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Jesús le dijo a la mujer samaritana "Dame de beber" (Juan 4:7).
¿Cuántos de nosostros estamos esperando que Jesucristo apague
nuestra sed cuando nosotros deberíamos estar dándole satisfacción a
Él?.
Habríamos de estar derramando nuestras vidas, rindiendo todo nuestro
ser, no solamente recurriendo a Él para que nos satisfaga. "Me
seréis testigos" (Hechos 1:8). Esto significa vidas de una devoción
pura, sin componendas y sin freno para el Señor Jesús, moldeables
allí donde Él pueda mandarnos.
Cuidado con todo aquello que compita con tu lealtad para con el
Señor Jesucristo. El mayor competidor por la verdadera devoción a
Jesús es el servicio que hacemos para Él. ¡Es más fácil servir que
derramar nuestras vidas totalmente a Él!.
El objetivo del llamamiento de Dios es Su satisfacción, no
simplemente que hagamos algo por Él…
¡no somos enviados a librar la batalla para Dios, sino a ser usados
por Dios en Sus batallas!.
¿Nos consagramos más al servicio cristiano que al mismo Jesucristo?

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