumen del hombre. Por eso, a través de la mano podemos entrar en relación con toda la creación. Debemos tomar conciencia de esto y preservar nuestras manos como instrumentos sagrados, preparados para manifestar la voluntad de Dios. Jesús decía: «Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último.» El sentido de esta frase tiene una relación con las manos.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

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