En cada amanecer Dios nos brinda una oportunidad más de vida para ser mejores.

Y si cada día trabajamos en un propósito?

No cabe duda que para mantenernos de pie en nuestra existencia es necesario tener claro hacia dónde nos dirigimos para trabajar en ello día a día hasta conquistar lo anhelado, hay cosas que están en nuestras manos y otras tantas solo corresponden a Dios y al tiempo.

En una ocasión escuche a una mujer muy talentosa lamentarse por no encontrar una pareja, en su vida profesional todo parecía ir muy bien pero en el ámbito del amor parecía que todo estaba atorado. Formar una familia se convertía en uno de los tantos proyectos de vida que a diario durante momentos le causaba frustración y desanimo, parecía que por esta situación ella se percibía incompleta.

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¿Cuántas mujeres y hombres no se han sentido de esta manera ante la falta de una pareja?

Mi forma de pensar ante esta situación es que hoy estamos vivos y efectivamente con o sin pareja nos tenemos a nosotros mismos, está comprobado que aquello a lo que nos aferramos y perseguimos lo alejamos cada vez más de nosotros.

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Permitirnos fluir cuesta porque nos da miedo vivir, pero si empezamos a detectar ¿cuáles son las cosas que nos motivan? además de una pareja y comenzamos a trabajar en ellas enfocando nuestra atención para conseguirlas sin obsesión, estaremos trabajando en una frecuencia vibratoria más alta que nos permita atraer cada vez más cosas positivas a nuestra vida y quizá el día que menos lo piense concretar también la vida en pareja.

El mensaje es tener siempre una esperanza, solos o acompañados vale la pena vivir la vida con un propósito, permitiéndonos sentir y participar en ella.

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Ana Irazú Rocha N.

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