Ya ustedes conocen todo esto. A veces pueden olvidarlo. Aquí tenemos un recordatorio. La mejor parte está al final.

Entre las naciones del mundo, más que la mayoría, los americanos están obsesionados con la libertad. “Yo tengo derechos”. “Este es un país libre” “Nadie me va a decir lo que puedo o no hacer”. “Esta es mi tierra y puedo hacer con ella lo que quiera”, etc. Ahora bien, la libertad es una cosa hermosa y maravillosa y es lo que todos queremos como seres humanos. Finalmente es el estado de cosas óptimo y la mayoría de nosotros quizás quisiera vivir con más libertades que menos. Sin embargo la libertad al parecer, es un asunto muy complejo que la Corte Suprema de los Estados Unidos está constantemente presionada a dilucidar para el país. La gran complicación es el número de personas. Si usted fuese el único ser viviente en cientos de millas a la redonda entonces obviamente pudiese hacer lo que quisiera pero cuando usted vive en una ciudad de millones de personas la libertad se vuelve un asunto de consenso.   

La libertad mira de una forma a un niño y de otra a un adulto y así es con la edad del alma. Para un niño, la libertad es no tener que acostarse a cierta hora; para un adulto la libertad puede significar dormir el sábado por la mañana. Para un alma joven la libertad pudiese ser cortar todos las secoyas en su patio para obtener un beneficio. Para un alma vieja la libertad significa caminar a través de ese mismo bosque de secoyas cada mañana. ¿Hay espacio para que cada uno tenga su libertad? En un tiempo de escasos recursos, quizás no. 

¿Qué si enviaran a su hijo a una guardería donde no hay restricciones y a los niños se les permitiese hacer lo que quisieran todo el tiempo? ¿Qué si ustedes los armaran a todos y los pusiesen a guerrear unos contra otros? ¿Qué si los dejasen escoger lo que quisiesen comer en cualquier momento y fuese caramelos todo el día? ¿Qué si no tuviesen que quedarse en la guardería y pudiesen andar por las calles todo el día? El resultado sería el tipo de carnicería que tenemos ahora en nuestra sociedad.  Obviamente hay algo llamado madurez que juega un papel respecto a cuánta libertad se puede tolerar. Una persona tiene que demostrar que es apta para la tarea, la capacidad para manejar tal enorme responsabilidad como la libertad.

De alguna manera los Estados Unidos, si continúan en la trayectoria en la que están, muestran síntomas de convertirse en ese experimento fallido. Las libertades están desapareciendo con rapidez. Mientras algunas libertades se pierden a derecha e izquierda algunas libertades como la tenencia de armas se convierten en una responsabilidad donde la violencia crece sin restricción. En el mundo corporativo hay quienes dicen “permitan que el mercado funcione sin regulaciones y se ajustará a sí mismo. Los mercados ajustarán las ganancias”. Este no ha probado ser el caso por algo que nadie enfrenta: la falta de madurez, la codicia y el egoísmo de muchas almas jóvenes que dirigen la mayoría de la América corporativa. Ellos son menos capaces de manejar la libertad debido a su falta de madurez y falta de preocupación por los que están más allá de su grupo social inmediato. En contraste, las almas viejas aman su libertad pero la cederán voluntariamente en servicio a la totalidad. Un padre que educa a sus hijos sabe que a veces tiene que restringir su estilo de vida para dedicarles más tiempo a sus hijos. Ya se han ido los tiempos de su juventud alocada en la cual se ausentaba durante horas.  Ellos se sacrifican voluntariamente y cuidan de sus hijos durante años esto es, deben hacerlo, pero no todos lo hacen. Este es un tipo de libertad diferente, la libertad de elegir cómo van a manejar sus responsabilidades. Los maestros espirituales bien conocidos desechan muchas libertades también porque reconocen que deben ser buenos ejemplos para sus estudiantes, eligiendo de nuevo limitar algunas libertades en aras del bien mayor. 

Como niños queremos más y más libertades para las cuales no estamos preparados todavía. Mientras más envejecemos más oportunidad de libertad tenemos y a menudo elegimos responsabilidades que exigen que renunciemos a nuestra libertad total. La diferencia entre madurez y falta de madurez es la diferencia entre egoísmo y desinterés. Para una persona más madura la alegría viene de renunciar a alguna libertad bien ganada y merecida para servir a otro, mirar fuera de sí mismos: cuidar de los niños, visitar a un abuelo en un hospital, llevar a un amigo al aeropuerto. Para una persona más madura el placer (no la alegría) viene de solazarse en actos de mayor disfrute personal (beber, manejar velozmente, dedicarse a actividades sexuales, etc). Esto parece tonto pero es cierto. El placer personal es bueno y divertido pero no produce alegría. La alegría deriva del servicio de algún tipo, escribir un libro que ayuda a los demás, impartir una conferencia inspiradora, dar consejos a un amigo, ayudar a un amigo desesperado con la rotura de su computadora, darle un masaje placentero a otro. El sexo es mucho mejor cuando involucra darle placer al otro no sólo buscar la liberación personal.

