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"Bienaventurados sois vosotros que lloráis, porque habréis de reír". Esta afirmación es de Jesús. Él admite la existencia de los momentos de dolor, pero quiere que el dolor se transforme en alegría.

El dolor es una señal que sirve para anunciar que alguna cosa no está bien en usted. El dolor es la sirena de la mente y del cuerpo. Después de emitido el aviso, su presencia es innecesaria. Es correcto y saludable, por tanto, querer que el dolor desaparezca.

Cierto día escuché a un conferencista hacer una verdadera apología del dolor; entendiéndolo necesario para que el hombre se purifique, se encuentre consigo mismo y se encuentre con Dios. Decía, además, que el dolor es el destino del hombre y que la vida está llena de dolor, del cual nadie escapa, porque la vida es así mismo. Aquel conferenciante llegó al punto de decir que "la grandeza del ser humano es reflexionar sobre su muerte y su dolor". El defendía la tesis de que la esencia de la vida es el dolor.

En el horario destinado a las preguntas sobre el tema, yo defendí el punto de vista de que la esencia de la vida es el amor y no el dolor; todo ser humano busca el amor, la paz, la alegría, el placer, la felicidad, la salud, el bienestar, y no el dolor. Si el ser humano busca esos dones es porque ellos le son debidos naturalmente; como el dolor es la antítesis de ese estado, el debe ser eliminado. Nuestra esencia es divina y en la divinidad no existe el dolor. El dolor se manifiesta por una contingencia errónea y nuestro esfuerzo es alcanzar un estado tan perfecto en el cual el dolor no exista.

Todos nosotros deseamos liberarnos del dolor; luego, no es una cosa buena ni es parte intrínseca de la criatura humana.

Si ahora usted llora, alégrese porque luego estará riendo y esa alegría será más intensa debido al contraste con la situación anterior. Así como después de la tempestad nacen los días más lindos, después del sufrimiento la alegría es más vivida y la vida es más valorizada.

En lugar de meditar sobre la muerte y sobre el dolor, medite sobre la Vida y sobre la alegría.

Aceptar la proposición de que el hombre debe sufrir para ser bueno y para acordarse de Dios es igual a que un padre o una madre desee que su hijo sufra y pase problemas en la vida para que se acuerde de ellos.

El origen del dolor puede ser físico o mental, pero siempre repercutirá en la mente. Elimine el dolor de su mente y el dolor dejará de existir.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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