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A veces lo que se termina no es el amor, sino la paciencia

EL vivir verde significa vivir en equilibrio y parte fundamental de ese equilibrio proviene de nuestro bienestar sentimental, por eso es importante entender que tenemos que aprender a valorarnos y saber poner un punto final a aquellas relaciones que, lejos de beneficiarnos, no nos permiten crecer y nos perjudican.

No importa cuánto amemos a alguien, no importa el tiempo que hayamos compartido o los sueños que hayamos construido. En ocasiones, el amor, por sí solo, no es la llave de las relaciones felices.

Cuando no hay reciprocidad, comprensión o respeto, la paciencia termina acabándose.

Sin lugar a dudas, esta situación es algo que todos hemos experimentado alguna vez con gran dolor y sufrimiento. Porque decir adiós a quien fue tan significativo en nuestra vida duele, pero es una necesidad vital de la que hay que aprender.

Cuando se acaba la paciencia, se acaban las ganas, se apagan las ilusiones y corremos el riesgo de terminar perdiéndonos a nosotros mismos en el vacío de la frustración y la falta de la autoestima.

No vale la pena. Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Hay quien cae en el error de pensar que las relaciones son eternas y que no tienen fecha de caducidad. Necesitamos pensarlo así para sentirnos comprometidos, para construir ese vínculo basado en la admiración, el cariño y el respeto. Es algo normal.

Son muchas las ilusiones y proyectos que elaboramos en nuestra mente cuando mantenemos una relación de pareja.

De algún modo, es como si construyésemos una relación paralela sobre lo que debería ser, lo que esperamos y que, desgraciadamente, no siempre se cumple o se ajusta a esas expectativas.

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Por ello, es necesario que tengamos en cuenta estos aspectos previos en lo que se refiere a las relaciones afectivas.

En ocasiones, a muchos nos transmiten ideas culturales basadas en tradiciones erróneas y peligrosas. El amor no es “aguantar” cada día algo que no nos gusta, el amor no es sufrimiento, ni tener que disimular cosas que no nos gustan por no hacer daño al otro.

Atiende “el aquí y ahora”. Si en este mismo instante te sientes feliz, ilusionado y tu corazón alberga una sensación serena y satisfactoria, todo va bien.

Si lo que intuyes en este momento es preocupación y miedo, valora en qué punto está tu relación. El amor no son lágrimas, porque quien bien te quiere te hará feliz y no desgraciado.

pensativa foto

Sin saber muy bien cómo, acabamos cediendo y cediendo en tantas cosas que, al final, dejamos de reconocernos a nosotros mismos.

Puedes perdonar hoy y perdonar mañana. El perdón es positivo, siempre y cuando exista reciprocidad y sinceridad en el arrepentimiento. Ahora bien, la cuota de “cesiones y concesiones” es limitada.

Cada vez que cedemos en algo perdemos parte de nosotros mismos. Renunciar a una afición, a un trabajo o incluso a dejar de ver a determinadas personas porque nuestra pareja siente celos, implica renunciar a una parte de nuestra identidad.

Nuestra paciencia tiene un límite, y ese límite es nuestra integridad. En el momento en que notes que has dado demasiado y ninguna de esas cesiones ha sido recompensada o desconocida, valora tu situación. Tal vez debas tomar una decisión.

Decir adiós también es crecer

Decir adiós a una persona es dejar atrás nuestro modo de vida, es dejar hábitos, costumbres y, ante todo, la compañía de una persona que, hasta no hace mucho, era tan importante como el aire que respirábamos.

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Ahora bien, puede llegar un instante en que “ya nos falta” el aire y, a pesar de que siga existiendo amor, percibimos que el sufrimiento y la desilusión está quebrando nuestra salud emocional y nuestra salud. Es algo peligroso.

Es necesario entender que decir adiós es parte de nuestra vida. Porque la vida son ciclos y son cambios, y todo cambio exige estos aspectos:

Autoconocimiento: Todos tenemos muy claro cuáles son nuestros valores y nuestros límites personales. Es una línea que no debe ser cruzada ni vulnerada para cuidar de nuestra autoestima.

Saber decir adiós implica la necesidad de romper vínculos de manera definitiva, es un acto de coraje.

Integrar un aprendizaje: Toda relación que se rompe nos enseña algo y esos aspectos, lejos de olvidarlos o mirarlos con rencor, los integraremos y los aceptaremos para crecer.

Dejar ir sin odio: Romper una relación porque se nos acaba la paciencia, implica romper vínculos sin odios o resentimientos. Porque toda emoción negativa nos hace prisioneros y nos impide olvidar.

No lo hagas, dejar ir con libertad, sin rencores, para avanzar más ligeros.

Fuente: The New Science of Adult Attachment and How It Can Help YouFind – and Keep – Love

Foto por Rowilove A veces lo que se termina no es el amor, sino la paciencia 1

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