libertad

El martirologio por otra parte no es servicio porque no es realmente voluntario. Los mártires se sienten compelidos a servir y lo hacen bajo la carga de gran resentimiento. No hay alegría aquí, solamente sufrimiento. En la vida el dolor es inevitable en algún nivel. El sufrimiento es puramente opcional. Aunque el servir puede involucrar algún dolor, el sufrimiento nunca se debe confundir con el desinterés.

Esta discusión respecto al servicio y la libertad nos lleva a la iniciación. La iniciación es una acción ceremonial simbólica que prueba a un individuo que está buscando un nuevo nivel de responsabilidad, un nuevo nivel de poder, otro nivel de influencia. En una sociedad donde hay iniciación hay pruebas socialmente reconocidas que le permiten a la comunidad conocer si una persona está lista para aceptar el cambio, está lista para enfrentar nuevos requisitos, está lista para asumir responsabilidades de dirección. Una persona pasa la prueba o no la pasa. Si falla, se reconoce que no estaba lista y que quizás después lo estará. Hay un adagio africano que dice “si los jóvenes no se inician ellos quemarán el poblado”. ¡Esa es la verdad! Miren a nuestra sociedad. Ya no iniciamos a los jóvenes y ellos queman el poblado por así decirlo. No, no todos ellos porque algunos tienen suficiente madurez para asumir la responsabilidad sin las pruebas sociales. Claramente son almas viejas; las menos maduras son las que necesitan iniciaciones más que nunca. ¿Cómo preparamos a la juventud para asumir la responsabilidad de asumir el liderazgo de la sociedad sin iniciaciones? ¿Cómo preparamos a los jóvenes para que renuncien voluntariamente a algunas de sus libertades más preciadas para servir a los demás de manera altruista y desinteresada?. La iniciación y la ceremonia marcan el camino. Sin ellas somos gente perdida y confundida.    

Una sociedad que entiende la libertad, entiende la iniciación hacia esas libertades y por tanto también entiende el desinterés acompañante. Ustedes no pueden tener libertad sin ello. La iniciación lo requiere, sin embargo los actos desinteresados no son siempre el tipo de eventos dramáticos que aparecen en las películas de acción. Algunos pueden decir que muchos jóvenes se sacrifican al unirse a lo militar y servir a su país de esa forma, sin embargo ese es un modelo arcaico.   

La Guerra

Hablemos por un momento de la inmadurez y demencia de la guerra como un lugar de iniciación. Sí, muchos jóvenes se inician en la brutalidad del campo de batalla y algunos muestran gran coraje al salvar las vidas de sus hermanos y hermanas bajo el ataque. No hay duda que esto sucede. ¿Es este el tipo de iniciación que la sociedad necesita? No, para nada. Necesitamos preguntarnos qué hacen esos jóvenes allá en primer lugar. La guerra es un modelo anticuado que sirvió como lugar de iniciación durante siglos cuando los seres humanos eran aun más ignorantes que lo que son ahora y funcionaban en una forma más primitiva. La guerra ahora está obsoleta. No hay justificación alguna para ello. En este día y época toda la violencia en masa se puede evitar si hay suficiente voluntad y claridad para hacer lo necesario para evitarla. El problema es realmente la cobardía y la ambivalencia entre los diferentes países del mundo, que no desean asumir los golpes económicos para prevenirla. La guerra simplemente nunca se justifica porque se basa en el temor y en el falso sentido de separación. La guerra es fracaso e indulgencia de la peor clase y el falso sentido de que lo que se considera como valor y patriotismo es realmente una pretensión triste de control y poder.  

Veamos el aprieto de nuestros veteranos. La realidad es que los que luchan contra América y sus aliados por ésta causa o la otra se sienten ignorados, no respetados y no escuchados. Están desesperados por amor, por un sentimiento de pertenencia, por algún tipo de conexión, un propósito que los haga sentirse legítimos. A menudo están solamente muy molestos al ser controlados por una fuerza extranjera en su propia tierra. Ellos quieren jugar económicamente con los otros chicos de la cuadra y muy por el contrario se les deja fuera, empobrecidos, borrados y descontados. Esto tuviese solución si tuviésemos el deseo de ver que lo mismo que sucede en el patio escolar sucede entre las naciones del mundo. De la misma forma que no hemos podido resolver el abuso en el patio de la escuela, estamos muy lejos de resolver los conflictos entre las naciones. Todo se puede solucionar si tuviésemos la disposición de pagar el precio psicológico de la paz.  

