Ayer me preguntaste con algo de miedo en la mirada: “¿Crees que esto dure para toda la vida?“. Y mi respuesta fue clara: “No lo sé… ¿Tú quieres que dure toda la vida?”; y dijiste con una sonrisa nerviosa, pero alegría en el corazón: “¡Sí!“… Te miré con esperanza y contesté: “Yo no lo sé. No puedo ver el futuro. No puedo prometerte algo para siempre porque ni siquiera sé qué pasará mañana. Lo que sí puedo hacer, es comprometerme cada día a dar mi mayor esfuerzo para que esto funcione. A decidir amarte y dar lo mejor de mí. ¿Cuánto durará? No lo sé. No puedo ver el futuro, pero si tú quieres que dure siempre y ambos nos esforzamos igual, tal vez sí dure toda la vida”

Y es que esa idea del Amor Eterno y Mágico que nos meten por los ojos y los oídos desde que llegamos a este mundo, es eso: una hermosa idea. Pero para que las ideas se cristalicen en realidades, hace falta un proceso en varias fases.

Fase uno:

Vivir como individuos. Desarrollarnos, conocernos, ser felices con nosotros mismos, conocer personas, tener amigos, formar redes sociales a nuestro alrededor donde existan diversidad de personas y podamos generar así, una red de soporte para nuestros años adultos.

Fase Dos:

Tener por lo menos, una relación sentimental en cada etapa de nuestro crecimiento. Un Amor Infantil, un Amor adolescente; un amor de juventud y por lo menos dos relaciones en la adultez; sólo de esta forma iremos comprendiendo que el amor tiene facetas, distintas formas de manifestarse, diferentes maneras de vivirse, cantidades de falsos nombres e infinidad de características agregadas por las personas que en realidad no son para nada amor.

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Fase Tres:

Sentir que nuestro corazón se ha roto de amor por lo menos una vez. Porque de esa manera, aprenderemos a ser generosos con el ser que hemos decidido amar. Sabremos lo que se siente cuando hay dolor en nuestro pecho. Cuando otra persona no nos respeta, cuando otro no valora lo que se va construyendo cada día y cuándo es momento de dejar ir o de hacer un alto en el camino, hacer ajustes y continuar.

amor

Fase Cuatro:

Haber disfrutado la vida como solter@, haber viajado, haber compartido con grandes amig@s momentos de intimidad, de desencuentro, de alejamientos, de despedidas, de recepciones, de llegadas, de vacaciones, de fiestas, de graduaciones, de salidas por la noche y algunos excesos de juventud; campamentos y lunadas… es decir, tener una vida más allá de la pareja del momento. Aprender que en este mundo, la vida está compuesta por miles de experiencias y cientos de afectos, no sólo de una persona y un sólo sentir.

Fase Cinco:

Haber entendido que nuestra familia nuclear es la base de nuestra formación, el origen de quienes somos y lo que vivimos y aprendimos dentro de ella, ha formado nuestro carácter y dejado huella en nuestro corazón. Pero hay otras miles de formas de decidir vivir nuestra vida y no necesariamente debemos repetir los patrones de conducta aprendidos en casa. Si nuestros padres tenían una pésima relación, no significa que nosotr@s debamos tener una igual. Si para ellos la vida era pelear y reconciliarse; ser distantes; antisociales o poco expresivos entre ellos; no significa que nuestra vida en pareja deba ser igual. Tampoco que debamos vivir la vida como nuestros padres creen que debemos hacerlo. Nuestra vida es nuestra y única, vivámosla como nosotros lo hayamos decidido.

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Fase Seis:

Tener un Plan de Vida propio, en el cual, tengamos claro hacia dónde queremos encaminar nuestros pasos como personas, como pareja y como familia. Sólo de esa forma podremos tener una relación productiva, compartida y que parte de la libertad.

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Fase Siete:

Haber desarrollado por lo menos un Hobbie. Una actividad que nos de placer sin requerir que alguien más la comparta con nosotros. Ese espacio personal en el cual, podamos encontrarnos con nosotros mismos, desarrollar nuestra creatividad, respirar profundamente y divertirnos. Actividades a la que tal vez alguien más pueda unirse, pero no necesariamente.

Fase Ocho:

Tener espiritualidad. Hay momentos en la vida en la cual hay baches, pasan cosas feas, se viven momentos amargos de muchísima tristeza, dolor, ansiedad. Hay momentos difíciles… y sí, muchas veces son etapas que se viven en soledad. Un Espíritu fortalecido, es capaz de sostenerse, mantenerse y salir aun más fortalecido de la prueba. Un Espíritu débil, simplemente se aferrará a cualquier persona o situación y no crecerá ni desarrollará sus capacidades. No tendrá las herramientas para ser feliz, ni para formar parejas estables.

Fase Nueve:

Conocer y Reconocer el Amor. No confundirlo con enamoramiento, con “sentir bonito”; con el placer, ni con la felicidad de un momento. Sino saber que el Amor es Compromiso, Cuidado, Conocimiento y Responsabilidad. Saber que si existen esas cuatro condiciones en una relación, entonces hay mayores posibilidades de que un Amor dure para toda la vida, más allá de la historia de película o telenovela que nos hayan querido contar como que esa es la verdad.

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