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Felipe Paracelsus, médico, alquimista y erudito suizo-alemán que vivió de 1490 a 1541, fue un innovador de la medicina de su tiempo e intentó descubrir el elixir de la larga vida. Es interesante esta afirmación suya: "Ya sea el objeto de su fe verdadero o falso, los efectos obtenidos serán los mismos. Así, si yo tuviera fe en la estatua de San Pedro, como debería tenerla en el propio San Pedro en persona, obtendré los mismos resultados que habría obtenido de San Pedro. Pero esto es superstición. La fe, con todo, produce milagros; y ya sea falsa o verdadera, producirá siempre las mismas maravillas".

No es, por tanto, el objeto, o la religión, o la imagen, lo que produce los resultados: es la fe que usted tiene de que ese objeto, o esa religión, o esa frase, o esa oración, o esa imagen, producen el resultado que hará que eso acontezca.

La fe es una fuerza irresistible inmanente en usted; en el fondo es la propia Fuerza Divina existente en usted. Esta fuerza obra, no movida por aparatos exteriores, sino por su pensamiento. Recuerde que creer es aceptar su pensamiento como verdadero, ya sea de hecho verdadero o no.

Cuando usted cree en alguna cosa, su pensamiento se dirige sólo en esa dirección y entonces acciona el Poder Infinito, que está dentro de usted, y el Poder Infinito cumple.

Cuando usted envía una idea, en la cual cree, a su subconsciente, éste trata de cumplir.

Si usted cree que es nervioso, queda nervioso; si usted cree que es tranquilo, permanece tranquilo.

Frecuentemente las personas me preguntan si los trabajos de brujerías se pegan.

– Hicieron un "trabajo" contra mí y desde entonces todo me está saliendo mal.

– Enterraron mi fotografía en el cementerio y siento miedo. Ya perdí el empleo. Estoy despavorido.

– Tiraron un embrujo en la puerta de mi casa. Comencé a estar enfermo.

– Él me dijo que, si yo no volvía, no sería feliz. Mire, perdí a mi novio.

Otras personas me cuentan:

– Un día me dijeron que, si yo no hacía un "trabajo", no obtendría empleo. No creí en eso y, en seguida, tuve la oportunidad de un empleo formidable. Estoy óptimo, mejor que nunca.

– Yo tenía una vecina muy envidiosa, que sólo me deseaba desgracias. Ella hizo ciertos "trabajos" para quitarme el novio. Hice como usted me dijo: comencé a mentalizar todos los días que ella era maravillosa, hija de Dios, perfecta, le desee todo lo bueno, y la imagine amiga mía, sincera. Poco tiempo después ella comenzó a saludarme y nos volvimos grandes amigas.

Yo podría continuar citando muchos casos. Para unos el "trabajo se le pegó"; para otros hasta fue la razón de mayor éxito. Esto quiere decir que no es el "trabajo" el que provoca ésta o aquella situación, sino el pensamiento que usted crea en su mente en relación a ese tipo de cosas.

Nadie puede perjudicarle a usted, a no ser usted mismo. Ese tipo de cosas se pegan si usted CREE que resultan, no se pegan si usted CREE que no se pegan. ¿Me explico? En últimos análisis, todo comienza y termina en su mente.

Algún tiempo atrás vino a conversar conmigo un señor de cierta edad. Él tenía en la cabeza la creencia de que todo lo que era mal hecho se debía atribuir al demonio. Creía férreamente en el demonio y decía que las personas generalmente estaban endemoniadas, porque no siempre hacían el bien. Yo le dije que esta historia de demonios era superstición y le expliqué el significado de la palabra. Días después, él apareció desalentado y, desde la escalera me inquirió severo:

– Entonces, ¿usted no cree en los demonios?

– Depende –le respondí–. Lo que puedo afirmarle es que ese tipo de demonios que vivirían aquí en la tierra para tentar a la gente, para inducirnos al mal, no existen, porque sería ridículo atribuir una obra de ésas al Creador, que es Amor y Bondad.

– Entonces –respondió él, vehementemente– voy a mandarle una banda de demonios y usted verá.

Yo sonreí complaciente y le dije:

– Puede mandarme todos los demonios de Santa María, de Río Grande do Sul, del Brasil y del mundo entero. Mándelos a todos para acá, así el resto del mundo queda limpio.

Claro, yo no me preocupé por lo que él me dijo. Otra persona tal vez habría quedado perturbada y cualquier cosa negativa que hubiera acontecido la habría llevado a concluir: Vio, ya está sucediendo.

Vuelvo a recordar aquí a Shakespeare: "El bien y el mal no existen, es el pensamiento el que los crea".

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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