LA REALIDAD DEL UNIVERSO

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Mensaje 4

Tu pregunta no es fácilmente contestable porque envuelve muchas situaciones; ahí ya será diferente porque allá, en lugar de espermatozoides, seremos células frente a los universos que siguen en tamaño a este, es decir, seres más evolucionados.

El principal problema que se presenta a quien desee saber de esto, es la falta de un banco de datos previo, necesario para comprenderlo.

Verás:

De conformidad con la ciencia tradicional, se sabe genéricamente que la unidad de medida de todo cuanto existe lo es el átomo.

A esta teoría se opone la propia ciencia, que en un sentido más avanzado, ha detectado desde hace muchísimo tiempo cuerpos más pequeños que el referido átomo.

Esto es así porque al estudiar más detenidamente a tales cuerpecitos los científicos se han percatado de que los tales están constituidos por micras, partículas subatómicas o como quieran llamarles, que al final de cuentas están a su vez constituidas por átomos más pequeñitos, es decir, las partículas, entendidas como parte de un todo mayor, por ejemplo un electrón, que es en sí parte de un átomo, está conformado también por átomos, aunque pequeñísimos.

Como es bien sabido, el átomo comúnmente conocido, siendo uno, está formado a su vez por varios componentes, que se ha dado en denominar como protones, electrones, neutrones, neutrinos, etc., como sucede con una familia, en que siendo una, está conformada por varios componentes, padre, madre, hijos, abuelos, etc.

Estos componentes son a su vez seres individuales, que son, están y existen en su dimensión y espacio de existencia, y que hacen lo que deben hacer, que viven a su manera, y quienes ignoran que todos juntos crean un cuerpo más grande, llamado como he dicho:

Átomo.

Tenemos así, pues, que el átomo, tomado ya en conjunto con todos sus componentes, considerado como “un ser individual”, está conformado por la presencia e interacción de otros elementos.

Pero con todo, es sorprendente saber que el propio núcleo del átomo se integra también de la agrupación de lo que para diferenciarlo y entenderlo mejor le denominaré como “atomitos” por ser más chiquitos”.

Dichos atomitos ignoran que con el hecho de estar juntos y de convivir unidos originan ese cuerpo mayor llamado núcleo por la ciencia, ya que se limitan a vivir en el lugar y bajo las condiciones propias de su hábitat, de forma que si algo o alguien les pudiera indicar que conviviendo todos juntos están creando, sin proponérselo ni advertirlo, a un ser individual, para ellos gigantesco, llamado núcleo, no lo creerían, pues todo lo que podrían captar sería solamente la presencia de ellos mismos, de los otros átomos y del mundo en el que juntos crean y habitan.

Por su parte, el núcleo es todo un ente existencial individual, pero de igual manera, no creería que está conformado por seres más pequeños que él y que incluso a su vez lo habitan a él, ya que es un ser individual que vive y se agita como un ser único, y que por lo mismo “siente” con una cierta “conciencia” de unicidad, quien simplemente se limita a existir y a desempeñar la actividad propia de un núcleo.

De esta forma, un núcleo se “comunica” con sus iguales, los otros núcleos de los otros átomos, y “socializa” y “platica” de cosas propias de núcleos, a la vez que los atomitos que lo conforman “platican” con los demás atomitos contenidos en el propio núcleo, y mientras que el núcleo solo “ve” los núcleos de otros átomos, los atomitos que lo conforman “ven” solo a los demás atomitos que viven en él, y que conforman el referido núcleo, sin advertir los unos la presencia de los otros, en forma semejante a cuando una persona va caminando por la calle y ve que un grupo de personas se acercan o se alejan del lugar en donde se encuentra, sin advertir debajo suyo a las hormigas ni a los insectos, rastreros o voladores, ni a otros seres, ni las nubes, los planetas, las galaxias, etc., pues cada uno tiende a ver a su cada cual.

A su vez, los núcleos para nada prestan atención a los electrones que giran en torno a ellos, éstos últimos los cuales de igual manera están constituidos por atomitos, cuyos electrones son cuerpos proporcionales al tamaño del núcleo que gravitan, con otro sistema de vida, con “otros intereses”, de carga eléctrica distinta, ya que cada electrón vibra de forma diferente, dependiendo del número y carga de sus propios componentes, a quienes a su vez tampoco les llama la atención, ni les interesa la existencia del núcleo de mención, ya que el uno y los otros tienen distintas formas de vida y “hablan distintos idiomas”, de suerte que los electrones de un átomo “se comunican” con los otros electrones de ese mismo átomo, así como también con los electrones de los otros átomos próximos a ellos a medida que en su orbitar se van encontrando, sin prestar atención a la presencia de este y los otros núcleos, dada la diferencia de tamaños, de cargas eléctricas y de los lugares que cada uno ocupa en sus respectivas dimensiones y circunvalaciones.

No obstante, si consideráramos a cada átomo como un ser individual, haciendo caso omiso de que está conformado por protones, neutrones, núcleos, electrones, y estos a su vez, constituidos por atomitos, tendríamos que los átomos solo podrían percibir la existencia de otros átomos, así que todo cuanto pudiesen captar sería para ellos una continuidad de tiempo y espacio interminable constituido sólo de átomos.

Sin embargo, esa continuidad tiene un límite conformado por una línea fronteriza o divisoria que ocasiona que grupos de átomos vivan dentro de campos específicos de mayor tamaño, cuyos campos los contienen, por ejemplo, una molécula.

Los límites de esos campos o grupos de átomos ocasionan fronteras de existencia, es decir, su frontera sería el cuerpo de una molécula, compuesta de átomos, de la misma forma que muchas moléculas generan entre todas a su vez una célula, en forma semejante a como ocurre con un mapa terráqueo que determina la existencia de estados diversos constituidos por ciudades y personas, que juntos con todo y sus fronteras inter estatales y sus gentes integran un país, que todos unidos generan a su vez un continente, porque esa línea que bordea a cada uno de ellos, es en realidad el límite de un cuerpo más grande.

A su vez, dicha molécula siendo otro ser individual más grande que el átomo de mención, no tiene conciencia de que está conformada por otros seres más pequeños que ella pero mayores que los referidos átomos, y se considera a sí misma como un ser individual, con una vida propia, y con las actividades y preocupaciones relativas o inherentes a una molécula y a su mundo.

De la misma forma, esta solo detecta y capta la presencia de las moléculas vecinas, y es con ellas con quienes “socializa”, de igual a igual, pero ocurre que mientras esto pasa, a la misma vez los átomos que la conforman solo perciben el mundo interminable de los átomos que las constituyen, pues no perciben la existencia de la molécula ni la de la línea que delimita a una molécula de otra, como de la misma manera, los atomitos tampoco perciben a los núcleos que unidos conforman, de manera que a la vez, de nueva cuenta, se relacionan moléculas con moléculas, átomos con átomos, núcleos con núcleos, atomitos con atomitos, situación que ocurre en forma simultánea pero diferida, sin advertir los unos la presencia, la existencia ni la actividad de las otras y viceversa, ya que corresponden a dimensiones distintas, de forma tal que unos y otra viven cada uno su propio ciclo y tipo de existencia en su particular mundo, que es en sí su dimensión, respectivamente, los unos mucho mas chiquitos en tamaño y cortos en duración; las otras mucho más grandes en tamaño y muchísimo más largo su ciclo de vida, pues durante el tiempo de existencia de una molécula, miles y millones de átomos nacen, crecen, se reproducen y mueren, mientras que esta no advierte que eso está pasando.

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