Conversaciones con mi Ser Superior: Coleccionar Angustias
Por Jascha
jascha@despertardiv ino.cl

A veces coleccionamos nuestros miedos y angustias como si fuesen valiosas joyas que requieren ser cuidadas, las vamos hilvanando con historias como si fueran gemas y cada tanto las exhibimos casi con orgullo frente a nuestras amistades y seres queridos. Incluso hay quienes pueden citar las desgracias del conocido de algún conocido, cuando sienten que el calibre de sus colecciones no es lo suficientemente dramático como para impactar a su interlocutor.

La existencia es, sin duda, sorprendente. La sorpresa nos desafía, nos obliga al cambio y eso es algo que a la mayor parte de las personas no les agrada, al parecer preferimos terrenos conocidos, aún cuando no nos satisfagan, antes que enfrentar el temor que el cambio nos presenta.

El miedo tiene por objetivo movilizarnos, sino sintiésemos miedo, entonces correríamos riesgos innecesarios y nos paralizaríamos ante la amenaza, el miedo en si no tiene nada de malo, muy por el contrario es tremendamente adrenalínico y es por ello que algunas personas incluso se hacen adictos al miedo.

El miedo requiere un estímulo y genera una reacción, nos llenamos de poder cuando enfrentamos una amenaza, aumenta nuestra fuerza física, se agudizan nuestros sentidos, la mente funciona como un rayo en pleno tiempo presente atenta a un sólo objetivo: idear una estrategia para defendernos o encontrar la mejor forma de huir. Hasta ahí el miedo es útil y necesario.
¿Pero qué sucede cuando una vez terminado el estímulo nos apegamos al miedo y decidimos hacerlo parte de nuestras vidas? Entonces, el miedo se transforma en angustia y todos sus efectos positivos se desvanecen, la angustia es como un parásito que se alimenta de nuestra energía, es como un enorme ente energético que se instala a nuestras espaldas succionándonos fuerzas, claridad, ganas de vivir y ánimo para ser felices.

Pocos disfrutan de las situaciones límites que la existencia, aún a nuestro pesar, nos brinda. Pero al parecer hay varios que ganan algo con ellas, es el pretexto preciso para sacar a pasear las carencias, dolores, ansiedades, inquietudes que tanto intentamos controlar y ocultar, incluso ante nuestros propios ojos.

Queda en evidencia nuestra fragilidad, no la vulnerabilidad intrínseca a la experiencia de estar vivos conlleva, sino la fragilidad que es consecuencia de las débiles bases en las que nuestro cuerpo emocional se sustenta.

Entonces, ¿qué hacer cuando nuestra ansiedad se dispara? Lo primero y fundamental, reconocer el estado en que nos encontramos. Lo segundo, dedicarnos con amorosa mirada a observarnos y observar nuestras creaciones sin juzgarlas ni sobredimensionarlas . Aunque suene contradictorio, podemos experimentar angustia y permanecer al mismo tiempo en nuestro centro llenos de calma. Aprender a distinguir al que siente una emoción versus el que observa a quien experimenta una emoción, le puede brindar a la experiencia un cariz completamente nuevo y estimulante.

Sígueme en Facebook

No olvidemos que somos seres divinos teniendo una experiencia terrena, no confundamos al observador con su creación. La próxima vez que una emoción que no te agrada se apodere de ti, envíale amor y espera con paciencia que se desvanezca, te aseguro que es pura ilusión…..

Menú de cierre

Send this to a friend