No aburras a tu pareja

La meditación es un ejercicio difícil, porque exige un gran dominio del pensamiento. Y el pensamiento es rebelde, tiene tendencia a escaparse, a vagabundear, y si tratáis de pararlo bruscamente, bloquearéis vuestro cerebro. Es preciso poner en marcha el cerebro muy dulcemente, ese aparato tan sensible, exactamente igual como dejáis que se caliente unos instantes el motor de vuestro coche antes de arrancarlo.

Así pues, cuando queráis meditar, no tratéis de dominar inmediatamente vuestro pensamiento porque se resistirá, se encabritará y no obtendréis nada de él. Empezad por poneros en un estado de paz, de armonía, y después, lentamente, suavemente, llevadlo hacia la dirección que queréis que tome: algún tiempo después, estará a vuestra disposición y os obedecerá. Debéis ser muy hábiles, muy diplomáticos con el pensamiento. Cuando hayáis aprendido a dominarlo, estaréis asombrados de su docilidad: sin que ni siquiera debáis intervenir, toda la jornada continuará en la dirección que le habréis dado.

El descubrimiento de una enseñanza espiritual es para muchas personas una causa de grandes alegrías. ¡Por fin han encontrado! Sí, pero las cosas no son tan sencillas. Cuando se acepta una enseñanza espiritual, por elevada que ésta sea, al cabo de un mes, de seis meses, de un año, eso depende, puede que se insinúe en ellos una perturbación, y en vez de intensificar su lado positivo, sus esfuerzos no hacen sino desarrollar su lado negativo. ¿Por qué? Porque cada idea nueva, cada estado de conciencia nuevo produce fermentaciones en los seres que no se han preparado para recibirlos.

Jesús decía: «No se pone el vino nuevo en los odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama y los odres se pierden, sino que se pone el vino nuevo en odres nuevos.» Los odres nuevos representan las formas sólidas, resistentes, que el ser humano debe preparar en sí mismo para ser capaz, no sólo de soportar una visión nueva de las cosas, sino también de adoptar un comportamiento que le corresponda. Cuando se ha armonizado con esta nueva filosofía, es decir, cuando ha preparado su organismo físico y su organismo psíquico, entonces puede resistir la tensión que van a producir las nuevas corrientes a las que de ahora en adelante va a estar expuesto.

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¿Por qué tantos hombres y mujeres que sentían al principio una gran atracción el uno por el otro acaban no soportándose? Porque no han sabido mantener la vida en ellos, embellecerla, volverla poética. Porque, inconscientemente, lo que buscan todos es la vida, no buscan otra cosa. Y la vida va siempre unida con el amor. Cuando amáis a un ser, podéis dar todas las explicaciones que queráis, en realidad no hay explicación; si le amáis, es por esta vida que emana de él, esta vida que toma diferentes formas: belleza, bondad, pureza, inteligencia, paz, etc.

 

parejaCómo no saben renovar la vida en ellos, la gente se aburre y aburre a los demás. Así pues, si no queréis aburriros y si queréis ser amados, debéis saber mantener en vosotros la fuente de la vida, siempre nueva, siempre brotando.

Podemos encontrar analogías entre la vida de ciertos animales y la vida psíquica de los humanos. Observemos por ejemplo al topo: vive bajo tierra, lejos de la luz, y para desplazarse se ve obligado a abrir largas galerías en el suelo que, algunas veces, son destruidas por el arado del labrador. Esta vida oscura y limitada le conviene sin duda, porque es un topo; no puede imaginarse otra. La vida del pez es más libre que la del topo, porque el espacio en dónde se mueve es mucho menos estrecho y sombrío. Pero ¡ mucho más libre es la vida del pájaro ! Todo el espacio le pertenece y canta, se alegra en la luz del sol.

El topo (la tierra), el pez (el agua), el pájaro (el aire) se trata aquí de símbolos: cada uno de ellos corresponde a un nivel de conciencia, y el nivel de conciencia determina el destino de los seres.

Aunque se encuentren todos los días, y desgraciadamente también aunque vivan juntos, los humanos sólo se miran unos a otros de una forma superficial. Se fijan en las manifestaciones externas, en la apariencia, y la apariencia a menudo no es muy buena que digamos… Olvidan que más allá de esta apariencia hay también un alma, un espíritu, y aunque esta alma y este espíritu se expresen rara y débilmente, están ahí. Entonces, ¿por qué no estar más atentos para poder reconocer sus manifestaciones?

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Un sabio sabe que todos los seres humanos con los que se encuentra son hijos e hijas de Dios, se centra en este pensamiento y aborda a cada uno con este pensamiento. Incluso sin ser conscientes de ello, hace sobre ellos un trabajo creador que un día fructificará. Y se siente feliz. Creedme, la mejor forma de ser útil a los demás, es descubrir sus cualidades, sus virtudes, sus riquezas espirituales y concentrarse sobre ellas: entonces se despierta en los seres algo bueno y sienten la necesidad de desarrollarlo.

En varios pasajes de la Biblia, se menciona un libro llamado «libro de vida». En este libro de vida, que es evidentemente un símbolo, están inscritos unos nombres. ¿Os preguntáis cómo podéis saber si vuestro nombre está inscrito en este libro? Es simple: exactamente igual que sabéis que vuestro nombre está inscrito en los registros de un organismo o de una administración. Decidisteis abonaros a un periódico: una secretaria anotó vuestro nombre y vuestra dirección y el cartero echa en vuestro buzón cada nuevo número de ese periódico.

De la misma manera, cuando vuestro nombre está inscrito arriba, en el libro de vida, es como si estuvieseis abonados a un periódico, pero a un periódico muy especial que se dirige a vuestra alma, a vuestro espíritu, y que os aporta cada día un nuevo saber, una mejor comprensión de las cosas, una ayuda en las dificultades. ¡Así pues, ¡bienaventurados aquellos y aquellas cuyo nombre está inscrito en el libro de vida! El poder, las riquezas, la gloria… todo palidece al lado de eso.

AUTOR: Omraam Mikhaël Aïvanhov

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