Sin Mascaras
Miguel Martínez

Cuando por nosotros mismos decidimos salir del aula de la ignorancia, aparece el Maestro para guiarnos al sitio preciso donde un mortal como nosotros asumirá por razones internas el instruirnos. Sin embargo, en la relación facilitador y estudiante, es de suma importancia el tener claro la función y la correspondencia de ambos en la enseñanza.

Facilitador: (del libro las Consideraciones Rubén Cedeño)

Facilitador como su misma palabra lo indica es Facilitar, comunicar, transmitir, ¿Facilitar qué?

Facilitar la Enseñanza Espiritual al Estudiante y que por medio de ésta pueda desenvolver su plan divino de perfección.

Terminadas las conferencias, el alumno siempre coincidía en que la clase era para alguien en especial, pero él era incapaz de reconocer que realmente estaba urgido de tal enseñanza. Este estudiante vivía para el convencionalismo, por eso, el raciocinio lo entorpecía, escudándose en una máscara para seguir aparentando ser el insigne discípulo que practica la enseñanza realmente y no tiene ningún tipo de apariencia de problemas. Mucho menos acepta que está enfrentando graves choques en su vida a través de sus seres queridos y en su mismo grupo espiritual, negándose la posibilidad de dejarse perforar por las altas vibraciones de la instrucción en esos benditos momentos, durante las clases, en que los Maestros dispensan mucha más radiación, para beneficio de los asistentes que hacen sus conciencias permeables a la Divinidad, reconociendo que hay fallas que sólo a través del conocimiento espiritual las vamos a comprender para luego lograr darles solución.

Los Seres de Luz tratan de que aprendamos evitándonos los traumas sicológicos y físicos, utilizando a los facilitadotes de la enseñanza en quienes ponen los recursos necesarios para que nos hagan llegar el conocimiento, para que seamos Libres totalmente, ya que lo único que nos hace padecer, opresión mental y sentimental es la producida por la no libertad que genera el negarnos a la rectificación de los errores cometidos.

Tengamos en cuenta que es de sabios reconocer que hemos fallado y que nunca es tarde para enmendar actitudes que lo que han hecho, es mantenernos en la aflicción. Todos sabemos que las apariencias de negatividad pueden ser generadas por la misma persona o muchas veces adquiridas del entorno. Sin embargo, el camino es reconocerlas, luego no aceptarlas y razonar referente a la situación, inquiriendo en el asunto para su disolución, evitando así, que se frene la evolución a través del crecimiento espiritual.

Cuando el convencionalismo se apodera de nosotros, bien sea para aparentar una gran fluidez económica, o a veces, para simular que tenemos un hogar feliz donde reina la armonía, y lo que es más fuerte aún, para aparentar que tenemos un grupo perfecto, lleno de estudiantes trabajando a tiempo completo por la instrucción, estamos con una de las máscaras de la colección que poseemos, que nos quitamos y ponemos, de acuerdo a lo que deseamos aparentar.

Si somos incapaces de reconocer que tenemos momentos vulnerables en la vida, por temor a que se den cuenta realmente de como somos, y que se perciban nuestras fallas, mal carácter, celos, competencias, temores a perder en la Metafísica ese puesto ficticio que hemos creado en la mente, y los fulanos errores, estaremos llenos de una gran mentira, que lo único que persigue es hacernos insuficientes ante lo que somos realmente. Por supuesto, esto nos incapacita en la verdad, y por tal razón, todos la ven, y uno, por colocarse la máscara, piensa que esa verdad pasa desapercibida. Pero esto resulta ser una ilusión más, haciéndonos creer que podemos engañar a los demás, siendo nosotros los más afectados, porque la máscara tiene destellos de falsos colores, haciendo que hasta sea impresionante la destreza y soltura con que nos manejamos en determinados momentos.

Sin embargo, hay un sólo engañado: el enmascarado que pretende cubrir su rostro para que no lleguen a su alma, donde lo que habita, es el más brutal de los sufrimientos. Por eso, uno debe enfrentarse a lo que le ha tocado. No se puede vivir para ocultar lo que está a la luz pública. Tan solo debe reconocerse que uno lo está confrontando y no detenerse a pensar en lo que los demás van a pensar. Por el contrario, uno debería declararse en emergencia y pedir ayuda a su instructor, que siempre estará en la disposición de escuchar y tendrá la solución al problema, haciendo que uno reflexione en sí mismo. No creamos que él no se ha dado cuenta de la máscara. Es más, él sabe de todas las mascaras y posturas que uno utiliza para impresionar y pretender ser, lo que sólo se aparenta en determinado momento. Sin embargo, él por discreción y para nuestra evolución, no dice nada, porque tiene que ser uno el que demande esa inmensa ayuda. A todos, por razones del buen karma, nos toca un determinado instructor, con toda la energía, coraje y conocimiento para hacernos comprender las cosas. Por eso, no sigamos engañándonos a nosotros mismos y permitamos que se nos ayude.

