En este momento, me centro en Dios. Nada puede perturbar la paz de mi alma. Envuelvo a mis seres queridos en pensamientos de paz y seguridad, consciente de que Dios provee para ellos.

Asumo responsabilidad por mi seguridad física al estar consciente de mis alrededores y no tomar riesgos innecesarios. Receptivo a la sabiduría de Dios permito que esta inteligencia infinita me guíe y proteja. También veo la guía divina como una presencia moradora en todos por quienes oro. En momentos de reto, mi primera oración puede ser “Ayúdame, Dios mío”. Mi próxima oración es “Gracias, Dios”. Estas pocas palabras son todo lo que necesito para establecer paz de mente y corazón.

Tengo confianza, no temo. El Señor es mi refugio y mi fuerza. —Isaías 12:2 (Versión Popular)

cherylholt / Pixabay
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