A diferencia del eslogan de la propaganda militar, en cuanto al desinterés no se trata de salir a matar a los extranjeros en tierras extrajeras porque nuestros políticos los han etiquetado como el enemigo. Es más, a su regreso, simplemente considerar que nuestros veteranos de guerra abatidos y lastimados son héroes con unas cuantas medallas, no sustituye la iniciación y la ceremonia, integrándolos de vuelta a la sociedad. No, cómo tratamos realmente a nuestros soldados de principio a fin es justamente un abuso de los seres humanos.  

Algunos de estos soldados van a la guerra con las mejores intenciones, las nociones más románticas de cómo ellos están cumpliendo una tradición familiar de servicio militar. Entonces sus cuerpos y mentes se dañan profundamente en medio de conflictos terriblemente mal manejados diseñados para servir a intereses corporativos. Algunos de los veteranos más maduros y honestos conocen esto profundamente en su corazón y llevan terribles heridas psicológicas por esa razón. Otros, incapaces de admitir que fueron utilizados, continúan contándoles historias de valor y heroísmo a sus hijos para perpetuar la falsa ilusión en las nuevas generaciones.  

Hay muchos otros actos desinteresados que no necesitan involucrar el drama del campo de batalla. El desinterés es cuidar humanamente de niños desesperados, aterrorizados que escapan de los escuadrones de la muerte en sus países de origen. El desinterés no es preocuparse por levantarse a media noche por un niño enfermo que llora; el desinterés es estimular a un estudiante que se menosprecia a que regrese a clases y pruebe de nuevo; el desinterés es perdonar la deuda de alguien que está en medio de una crisis financiera a punto de perder su empleo en una operación de recorte laboral y así sucesivamente. 

El dinero

Hay quienes dicen que el dinero es la raíz de todo mal y parece serlo a veces. La verdad es que el dinero es neutral. Es el mecanismo en un juego desarrollado por seres humanos para incentivar la creatividad y la productividad.  Al principio era una herramienta útil y hay muchas cosas interesantes que provienen de ello. Entonces gradualmente se complicó y apareció la avaricia. La falsa personalidad lo utilizó como herramienta de dominación y control de los humanos y tuvo éxito en ello. Pudiésemos decir que nosotros, los niños, aprendimos a mal utilizarlo y por tanto tenemos el problema actual de una terrible inequidad, armas de destrucción masiva y el resto. Sin embargo el dinero, al ser neutral, puede ser una maravillosa herramienta de desinterés. El dinero hace posibles muchas cosas, apoya proyectos constructivos, ayuda a la gente en su pobreza y desesperación y miles de otras cosas más. El dinero es un buen ejemplo de cómo siempre tenemos la elección respecto a cómo vamos a utilizar la herramienta que hemos creado. A menudo atacamos la herramienta en lugar de asumir la responsabilidad y ver cuales son nuestros motivos.    

El Panorama Mayor

Ahora observemos un panorama mayor. En el espíritu del amor e infinita generosidad, el Espíritu nos dio a todos la máxima libertad para soñar cualquier cosa que queramos experimentar sin interferencia. La poderosa presencia Yo Soy sabía que nos meteríamos en todo tipo de problemas porque los niños serán niños y querrán probar todo límite posible. Las consecuencias son rápidas y terribles pero ese es el camino a la libertad en el mundo material. Los hindúes y los budistas le llaman karma a esta ley de consecuencias. El Espíritu sabía que la libertad resultaría al principio en elecciones egoístas y duras lecciones como cuando un niño come demasiado helado y tiene un terrible dolor de estómago. Así que el Espíritu planeó estos resultados inevitables con apoyo masivo y ayuda pero siempre tras bambalinas, siempre detrás de la escena para honrar el libre albedrío. El Espíritu dijo, cuando lo necesites realmente, pide y recibirás toda la ayuda que necesites, enseguida, sin excepción. El Espíritu nos dio la oportunidad de recordar quienes somos y de recibir una enorme ayuda, fundamentalmente a través de la belleza y del poder de la naturaleza a través de ciertos maestros poderosos que nos podían recordar cómo vivir.      

