alasRecuerda siempre que Dios es alegría. Desconfía de aquellos lugares donde el anfitrión de reuniones espirituales es una persona lúgubre y triste, de aquella persona que intenta mostrarte el sendero de la espiritualidad mediante miedos, culpas o castigos. Esa no es la senda de la verdadera espiritualidad. Es una senda, pero no conduce a la verdad o la armonía, paz o bienaventuranza, sino a intereses egoístas que intentan condicionarte para tenerte en prisión de sus oscuros designios.

Donde reina el espíritu de la luz no hay motivo para atrapar a otros mediante el manejo la culpa, del miedo o el castigo. Donde reina el espíritu de la luz todo es armonía, felicidad y desapego. Los egoísmos no existen porque no pueden resistir el resplandor del alma y no tienen ya lugar donde cubrirse. Quedan expuestos a la verdad y ésta los aniquila para siempre.

Recuerda siempre que para que tus alas crezcan y aprendas a volar debes dirigir tus esfuerzos hacia la verdadera libertad, la que te da el alma que conoce el rostro inequívoco de Dios. Cientos de años de enseñanzas creadas bajo la especulación de intereses egoístas que hoy ya no pueden sustentarse demasiado han hecho de algo que debió haber sido un verdadero vuelo espiritual, un surco trazado en el piso, así que ¡deja de arrastrar tus energías por la tierra y levántate! ¡Levanta vuelo por la gracia de tu imaginación consiente y la fuerza de una voluntad orientada a la verdadera espiritualidad! No seas ya aquella antigua persona que se quejaba constantemente por no poder. Comienza a creer que puedes y podrás.

Nosotros somos energía. Cuerpo y alma son las dos caras de una misma moneda: el ser consiente. Cuando consideres esto como una verdad, empezarás a ver al mundo de una manera diferente, tus ojos se orientarán hacia otras realidades que actúan igualmente de eficaz manera en el mundo cotidiano.

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Imagina

Toma unos minutos de tu tiempo, relájate en silencio, cierra los ojos y visualízate en una situación diaria de tu vida. Puede ser caminando, paseando, trabajando o hablando con personas, imagina que desde la columna vertebral nacen dos alas con filamentos radiantes, blancos y suaves.

Respira suavemente. No pienses en nada. Deja que tu mente se relaje completamente. Tan solo respira, nada mas. Inhala y exhala, varias veces, sin esforzarte, sin sacrificios pulmonares, algo suave y natural.

Luego, quédate unos segundos con la mente en blanco, deja que los pensamientos pasen sin engancharte en ninguno de ellos. Inspira profundamente y levanta la manos, estira los brazos hacia los costados, con la palmas de las manos hacia arriba, lleva las manos hacia la nuca, con los dedos apuntando hacia la columna vertebral. Sostén esa posición hasta crear una zona de calor en las vertebras.

Estira tus brazos nuevamente, pero esta vez imaginando como se despliegan las energías desde las vertebras de tu columna. Imagina que son alas que se están desplegando. Visualízalas como radiantes alas blancas que se estiran. Hace tiempo que no las usabas, a lo mejor te costará un poquito, pero podrás, veras que podrás realmente.

Mueve tus brazos como si con su movimiento ayudaras a desplegar las alas de tu espíritu. Lentos movimientos que simulan un despliegue de energías.

Visualiza a tu alrededor un coro de ángeles que te observan y te dan ánimos para que logres tu tarea. Están felices de ver tus esfuerzos y hasta te ayudan estirando tus fibras energéticas que ahora van tomando forma de enormes alas blancas y doradas. Muévelas, agítalas varias veces y siente un rayo de luz sobre tu rostro que como premio a tus esfuerzos ilumina todo tu ser. Mueve tus alas y a cada movimiento ten la seguridad que tu columna vertebral recoge energías del universo y las guarda en esas baterías que forman tus vertebras. Alinea tus alas con tus brazos y muévelos en conjunto. Inspira profundamente y exhala de forma suave y pareja por la nariz. Al estirar los brazos hacia los costados, tus alas también se han estirado, ahora lleva tus manos hacia adelante y colócalas palma contra palma en acción de rezo. Tus nuevas alas te envuelven todo el cuerpo y te protegen. Abre los ojos y observa el entorno, ten por seguro que el poder de tu mente ha abierto canales por donde podrá surcar ahora tu alma, senderos luminosos de donde recoger una flor para regalársela a tus seres queridos, y en cada acto de tu vida pondrás un toque angelical.

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© Miguel Angel Arcel

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