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Educar es sacar a la luz la creatividad del niño. La educación no es la simple acumulación de conocimientos, tampoco es una preparación para poder ganarse la vida como hoy se acostumbra a pensar. La educación es mucho más que todo esto. Se trata de ayudar a los niños y jóvenes a ubicarse en el contexto de la vida, a saber tomar sus propias decisiones basadas en el bien personal y común, que aprendan a utilizar sabiamente su propia libertad, que sepan reconocer lo que les gusta hacer, que sean capaces de saber lo que esperan hacer de su vida y que sepan cómo hacerlo por sus propios medios, que se relacionen con aprecio a sí mismos y a los demás, que sean perseverantes y capaces de alcanzar metas, respetando la diversidad, con valores y virtudes.

Cada niño viene dotado de todo el potencial para ser lo que tiene que ser, no es nuestra tarea imponérselos. Ellos vienen a cumplir con un plan superior para desarrollar su nivel de conciencia. Actualmente no estamos celebrando la diversidad de los niños, los uniformamos y les exigimos un rendimiento también uniformado.

Lo primero es el SER y después vienen los conocimientos. Primero está la búsqueda de la felicidad interior y la guía para que ellos mismos lo descubran. Las escuelas son inertes cuando se saltan estos principios tan importantes que dejan de lado el cómo se aprende a vivir en las relaciones con los demás, cómo comunicarse, cómo enfrentar los éxitos y los fallos y cómo todo en el universo está conectado.

Hemos impuesto los aprendizajes intelectuales por sobre la creatividad, la educación emocional, la capacidad de observación y la genialidad innata de los niños. Esta imposición limita o anula la capacidad de soñar y lo más valioso de un ser humano es su capacidad de soñar, porque ésta le permite innovar y expandir su ser, los más importantes portadores de la felicidad en el adulto. La persona que tiene mutilada su capacidad de soñar no puede ser feliz y su vida se convierte en un sobrevivir.

El conocimiento se ha inclinado demasiado a lo intelectual. Las artes enseñan las emociones y cada vez son más postergadas en los programas educacionales. Es vital lograr un equilibrio en todas las asignaturas, mitad para cada parte del cerebro. No se trata de eliminar contenidos, es agregar más cosas para que aprender sea más rápido. Se logran mejores resultados y con excelencia cuando hay un ambiente más agradable. Es importante que los niños sientan su propia confianza por el aporte que harán al mundo, que ellos puedan sentir que van a contribuir, que descubran el propósito de su vida con un enfoque de cooperación y conexión con la red de la vida. Todas estas son habilidades necesarias para la vida.

En la educación formal actual, todo lo que se enseña está limitado en un marco, hay especialización por áreas. Por eso cuando los jóvenes terminan sus estudios lo hacen sintiéndose inútiles si alguien no les da empleo, se llenan de temor y desconfianza de la vida. De las escuelas no salen a crear empleos, salen a buscar empleo. No se crean emprendedores. Las personas terminan creándose una perspectiva que es más cercana a un espectador de la realidad, en vez de estar dispuestos a cambiar la realidad. Se forma una mentalidad derrotista y egoísta que fomenta los intereses creados y mezquinos que no favorecen a la humanidad, sino que obedecen a intereses personales o reducidos a grupos de poder.

Bajo estas limitaciones, cuando llegamos a la adultez, juzgamos todo nuestro entorno en base a bueno y malo y no se comprende que es mejor enfocarse en que todo es mejorable. O sea, nos quedamos sin iniciativa, somos meros espectadores de lo que sucede y no nos sentimos capaces de hacer algo para mejorar nuestras circunstancias.

Un sistema integrado de aprendizaje evitaría que la ciencia y la tecnología sigan siendo manejadas por intereses egoístas. Los jóvenes educados en un sistema amplio utilizaran todo su criterio para resolver las problemáticas actuales porque habrán desarrollado su conciencia y formularan soluciones amplias, las más amplias posibles.

Pensar en forma amplia, contando con toda la información necesaria para tomar buenas decisiones evitará, por ejemplo, que empresas como Monsanto pretendan apoderarse de las semillas del mundo y produzcan hambre y una escases creada artificialmente. Todos estamos de acuerdo en que hace falta valores y ética y la educación segmentada y fraccionada no lo está permitiendo.

Es necesario que los niños aprendan a aprender, por eso no es tan necesario memorizar datos, sino la habilidad de ver más allá, para que cuando trabajen resuelvan sabiamente. Esto no se enseña con los libros, los libros son accesorios que podrán utilizar después de valorar la dignidad humana y la sustentabilidad de la humanidad. La ciencia y la tecnología vienen después del desarrollo de la conciencia. Cada niño es único y grande, pero nuestras escuelas reprimen estas potencialidades, están reduciendo sus capacidades y están formando profesionales competitivos y sin confianza en la vida.

Los niños saben cómo ser niños, no son ignorantes, les faltamos el respeto y los atropellamos cuando creemos que nosotros tenemos que llenarlos de nuestros conocimientos en desmedro de lo que ellos traen en su interior. Lo único que podemos hacer es acompañarlos a SER. Cuando comprendemos esto, participar en la educación de un niño se convierte en un honor y un privilegio.

Patricia González

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