El Espíritu como cualquier buen Padre o Madre, sabía que teníamos que crecer y que ese crecimiento involucraría retos y pruebas. Se nos dieron ciertas iniciaciones internas poderosas para ayudarnos a crecer, aprender a amar, aprender a compartir, aprender a cooperar, aprender a cuidar lo que se nos había otorgado y demás. Estas pruebas e iniciaciones son lo suficientemente desafiantes pero se hacen más duras cuando las sociedades y culturas dominantes del mundo las ignoran o tiene valores infantiles que no están en resonancia con estos valores más maduros. Dado que esos valores maduros son inevitables en nuestro proceso de aprendizaje es tonto que nuestras estructuras sociales no se alineen con ellos. Desafortunadamente las religiones tradicionales del mundo les dan solo valor facial y en realidad están más alineados con los valores superficiales de la sociedad. No hay mucha ayuda aquí.     

Dado el clima actual en la Tierra, el Espíritu ha recurrido al uso de una herramienta mucho mayor que nos despierte y nos ponga en el camino. Es una herramienta muy simple realmente. Pudiésemos llamarla de diferentes formas: aumentar el calor, apretar las tuercas, poner los pies al fuego, encender las luces, aumentar el volumen de la música, aumentar la intensidad, encender la alarma. La frecuencia, la vibración, la amplitud se aumenta cada día, más y más. Ahora, esto no se hace en alguna forma sádica o punitiva. Algunos teléfonos inteligentes tienen una característica de llamada matutina que comienza con un tono bajo y aumenta lentamente el volumen hasta que no pueden ignorarlo y tienen que salir de la cama. Quizás esto es doloroso para algunos pero logra el objetivo. En una palabra es un SERVICIO. 

Es por esto que el mundo parece enloquecido con tiroteos masivos, revoluciones, ataques, suicidios de alto perfil, comportamientos absolutamente descabellados por parte de los políticos y otras gentes en los medios. El volumen se ha elevado para que la gente no sienta complacencia o ignore lo que está sucediendo. Se les despierta de su sopor, de su viejo estado de trance que les permite dormir mientras ocurren condiciones absolutamente atroces en el mundo, la desigualdad, el sufrimiento, la injusticia, el enfoque destructivo de culturas completas, la avaricia del mundo de los negocios, y más. El clima está de cabeza. Todo se intensifica al punto donde nadie puede mantenerse dormido. Algunos eligen el suicidio. Algunos se comportan de manera loca. Algunos se asustarán tanto que tratarán de detener todo progreso. Algunos perseverarán en su ceguera. La gran mayoría sin embargo despertará y asumirá la responsabilidad frente a los cambios necesarios. Ahora eso es una buena noticia. Como una alarma que se hace cada vez más ruidosa, se nos sirve de la mejor manera posible. ¡Qué iniciación! Es tiempo de despertar. Buenos días.

Una práctica:

Encuentren un lugar tranquilo donde no sean interrumpidos durante diez o quince minutos. Relájense y respiren profundamente. No ofrezcan lucha o resistencia al desfile de pensamientos en su mente simiesca. Durante unos minutos al inhalar digan ‘acepto’ a todos sus pensamientos. Al exhalar digan ‘libero’ a todos esos pensamientos. Una vez que inicien este proceso se pueden enfocar en la parte siguiente.  

Recuerden una memoria de servicio que les trajo alegría: recuerden el alimentar a su perro, gato, caballo o lo que sea muy querido y cómo veían con amor y satisfacción como se comían la comida o lo que le llevaran de regalo. Quizás recuerden darles un baño a sus hijos y secarlos ayudándolos a vestirse o cargándolos en sus hombros. Recuerden la mirada de asombro y gratitud que les dio un amigo cuando hicieron algo especial y extraordinario para ellos. Recuerden el alivio de las plantas mustias cuando las regaban.

Recuerden cualquier memoria que les produzca una sonrisa, un sentimiento de amor, un sentimiento de ternura que los motivara a hacer algo especial para alguien.

Enfóquense específicamente en su corazón al hacer esto y sientan lo que sea que sientan.

Ahora reflexionen sobre el sentido de responsabilidad que asumieron para servir al animal, a la planta o a la persona de esta forma y cómo no les importó realmente aunque pudiese haber sido inconveniente.

Ahora repitan estas palabras “yo soy la puerta abierta que ningún hombre puede cerrar. Yo soy el hueso vacío a través del cual el Espíritu fluye eternamente y sin límite. Bendigo todo lo que veo, todo lo que aparece ante mí. Como consecuencia mi vida es profundamente buena.”. 

Ahora siéntense con eso y piensen en algunas de las personas, animales y plantas vivas o pasadas que recuerden. Dediquen unos minutos a esto.

Finalmente siéntanse agradecidos por su buena suerte al conocer a estas criaturas.

Hagan esto diariamente durante un tiempo y vean lo que sucede. 

Por José L. Stevens

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Traducción: Fara González López

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