En una oportunidad en que me encontraba en la casa de la profesora Rugeles, le tocó hacer un cheque y todos comenzaron a exigirle que lo hiciera más rápidamente. Entonces ella dijo: “No puedo hacerlo más rápido, porque no tengo la misma ligereza de antes ya que estoy vieja. Si alguien me ayuda, o tan sólo espera con calma, lo podré escribir.” Esto me llamó mucho la atención, porque reconoció que no podía hacerlo como antes y hasta pidió ayuda, y dijo: “Uno tiene que aprender a demandar la ayuda de los demás”.

Por eso, ábrete al cambio. Comienza por admitir que si tú estás mal, no podrás ayudar a los tuyos, y mucho menos a tus discípulos, porque con esa actitud los alejas de ti. Recuerda que somos energía, y por consiguiente, comienzas a emanar esa vibración de falsedad que obstaculiza el buen fluir de la actividad de los grupos, generando como consecuencia que los estudiantes se alejen de tí, y en vez de tener grupos floridos, se transformarán en grupos desérticos.

Analiza bien tu situación y no sigas fingiendo lo que no eres. Acepta las cosas tal cual son. Si tu hijo es como tú no deseabas que fuera, tan sólo positivisa todo el bien que hay dentro de él, y no bloquees su evolución haciendo que viva y actúe como te parece a ti que debería hacerlo, o en el peor de los casos, ocupado de lo que la sociedad puede ver bien. No lo obligues a que haga lo que no está escrito para él, respétale su Plan Divino, no trates de castrarlo. Si tienes un discípulo que es creativo y desea hacer cosas beneficiosas para la expansión de la Luz, no lo coartes, no lo maltrates porque tiene ideas brillantes para la instrucción que a ti jamás se te hubieran ocurrido. No cometas ese crimen. Bríndale tu apoyo si es algo constructivo para la humanidad. No hagas como otros, que cuando ven un discípulo con disposición, por temor a que se destaque y su instructor se pueda fijar en él, inmediatamente comienzan a oponerse a que haga las cosas, asustándolo con el fulano tema de que si hace tal cosa va a perder la ascensión, o, si no, exigiéndoles a los estudiantes que le paguen los viajes a determinados sitios para recibir las enseñanzas, amedrentándolos con el viejo truco de que si no lo hacen, van a perder el sendero. No lo hagas, porque entre mar y cielo no hay nada oculto, y el Instructor Mayor le hará llegar esto a tu facilitador, y él se enterará y lo más seguro es que provocado por ti mismo, se desate uno de los más dolorosos sentimientos, como es quebrantar todo lo que con tanta seriedad y dedicación te ha enseñado, quedando al desnudo ante quien había depositado su confianza y amor hacia ti, como ha sido tu instructor.

No sigas con la máscara ante los demás; descubre el rostro, que no es otra cosa que ser tal cual, aceptando a los otros como son, sin etiquetas generadas por el temor a que sepan cómo vives realmente y cómo eres. Aflójate; deja esas posturas; nada de eso es de la Nueva Era. Ten en cuenta que la Era del Maestro Saint Germain es libertad: comienza siendo libre. Si tienes que reconocer que mentiste, acéptalo; si tienes que abrazar, abraza, y si tienes que reconocer que fallaste acéptalo. No te quedes como un mismo tonto rezagado, para que los otros vean que eres más fuerte que los demás. Si tienes que aprender, comprende y ponlo en práctica. Permítete la oportunidad de aprovechar cada momento. Suelta el formalismo que te has adjudicado para que vean que eres inalterable. Relájate, desbarata la postura que has mantenido hasta ahora, que tan sólo hace que te veas como un hombre de concreto a quien nada le afecta.

Comienza a desbaratar esas máscaras afirmando:

“YO SOY” LA PRESENCIA DIVINA DE DIOS QUE ME HACE LIBRE, SIN CUESTIONAMIENTOS, SIN MÁSCARAS. “YO SOY” ESA PRESENCIA VIVA EN MÍ, QUE MANIFIESTA MI VERDAD EN ESTE MOMENTO. MAGNA PRESENCIA DE DIOS EN MÍ, NO PERMITAS QUE NADA MENOR A LA REALIDAD DIVINA DE DIOS SE ACERQUE A MÍ. GRACIAS, PADRE, PORQUE ASÍ ES. AMÉN, AMÉN, AMÉN.

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