Vencer a la muerte

Dark wall (5)

La lucha con el Arquetipo
Por Alicia Contursi

La Pascua nos propone eso: vencer a la muerte.
Es bueno que hagamos una reflexión en este momento del año sobre este tema
La Pascua aparece ligada a las primitivas celebraciones de la Primavera, que vence la muerte del invierno. Luego a la liberación de la muerte social que representa la esclavitud que vivían los israelitas en Egipto. Culmina en la Resurrección de Jesucristo de su muerte en la Cruz, según la creencia cristiana. Siempre anuncia lo mismo: vencer a la muerte. Se puede vencer a la muerte.

La muerte es el Arquetipo más fuerte y más limitador en nuestras vidas.
¿Qué es vencer a la muerte? ¿Volverse inmortal, como el protagonista de la novela de Simone de Beauvoir  “Todos los hombres son mortales” o el del poema de Borges “El inmortal.”?
No es eso. Ambos personajes protagónicos se perpetúan en el tiempo lineal y ven morir lo que aman. No son inmortales, son presos del tiempo. De un tiempo que terminan aborreciendo o pretendiendo olvidar.
Preso del tiempo era también el centauro Quirón, personaje de la mitología, cansado de sufrir la herida que nunca sanaba. Le cambió a Prometeo el don de la inmortalidad por la posibilidad de morir y la dejó vencer a ella. 
Nadie quiere vencer a la muerte de esa manera.
Tampoco ganarle al juego del ajedrez, como el protagonista de la película “El septimo sello” de Igmar Bergman y prolongar la vida un tiempo más… Ella terminará realizando su danza triunfal.

Vencer a la muerte es surgir a una vida más alta.
Hay muchas muertes en cada vida. “Toda vida debe pasar por muchas muertes” dice Jung en “Arquetipos e Inconciente Colectivo”.
¿Cuántas Alicia han muerto en mí? La inocente y asustadiza niña… la enamorada que amaba demasiado… la profesora universitaria que creía que sabía mucho…
¿Cuantas muertes me rodearon? Muchas, no lo digo desde una posición de víctima, sino desde la madurez que me han dado esas experiencias. La de mi abuela cuando era una niña pequeña… la temprana de mi madre cuando era adolescente… la de mi padre en mi juventud… la de mi abuelo Rafael, mi tía abuela Matilde…la de mi hermano menor Lolo… la de mi compañero de vida Renato, el mago cabalista… la de mi hermana Ethel la feminista espiritual… amigos, compañeros, ex novios, ex amantes…
Siento que casi todos mis afectos han cruzado la valla. Me queda mi hija y una hermana lejos.
Sí;  puedo hablar de la muerte.
Tres veces la sentí en mi cuerpo, la enfrenté y sobreviví.
He pasado por muchas muertes. Creo no temerle. He danzado con ella. Cuando sea el momento me llevará si es ese mi destino. Si una de las Parcas corta el hilo. Estoy preparada.

Por eso digo que en estos momentos la Humanidad se está enfrentando con el Arquetipo de la Muerte.
El 21 de diciembre de 2012 encarna al Arquetipo de la Muerte. Ya está actuando en los miles que deciden dejar sus cuerpos, en los que desaparecen en los accidentes diarios, en los cataclismos o en los hechos de violencia que nos cuenta la prensa.
También encarna el Arquetipo del Paraíso Perdido, el retorno a una Era Dorada.

Todos podemos elegir ahora si seguimos en el proceso de Ascensión de la conciencia planetaria o abandonamos nuestros cuerpos y salimos de la existencia.

La Lucha con los Arquetipos y el Proceso de Individuación
La lucha con los Arquetipos forma parte del Proceso de Individuación junguiano.
La conciencia se vuelve para adentro y el Ego se enfrenta con lo más grande que él: el Inconciente Colectivo. Antes que nada aparece la Sombra, el lado oscuro de cada personalidad.
Cuando aparece este Guardián del Sendero, la tarea es sólo una; integrar los contrarios. Aceptar que soy luz y sombras. Que he pasado por las Sombras.
Soy la trabajadora de la Luz, la astróloga que lleva verdad, orientación  y esperanza, la madre nutricia, la hija de Isis. Pero también soy –o he sido en otra vida- aunque no lo sepa, la bruja despiadada y egoísta que puede dejar morir sin sentir piedad.

Integrada la Sombra, aparecen otros Arquetipos. Me enfrentan y quieren vencerme. Si lo logran, deberé volver a empezar el proceso en otra existencia, desde el comienzo del camino. Soy yo quien debe vencer para llegar al final del camino: al encuentro con el Sí Mismo. Con el centro regulador de mis procesos inconscientes, el centro de la esfera y del mandala, el punto de unión con la divinidad y con la Humanidad toda.

Hay infinidad de Arquetipos. Cada cual deberá enfrentar a unos u otros. La Madre devoradora, el Padre castrador, el Puer eternus, el Héroe, el Guerrero implacable, la Prostituta sagrada o muchos otros.
Este proceso es interior, pero se manifiesta en la vida externa y corpórea. Mi cuerpo muestra las señales del proceso vivido.

Todos, en algún momento, nos vemos acechados por el Arquetipo de  la Muerte y debemos enfrentarlo. Se trata de la propia muerte.

Si bien el Proceso de Individuación es individual, podemos extrapolar y decir que la Humanidad también ha iniciado ese proceso.
Siguiendo el pensamiento junguiano, el avance en el proceso hace avanzar a todos los demás. “Cada paso adelante en la senda de la conciencialización (el crecimiento de la conciencia sobre el Inconsciente) crea mundo” (obra citada)

Debo preocuparme, entonces por mi lucha con el Arquetipo.
El otro día me decía Irene Micelli, mi amiga: “Si tenés un hijo que te necesita no te podés morir.” Es así. Un hijo, una misión recibida o auto impuesta, una tarea espiritual que cumplir.
¿Qué es luchar con la Muerte en este momento privilegiado que estamos viviendo del despertar de la conciencia espiritual, en este punto axial que nos llevará a la destrucción planetaria o a la Vida Nueva, a la Nueva Era?

La Muerte se manifiesta en enfermedad, decrepitud, depresión anímica, tristeza profunda, agresión o auto agresión. No hay que temerle; ni generar campos psíquicos de miedo con pensamientos negativos o noticias apocalípticas. Hay que asumir que la muerte forma parte de la vida. Nacimiento y muerte son los dos extremos de la existencia terrestre, en un continuo ciclo de regeneración que forma una espiral.

Todo pasa por la conciencia. Luchar con la Muerte es cobrar conciencia de mis dimensiones interiores, de la fuerza sanadora que reside en mi interior, del punto crístico que todos llevamos dormido. Es sintonizar con frecuencias vibratorias más altas. Es empezar a vibrar más alto. Es sutilizar los procesos biológicos de mi cuerpo. Sentir en armonía con el amor, la paz y la justicia.
Cuando Jesús salió del sepulcro, según las enseñanzas teológicas, su cuerpo se había vuelto glorioso, con los dones preternaturales que se habían perdido con la Caída Original.
Vencer a la muerte es volver al Paraíso Perdido. 
Estamos haciéndolo.

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