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Lo lindo de San Francisco de Asís es que vio al Señor de tantas maneras y en tantas formas. Cuando las cosas son maravillosas y muy hermosas y cálidas y hay gran camaradería, es muy fácil ver a Dios. Pero se requiere un valor mucho mayor para ver ese mismo rostro de Dios cuando hace frío, cuando no hay comida, cuando has tenido problemas con tu esposo, cuando sientes cariño y te preocupa alguien que está muriendo, cuando hay hambre en el mundo.

Tenemos un ejemplo en nuestro hermano, Francisco y nuestra hermana Clara, que hace mucho tiempo, en tiempos cuando las cosas eran aún más difíciles que ahora, se entregaron de cuerpo y Alma. No emitieron palabras ni opiniones. Buscaron al Señor en ese lugar sagrado interior que conocemos cuando preguntamos: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”  En respuesta, a menudo el Señor les mostraba el siguiente paso y yo estaría dispuesto a apostar que el Señor hasta los empujó unos cuantos pasos.

– John-Roger

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