image

La vida es un amor

para quien tiene

un Amor en la vida.

Tiempo atrás encontré, en una hoja vieja y perdida, la narración de una leyenda hindú. Decía así: "Dios tomó la redondez de la luna y la ondulación de la serpiente; el entrelazamiento de la enredadera y el temblor de la hierba; la esbeltez de la caña y la frescura de la rosa; la ligereza de la hoja y el aterciopelado del melocotón; el mirar lánguido de la corza y la inconstancia de la brisa; el llanto de la nube y la alegría del sol; la timidez de la liebre y la vanidad del pavo real; la suavidad del plumaje que guarnece la garganta de los pájaros y la dulzura del diamante; el sabor dulce de la miel y la crueldad del tigre; el hielo de la nieve y el calor del fuego; el canto del gallo y el arrullo de la tórtola. Mezcló todo eso e hizo a la mujer. Ella era graciosa y seductora. Y, hallándola más bella que el ibis y la gacela, Dios, orgulloso de su obra, la admiró y se la dio como presente al hombre.

Ocho días después, el hombre, bastante confundido, buscó a Dios y le dijo: "Señor, la criatura que me ofreciste envenena mi existencia; habla sin cesar, se lamenta a propósito de todo, llora y se ríe al mismo tiempo, es inquieta, exigente y melindrosa; está siempre importunándome y no me deja un instante de sosiego. Te suplico, Señor, llámala de vuelta hacia ti, pues no puedo vivir con ella".

Y Dios, paternalmente, retomó a la mujer.

Pero, pasados ocho días, el hombre volvió a buscar a Dios: "Señor, mi vida es una soledad, desde que te restituí aquella criatura. Ella cantaba y danzaba frente a mí. ¡Qué suave expresión tenía ella cuando me miraba de lado, sin volver la cabeza. Ella jugaba conmigo! ¡Y no hay fruto más delicioso, de ningún árbol, que se compare con sus caricias! Te imploro que me la devuelvas. No puedo vivir sin ella".

Y Dios le devolvió la mujer.

Pasaron ocho días y Dios frunció el ceño, al ver surgir al hombre que empujaba a la mujer diciendo: "Señor, no sé cómo sucede esto, pero la verdad es que esta mujer me da más aborrecimiento que placer. ¡Quédate con ella, que yo no la quiero más!"

Ante tales palabras, el Señor le dijo: "Hombre, regresa a tu casa con tu compañera y aprende a soportarla. Si yo la aceptase de vuelta, de aquí a ocho días tú vendrías de nuevo a importunare para volver a tenerla. Ve y llévala contigo".

Y el hombre se retiró murmurando: "¡Qué infeliz soy! ¡Doblemente infeliz, porque no puedo vivir con ella y no puedo vivir sin ella!".

La historia de la leyenda se repite en muchas parejas. Nada hacen para cultivar el amor, el buen entendimiento, la paz, la armonía, la felicidad y quieren que todo ocurra como el maná caído del cielo. Peor aún, pasan el día cultivando amarguras, resentimiento, agresividades, faltas de respeto, insultos y quieren que de esas heridas dañinas nazcan rosas y violetas.

Si usted se unió por amor, ahí está la base de una vida llena de alegrías y de placer.

Habitúese a alimentar el amor, a cultivar el amor, a regar todos los días la plantita delicada, linda y perfumada del amor. Si así no lo hiciera, podrá cambiar de mujer o de hombre cien veces y la historia de la leyenda se repetirá en usted.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

Menú de cierre
error: Content is protected !!

Send this to a friend