El futuro modifica el pasado

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Muchos pensamos que el pasado forja el futuro. Que el tiempo sólo fluye en una dirección.  Pero algo ha empezado a cambiar desde que la Cuántica, en varios experimentos, ha demostrado que el futuro influye en el pasado. Existe una posibilidad: que el futuro modifique lo que ya pasó. Al menos esto está ocurriendo en el mundo subatómico.

Todos estamos formados por átomos que son influidos por fuerzas físicas del futuro. Por lo tanto, es posible, en teoría, que el mañana cambie nuestra historia. Esto abre la posibilidad de que el universo mismo tenga un destino, el cual, como un misterioso imán al final del tiempo, esté guiando el presente.

La física clásica creía que las leyes físicas podían ser usadas para determinar el futuro de todo el universo. Teniendo la suficiente información, podríamos saber el estado que tomaría cada partícula, persona o planeta. Sin embargo, la mecánica cuántica y su principio de incertidumbre, demostraron que esto no era así. Bajo el principio de incertidumbre no es posible saber todas las propiedades de una misma partícula en el mismo momento. Es imposible saber en dónde está la partícula y a qué velocidad se está moviendo y entre más preciso se determina un aspecto, menos precisión se tiene en la medición del otro. En la escala cuántica las partículas pueden existir en más de un lugar al mismo tiempo –hasta que las observas. Esta superposición es uno de los misterios centrales de la física.

La incertidumbre del mundo cuántico puede observarse en un laboratorio, por ejemplo, si tienes dos átomos radioactivos idénticos: uno puede decaer en un minuto y el segundo puede tardar una hora en decaer. No hay forma de explicar los diferentes comportamientos de cada átomo o de predecir cuándo decaerán observando su historia. Este indeterminismo contradijo la famosa sentencia de Einstein: “Dios no juega a los dados”.  Pero, si Dios no juega a los dados, ¿dónde está la información que determina lo que le sucede a las partículas? Ahara se cree que no podemos percibir esa información que regula el comportamiento de la materia porque no existe en el pasado. Proviene del futuro.

“La naturaleza nos está tratando de decir que existe una diferencia entre dos partículas aparentemente idénticas con destinos distintos, pero esa diferencia sólo puede ser encontrada en el futuro”, dice Aharanov, quien ha formulado la teoría mecánica cuántica de tiempo simétrico, que explica cómo la información del futuro podría llenar el vacío indeterminista del presente.

Aharanov cree que posiblemente Dios juegue a los dados con el universo justamente para crear una incertidumbre, una especie de laguna legal, a través de la cual pueda ejercer una influencia en el presente, sin jamás ser sorprendido haciéndolo. “Nuestra meta es descubrir si la Madre Naturaleza ha estado haciendo sus propias post selecciones, causando que aparezcan estos efectos inesperados”.

La probabilidad de obtener un universo como el nuestro por el mero azar es sumamente remota. Si el estado final del universo está definido y se extiende de adelante hacia atrás para influir el universo desde sus inicios, esto amplifica la posibilidad de que surja la vida y la inteligencia en el universo.

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Notablemente, al afectar el futuro, el pasado y el presente, se genera la posibilidad de que el universo tenga un destino, una especie de programa que magnetiza los sucesos hacia su estado final. Lo asombroso es que el “destino” del universo podría haber sido establecido tanto en el pasado como en el futuro. Es posible que Dios sea una especie de horizonte en el porvenir que imanta al universo hacia ser Él, y donde el pasado y el futuro se enrollan como una serpiente ouroboros[1].

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kabbalah.info ; www.kab.tv/spa y www.laitman.es

[1] El ouroboros es un símbolo ancestral representando por una serpiente con su cola en la boca. Expresa la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino que cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación, al igual que representa la infinitud.

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