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NO REACCIONAR

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Eres el Rey de los Judíos?

Y El dijo: Tú lo dices.

La anterior respuesta independiente de la pregunta, sin rencor, condiciones, ni asombro por nivel del líder romano, excluye manejo de energía repulsiva. “Tú lo dices,” retorna la pregunta, deja en el limbo a la autoridad.

Reacción frente a evento súbito de un accidente, desastre natural y pérdida del ser querido es normal. Nos centramos en la respuesta condicionada en cotidiana relación con alguien: Es la percepción real, errónea de ser molestados o estimulados; vivir a la defensiva, prevenidos, listos a la defensa. El esposo invita a su mujer a cenar, ella responde: “Y así quieres solucionar el problema de hoy?” “Hacia falta ya una invitación! Prevenida, tensa y enojada descarga energía negativa empeorando la situación. Sin atizar candela: “Gracias y arreglemos lo sucedido;” calma ánimo, predispone al arreglo.

El hijo pregunta si puede invitar a un amigo a pasar la noche en casa. El padre responde, “No podré estar tranquilo!” Respuesta amarga induce rebelión, ansiedad. “Aprobado y ayúdanos a estar tranquilos,” es actitud pausada, positiva.

Ha decidido no ir a la misa dominical por criticar sermones del sacerdote al creerlos inadecuados? Es otra forma de patinar en falso con el juicio y rechazo a las acciones de los demás; su criterio en forma automática sobre pasa a los demás. Es decir, la razón siempre le acompaña! Así, prejuicio, orgullo, egoísmo crecen con reaccionario hábito aferrándose a primitiva postura. “Vamos a la iglesia y aprendamos algo;” baja competencia y critica.

Permanente oposición aumenta la malicia, irritabilidad, ata a lo burdo e impide la vida buena. Red tendida por su interlocutor, mientras más fricción, mayor enredo. Crónico rebelde en la pareja, familia, en el trabajo o entre amigos enturbia el ambiente con ansiedad, soledad e incertidumbre.

Alguien camina rápido en la calle, le adelanta y Usted piensa” “Por qué no se levanta más temprano, en vez de vivir corriendo?” En un seminario, el conferencista solicita una opinión de la audiencia y Usted es la primera en levantar la mano. La acelerada persona le impregna una carga de clavos en su mente con enojosa sensación de perder su previo propósito. La próxima vez frente a similar evento, se aleja para darle más espacio y sin calentura, lo ve alejarse. La ecuación es “acción-no reacción.” En el caso de la conferencia, espera otras intervenciones y actúa libre sin sesgos; la fórmula es “acción-acción.”

Elabore ejemplos propios y observe los elementos descritos: acción, reacción, consecuencia. En general, las dos últimas, favorables o no, se deben reducir al máximo. Al hacerlo disminuye el condicionamiento a las acciones de los demás y gana equilibrio en sus actos. De igual importancia es la acción serena, ecuánime sin disturbar a quien nos dirigimos.

Por la noche, rememore y observe todos los roces ocurridas en el día, sienta la energía negativa envuelta en cada situación; imagine la no-reacción y experimente el cambio energético. Al iniciar el día, visualice actos sin reaccionar y en vida real eleve maestría en cada relación con los demás.

 

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Semillas Espirituales Copyright© 2005, Jaime Rodríguez. Derechos Reservados. ISBN 1 4196 2653 1

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