A veces creemos encontrar a las personas correctas en los momentos equivocados

Muchas veces podemos tener la impresión de que la vida nos ofrece oportunidades que no podemos tomar en el momento en el cual se nos presentan, sintiendo una profunda insatisfacción y pudiendo asegurar que la vida nos juega bromas pesadas.

Podremos conocer personas extraordinarias con las que querremos compartir todo lo que nos quede de vida, cuando estamos comprometidos en una relación o cuando no tenemos los recursos necesarios para invertir en un vínculo determinado y debemos tomar decisiones que pueden ser muy riesgosas y que pueden inclusive generar muchos daños colaterales.

Podremos ir por la vida queriendo tomar todas las oportunidades que se nos pasan por el frente, con miedo a un compromiso, pensando que esto nos robará libertad y de esta manera ir de flor en flor buscando el mejor néctar, pudiéndonos dar cuenta a posterior que aquella flor, era la flor, pero que por alguna búsqueda constante y esa necesidad de probarlo todo, ahora solo es parte de nuestro pasado.

La vida nos ofrece múltiples opciones, oportunidades de crecer, de ganar experiencia, de hacernos más fuertes, de ver nuestros caminos con otros cristales y siempre nos ubicará frente a las situaciones que debamos afrontar, que debamos vivir para lograr nuestro desarrollo, así mismo nos colocará justo al frente de quien necesitamos en el momento adecuado.

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Por esto, podemos dejar de lado esa sensación de frustración que nos genera el haber conocido a la persona correcta en el momento equivocado. Las personas que llegan a nuestra vida lo hacen en el momento justo, para que nos brindemos mutuamente lo que debemos sacar de esa experiencia.

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A través de nuestra toma de consciencia podremos sostener ese vínculo o hacerlo transitorio, pero lo que ocurre en nuestra vida es como un rompecabezas, que al final de la historia siempre encajará. Veremos que esas piezas que no encajaron las estábamos colocando antes de colocar otras en medio, nos daremos cuenta de que algunas otras sencillamente no eran de nuestro juego y finalmente entenderemos, que nada sobró, que nada faltó, que todo ocurrió a la medida perfecta de lo que necesitábamos, para que todo encajara en un cuadro armónico.

Aprovechemos cada experiencia, aprendamos a escuchar el llamado del alma, que sabe qué caminos debemos recorrer para llegar a donde queremos, no cuestionemos nuestras experiencias, ni lo que hicimos con ellas, hicimos lo que pudimos en cada momento, seamos compasivos con nosotros mismos y aprendamos a fluir con la vida, sin perder de vista nuestro mayor propósito: ¡La felicidad!

Por: Sara Espejo -Rincón del Tibet

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