La alquimia del despertar espiritual

La gente utiliza la palabra “alquimia” como metáfora para referirse a la realización consciente de cambios dimensionales que modifican nuestras vidas tanto mental como físicamente.


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La inercia es lo mismo que decidir no cambiar. Si no cambiamos, algunos dicen que estamos “muertos”. La vida es mucho más que hacer lo que es fácil, y todo el mundo tiene el poder de hacer grandes cambios que le ayuden a mejorar.

Cuando aprecias las posibilidades y valoras el potencial más que el statu quo, puedes pasar de la cautelosa incertidumbre ante el cambio a la intimidad y a una comprensión más profunda de las cosas.

La alquimia consiste en hacer cambios fundamentales. Cuando una persona sabe con certeza que necesita o desea un cambio, toma inmediatamente la decisión de cambiar. Tomar una decisión te da libertad y la oportunidad de empezar de nuevo.

Estos momentos de “adiós” son poderosos, sobre todo cuando afectan a partes importantes de nuestra vida como el trabajo, las relaciones y el lugar donde vivimos. A menudo, son puntos de inflexión.

Necesitamos una visión clara de lo que queremos cambiar y la intención de hacer todo lo que esté en nuestras manos para conseguirlo, incluso pedir ayuda y esperar que funcione. También necesitamos responsabilizarnos de todo lo que causan nuestras acciones y tener una profunda comprensión de nosotros mismos y de los demás.

Decir “Sí” a la vida implica estar dispuesto a dejarse llevar y dar un gran paso hacia lo desconocido, confiando en el proceso y sabiendo que todo irá bien pase lo que pase.

La etapa de Saturno

Una parte de nosotros está inactiva, muerta, pesada como el plomo e incapaz de recibir o enviar luz. Esta parte es la que nos impide ser felices y honestos. Nos lleva a situaciones que no son buenas para nosotros, en las que el placer sustituye a la alegría, el sentimentalismo al amor y el engaño oculta la verdad.

Para descubrir esta parte de nosotros mismos y averiguar cómo tratarla, tenemos que centrarnos en nosotros mismos y pensar profundamente en nuestros defectos. Pensamos en las cosas de la vida que nos entristecen o disgustan, las cosas que nos mantienen atrapados en situaciones infelices e insatisfactorias.

Nuestro trabajo consiste en descubrir qué es lo que falla y ser sinceros al respecto. Ésta es la etapa de Saturno del proceso alquímico. También se conoce como la “noche oscura de la mente” porque es el momento en el que llegamos a conclusiones incómodas sobre quiénes somos.

La fase de la Luna

Tras esta profunda comprensión de nosotros mismos, buscamos formas alternativas de ser. Estamos descontentos con lo que somos y con lo que tenemos en la vida, así que queremos cambiar. Hasta que no encontramos un camino a seguir, nos sentimos perdidos y confusos. Encontramos una profundidad en el corazón que antes estaba oculta, una luz que se vuelve clara y fuerte cuando preguntamos por ella.

A medida que avanzamos hacia esa luz, descubrimos cada vez más cosas sobre nosotros mismos. Hay remembranza, un reconocimiento de la vieja sabiduría que ha estado olvidada durante mucho tiempo pero que todavía se siente tan nueva y segura como el amanecer. Nos elevamos a medida que nos acercamos más y más a entregarlo todo a la luz.

A medida que practicamos cada día, alcanzamos un nivel elevado en el que ya no nos importan las cosas mundanas, sino que lo sabemos todo sobre el alma-yo, incluidas sus cualidades y quién es. En cierto modo, esto es como la Luna, porque nos convertimos en el reflejo de cualquier luz que podamos dejar entrar.

Pero antes de alcanzar la plena conciencia, tenemos que pasar por el doloroso proceso de deshacernos de todos los venenos de la mente. Durante la “noche oscura del alma”, tenemos miedo de perdernos a nosotros mismos. Olvidamos quiénes somos, e incluso podemos olvidar el nombre que utilizamos para llamar a nuestro yo egoico. Estamos tan perdidos que olvidamos quiénes somos. El miedo es el peor sentimiento de todos, y cuando tenemos miedo, nos agarramos a cualquier cosa que podamos. Así, aprendemos que sólo la luz, que es nuestra verdadera naturaleza anímica, puede sobrevivir a la oscuridad.

Etapa Solar

Con ésta como nuestra propia visión de la realidad, podemos avanzar más hacia la luz, más allá de lo que es personal, y hacia el Espíritu puro. El alma y el espíritu se unen en un matrimonio sagrado. Esta “conjunción” es el logro más elevado, una limpieza completa del yo.

El descenso a la vida requiere que “arreglemos” nuestro ego creando una identidad estable, una personalidad en evolución y una fuerte afirmación para sostener nuestra nueva actitud vital contra cualquier impulso de volver a los viejos patrones de hábitos y comportamiento inconsciente.

La última etapa, la Conciencia de Caballero, consiste en vivir una vida práctica y bien administrada, pero también con un sentido de la dignidad, un propósito noble y la aristocracia del alma. Nuestro reto es ser conscientes de los límites de los demás y, al mismo tiempo, mantener nuestro propio nivel elevado de despertar espiritual con el corazón abierto.

El proceso de alquimia puede ser algo puntual, como un retiro espiritual dirigido por un guía que podría tener lugar cada año. Pero el proceso también puede verse como un reflejo del viaje vital del buscador, en el que cada etapa se muestra a través de los acontecimientos y de nuestro crecimiento espiritual.