Sólo hay dos maneras de vivir tu vida: Una es como si nada fuera un milagro. La otra, como si todo lo fuese

“Sólo hay dos maneras de vivir tu vida: Una es como si nada fuera un milagro. La otra, como si todo lo fuese”.

Albert Einstein

La historia que vuelvo a compartir hoy, la escribí hace dos años. Recuerdo perfectamente todo ese día. Hoy entiendo más cosas que aquel día. Hoy soy consciente de que, como dice Einstein, uno decide cómo vivir su vida y qué creer de ella. Hoy sigo dando fe de la existencia de pequeños y grandes milagros.

El familiar en cuestión del que hablo en esta historia, hoy es una sobreviviente al cáncer; una mujer más radiante y más viva que nunca. Con esto, no quiero decir que su sanación dependió de lo que aquí escribo; pero tengo la certeza de que no fue ninguna casualidad, de que en algo contribuyó.

Para Gloria, con Amor.
21 de Enero del 2014
Quiero compartir algo que me sucedió desde ayer por la noche, hasta todo el día de hoy (que no dejé de recibir sorpresas muy agradables).

A pesar de que alguna que otra persona me ha dicho que no es del todo sano comentar o compartir este tipo de situaciones; la verdad es que hoy en la mañana publiqué una foto con un mensaje que “me llegó” (canalizado) e inmediatamente lo eliminé porque sí, pensé: “Pensarán que estoy loca; o que yo qué”, y esos largos etcéteras… Muchas veces, tanto el ego funciona para hacernos sentir menos como a veces para hacernos sentir más (y, en ninguno de los dos casos, es bueno).

Me animo a contar lo que pasó, porque siempre he pensado que uno no debe vanagloriarse con sucesos extraordinarios o con los regalos que Dios/la Vida/el Universo nos han dado; cuando estos se comparten para bien de alguien más o porque pueden servir de algo a alguien más, no existe necesidad de vanagloria alguna.
Comparto aquí la foto del “Mensaje” que escribí en la mañana; con la foto de una vela y lo que surgió de ésta (que simula una rosa con un tallo como en forma de escalera).
Después de escribir eso; esto fue lo que pasó…

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Desde muy temprano en la madrugada me desperté con una inquietud; me dolían cabeza y estómago sin alguna razón lógica aparente… Conforme fue pasando el día, tenía la “espinita” de indagar el significado de lo que había surgido de la vela (que no es la primera vez; en su momento, con otra situación de mi sobrino, se formaban Ángeles), y sobretodo, me causaba intriga el mensaje que de alguna manera había “escuchado” o sentido que necesitaba compartir (con respecto al cáncer); a mitad de mañana, le platiqué a mi guía espiritual -quien tiene un don tremendo con los Ángeles-, y al mostrarle la rosa, me dijo que sin duda alguna eso era/sería un Milagro (la forma del tallo, simulando una escalera era como la Esperanza que se debe tener hasta llegar a presenciar el Milagro tan hermoso como lo es una Rosa en todo su esplendor); y entre risas, me dijo, “aunque suene tonto, pero ahora sí que es como la Rosa de Guadalupe”; eso, junto con el mensaje… Es que vas a ayudar a sanar a una persona que tiene o que va a tener cáncer; y tú vas a sentir o saber a quién le debes regalar esa Rosa.
En fin… La verdad es que me quedé entre sorprendida, entre con ganas de llorar, entre confundida, y casi que en las mismas, pues no tenía idea de cuál era el punto (aunque posiblemente era evidente, ¿No?).

Obviamente, no le conté a nadie más -digo, todavía me mueve eso de que pensarán que estoy más loca que cuerda, y pues sí-. En un rato que tuvimos mi madre y yo, entre pláticas me comenzó a contar sobre un familiar cercano a quien le acababan de detectar cáncer. Sentí como si me hubiera caído un balde de agua hirviendo; las manos calientes y en el pecho unas palpitaciones inusuales.

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Por supuesto pensé: “Qué rápidos son para contestar mis preguntas!”. Y comencé a contarle a mi mamá mi extraña y casi secreta experiencia.

espiritual
TusitaStudio / Pixabay

Definitivamente Dios se vale de muchos medios para ayudarnos a cumplir la Misión o misiones que nos corresponden.

Hace un par de minutos, acabo de entregar esa Rosa a nuestro familiar, con todo el Amor de mi corazón; como una bendición o como un milagro; y dispuesta a ayudarle en lo que mis manos o mis palabras puedan servir.

Y hablo con tal certeza sobre los milagros, porque he presenciado no uno, ni dos, ni tres… Sino muchos a lo largo de mi vida; no sólo para mí, o para mi familia, sino para personas que, de ser conocidas, se han convertido en mis amigos o seres queridos. Y sé y creo, totalmente, que cada persona tenemos una correlación importante en la vida de otra persona. No hay casualidades, no hay errores, no hay coincidencias. Todo es una sincronía Divina Perfecta.
Gracias Dios por cada ser que se presenta en mi Camino, porque son Maestros para mí.

¡Gracias María y Arcángel Rafael, por su Divinísima Presencia en esta experiencia!

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AUTORA:Luzía Morales

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