Cuando le gritas a un niño le haces daño a su cerebro

Queremos lo mejor para nuestros hijos. Es por eso que tantos padres luchan con las opciones de crianza. Y sólo somos humanos, después de todo.

Es normal frustrarse con los hijos, especialmente si se portan mal. Pero la forma en que expresas esta frustración y enfrentas la situación puede tener importantes implicaciones en el desarrollo de su personalidad y su salud a largo plazo.

De hecho, las duras medidas disciplinarias de los padres, como los gritos, pueden tener un impacto en los niños aún mayor del que se creía. Continúe leyendo para saber qué estudios clínicos han encontrado sobre los efectos a largo plazo que los gritos pueden tener en los niños.

1. Gritar hace que sus problemas de comportamiento empeoren

Podrías pensar que gritarle a tus hijos puede resolver un problema en el momento o puede evitar que se comporten mal en el futuro. Pero las investigaciones muestran que podría estar creando más problemas a largo plazo. Gritar puede empeorar aún más el comportamiento de su hijo. Lo que significa que tienes que gritar más para tratar de corregirlo. Y el ciclo continúa.

Un estudio sobre las relaciones entre padres e hijos demostró que esto es así en muchas familias. En el estudio, los niños de 13 años a los que sus padres les gritaron reaccionaron aumentando sus niveles de mal comportamiento durante el año siguiente.

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Y si crees que importa cuál de los padres está disciplinando, no lo hace. Otro estudio de la Fuente Confiable encontró que no hay diferencia si la disciplina dura viene del padre o de la madre. El resultado es el mismo: los problemas de comportamiento empeoran.

Aprenda más sobre los efectos a largo plazo del abuso emocional infantil »

2. Gritar cambia la forma en que se desarrolla su cerebro

Los gritos y otras técnicas de crianza severas pueden cambiar literalmente la forma en que se desarrolla el cerebro de su hijo. Eso se debe a que los humanos procesan la información y los eventos negativos más rápida y minuciosamente que los buenos.

Un estudio de Trusted Source comparó las resonancias magnéticas cerebrales de personas con antecedentes de abuso verbal por parte de los padres en la infancia con las de personas sin antecedentes de abuso. Encontraron una diferencia física notable en las partes del cerebro responsables de procesar los sonidos y el lenguaje.

3. Gritar puede llevar a la depresión

Además de que los niños se sienten heridos, asustados o tristes cuando sus padres les gritan, el abuso verbal tiene la capacidad de causar problemas psicológicos más profundos que se prolongan hasta la edad adulta.

En el estudio que registró el aumento de los problemas de comportamiento de los niños de 13 años a los que se les gritó, los investigadores también encontraron un aumento de los síntomas depresivos. Muchos otros estudios también muestran una conexión entre el abuso emocional y la depresión o la ansiedad. Estos tipos de síntomas pueden llevar a un empeoramiento del comportamiento e incluso pueden convertirse en acciones autodestructivas, como el uso de drogas o un aumento de la actividad sexual de riesgo.

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4. Gritar tiene efectos en la salud física

Las experiencias que tenemos al crecer nos moldean de muchas maneras, algunas de las cuales puede que ni siquiera nos demos cuenta. El estrés en la infancia de un padre que abusa verbalmente puede aumentar el riesgo de que un niño tenga ciertos problemas de salud en la edad adulta. ResearchTrusted Source nos dice que experimentar estrés en la infancia puede tener efectos a largo plazo en la salud física.

5. Los gritos pueden causar dolor crónico

Un estudio reciente descubrió un vínculo entre las experiencias negativas de la infancia, incluidos los abusos verbales y de otro tipo, y el posterior desarrollo de dolorosas afecciones crónicas. Las condiciones incluían artritis, fuertes dolores de cabeza, problemas de espalda y cuello, y otros dolores crónicos.

Nunca es demasiado tarde para hacer un cambio en el comportamiento de los padres o aprender nuevas técnicas. Si notas que gritas mucho o pierdes los estribos, pide ayuda. Un terapeuta o incluso otro padre puede ayudarte a superar algunos de esos sentimientos y a desarrollar un plan para lidiar con ellos de una manera más saludable.

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