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11:11 Contribuyamos a conseguir la PAZ

Estaría bien que todos nos dedicáramos unos minutos al día a pensar en lo que somos, en quienes somos, en qué creemos verdaderamente, en comprobar si realmente creemos también en nosotros mismos o si nos hemos hecho tan sumamente cómodos que queremos que los demás nos resuelvan el enigma y nos digan cuál es la verdad absoluta, cuál es el camino a seguir.

Esperamos ver señales en todo lo que nos rodea, porque alguien nos habló de ellas y es bueno creer que existen, pero no esperemos que si se le cae a alguien un bolígrafo delante de nosotros, eso quiere decir que hoy es el día de escribir una carta o que vamos a convertirnos en escritores de élite. Antes de todo eso deberíamos aprender a discernir lo que son las verdaderas señales del universo.

Una gran mayoría dedicamos gran parte de nuestro tiempo a leer libros, artículos, folletines o frases que nos hagan sentir mejor; buscamos por diferentes caminos esperando encontrar algo que nos haga ser mejor personas, y eso está bien, está muy bien. Sin embargo…

De pronto, de unos años para acá, todo el mundo habla del año 2012 y muy pocos saben lo que dicen, unos por falta de información y los que creen haberse informado porque existen millones de teorías y aún hoy, 14 de septiembre de 2012, siguen sin saber cuál de esas informaciones que han llegado a sus manos es la correcta.

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Se habla de un cambio universal, y eso es bueno, ese cambio lleva años dándose, no es algo actual que va a ocurrir de la noche a la mañana. Se habla de cambios de conciencia, cósmicos, de grandes reuniones en masa de gente que espera con ello aportar nuestro granito de arena a conseguir la paz mundial. ¿Pero qué pasa con los que nunca han oído hablar de todas estas cosas, acaso ellos no tienen nada que ver con ese resurgimiento de las almas, acaso ellos no tienen derecho a vivir esos cambios en su interior o acaso creemos que por ignorancia esas personas no contribuyen con sus grandes y bondadosos corazones, que seguro que muchos tienen, a la paz mundial?¿Quién nos ha dicho que las nuevas teorías espirituales son la verdad absoluta y que los que creen en el Dios que les han enseñado toda la vida están equivocados?

Preguntémosle a nuestro corazón qué camino debemos tomar. Tengamos la libertad de elegir el nuestro, que no tiene porqué basarse en las teorías de una sola persona o de un solo movimiento, unamos todo lo que hemos aprendido hasta aquí con lo que aprenderemos de ahora en adelante y que todo ello nos lleve a ser más bondadosos, a querer más a los que nos rodean, a ser tolerantes con sus propias creencias y a aprender de ellas, hagamos el esfuerzo de entenderlos, de perdonarlos, de amarlos y de amarnos a nosotros mismos sin caer en el error de pensar que somos lo único importante en esta vida. Todos somos importantes. Ciertamente, si aprendemos a aceptarnos como somos y a querernos a nosotros mismos, seremos más felices y duplicaremos, triplicaremos nuestra autoestima, que es muy importante en el mundo en que vivimos. Esa seguridad en nosotros mismos es primordial, pero no por ello dejemos de pensar que todo lo que nos rodea es menos substancial. Todo es vida, todos somos vida, y todos somos uno. Es importante, por tanto, ayudarnos unos a otros, porque por mucho que nos queramos a nosotros mismos, a veces no podemos solos. No todos somos santos ni místicos. Somos humanos, esa es nuestra condición hoy, mañana ya veremos, ya lo sabremos, no tengamos tanta prisa, por tanto, no nos agobiemos intentando ser algo que no somos. Disfrutemos de nuestra humanidad, perfecta o imperfecta. Tengamos el valor de equivocarnos, de pedir perdón, de caernos y de levantarnos. Y tengamos también el valor de intentar cumplir nuestros sueños aquí y ahora, que es donde estamos en este momento. No maltratemos a los animales, las plantas ni a nuestros semejantes. No es tan difícil ser amables con los demás, de veras que no. Si supiéramos las vidas que se esconden detrás de cada uno de nosotros, seguramente nos sería más fácil comprender y perdonar, pero como no las conocemos, intentemos vivir y hacer el bien sin juzgar, que no es poco.

Si no estamos dispuestos ni siquiera a perdonar a los demás cuando se equivocan, o cuando creemos que se equivocan aunque los errados seamos nosotros, no esperemos que algún día haya paz en el mundo por mucho que nos concentremos. La paz empieza con ese compromiso dentro de nosotros y con todos los que nos rodean.

 

Pero si no somos capaces ni de convivir con nuestros propios vecinos o amigos, si no tenemos cabida para dar a la palabra “amistad” el valor que se merece, no pidamos milagros imposibles. La paz sólo depende de nosotros.

Os deseo mucha paz a todos. Espero poder contribuir humildemente a ello.

Autor anónimo.

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