¿Juan debe morir?-Relato de un Angel

Un día, (habla un ángel), fui requerido para tratar de salvar a un hombre que estaba programado para sufrir un accidente de aviación y perder en él la vida.

Juan, así se llamaba el hombre, tenía ya el pasaje en el bolsillo. Yo no pedí a mis superiores información sobre las circunstancias que me obligaban a intervenir, conozco de sobra los mecanismos del destino de las personas, pero como ustedes los ignoran, no tengo inconveniente en revelarles algo sobre el funcionamiento de la máquina cósmica.
En el Mundo Astral en que nos movemos actúa una categoría de seres llamados “Ángeles del Destino”.  Ellos velan para que el destino de los seres humanos se cumpla, tanto en el aspecto positivo como en el negativo. En este caso, ellos se encargaron de juntar en el avión una serie de personas que estaban programas para morir en él. Ello no significa que la divinidad, en el momento de nacer, las haya destinado a esta muerte atroz, sino que tales personas, dada su actuación en vidas anteriores o en esta existencia y por hechos cuya responsabilidad recaía totalmente en ellas, habían escogido morir así.
Juan formaba parte de ese grupo y por ello los Ángeles del Destino movieron las cosas para que el fatídico pasaje de avión llegara a su poder. Entonces, dirán ustedes ¿por qué salvarlo a él y no a todos los demás? En la respuesta a esta pregunta se encuentra una de las más maravillosas claves de nuestro mundo.

Por su actuación en una vida anterior, Juan debía morir. Pero en su actual existencia había derramado tanta bondad a su alrededor que merecía que este destino fuera modificado. La onda expansiva de la bondad posee una fuerza enorme: primero toca a su beneficiario directo, modificando su naturaleza íntima, y de él pasa a otro, y de ese otro al siguiente y así en una cadena sin fin que recorre toda la tierra.
Posteriormente, el impacto vuelve, cual boomerang, al propio interesado, el cual se beneficia de la suma total de todo el bien que su voluntad derramó. Yo no podía actuar directamente sobre Juan, revelándole su destino, soplándole al oído que su avión iba a estrellarse. Primero porque seguramente no habría hecho caso de esta voz y segundo porque no podemos desvelar los misterios del cosmos de forma tan súbita: Es la conciencia del individuo quien debe descubrirlos mediante un trabajo humano. Su misión consistía pues en crear las circunstancias naturales que llevaran a Juan a la imposibilidad de emprender el viaje.

Me puse a trabajar y después de haber examinado varias situaciones, me decidí por un motorista de la policía que transitaba todos los días por la autopista que llevaba al aeropuerto. Era un hombre que se había beneficiado indirectamente con las buenas obras de Juan, sin que jamás hubiesen estado en contacto personal y, de acuerdo con las leyes cósmicas, sólo uno de sus “protegidos” tenía la posibilidad de actuar a su favor y salvarlo. Tras numerosas gestiones, conseguí que ambos coincidieran a la misma hora en la carretera del aeropuerto. Ideé una estrategia para que Juan cometiera una infracción, le sugerí por vía intuitiva que pisara fuerte el acelerador; en cuanto lo hizo, me acerqué al policía y le sugerí de la misma manera que parara a Juan y le pusiera una multa. Conseguí también que lo hiciera y entonces se produjo una de esas escenas tan comunes en la que el automovilista asegura que no ha sobrepasado la velocidad permitida y el policía sostiene lo contrario. Juan le pedía que se diera prisa, pero el policía, siguiendo inconscientemente mis inducciones, era de una lentitud desesperante. Yo procuré, además, inducir a Juan a insultar al policía. Cuando lo hizo, me sentí invadido por esa satisfacción que da el deber cumplido, cuando de ello depende la vida de una persona. El motorista fue magnífico, se llevó a Juan a la comisaría. Su indignación era indescriptible, amenazando al que le había salvado la vida con denunciarlo por abuso de autoridad. Más tarde, cuando Juan se enteró que el avión en cuestión había sufrido un accidente y que no había supervivientes, sintió un tal agradecimiento hacia el policía que lo había salvado que estuvo llorando sobre el periódico que traía la noticia durante varios minutos. Al motorista, de pronto empezaron a salirle las cosas bien, él no se explicaba su suerte. Jamás supo que se debía a su noble gesto inconsciente, porque si yo pude utilizarlo, fue porque encontré en él una disposición inconsciente favorable a la empresa. Tampoco sabe que el significado de la palabra “suerte” es “ayuda de Dios”.

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Tomado de la WEB
Desconozco su autor

Espero les agrade, maravilloso, me estan este relato, les envio un arco iris de luz y amor.

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