MENOS CONTROL

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Un rayo incendia la choza del náufrago,

Triste pregunta a Dios, por qué?

Guiados por el humo llega el rescate.

Dios parecía decirle, qué preguntabas?

Somos dueños del destino? En verdad podemos capitanear el barco de nuestra vida? Acompañe al náufrago en su triste mirada a la columna de humo de la destruida choza, quien nunca imaginó sería hilo conductor de su redención. Recuerda la blanca garza vacilante pisando y picando a su reflejo en el agua para saber si es real o ilusión? Con similar actitud el blanco ejemplar frente a su casi negra gemela pregunta, “Eres tú real o mi otro yo?” Por supuesto, en la realidad ni la garza, ni el primitivo marinero hacen pregunta alguna; porque en la ilustración ambos tipifican instintiva percepción: La grácil ave levanta vuelo y el desprevenido marino exclama, “el rescate ocurrió por azar.” Sin rechazo a lo celestial, simplemente no lo percibe y muy parecido al aguilucho criado por la gallina, requiere intentar muchos saltos para adquirir su potencial capacidad de volar. Con libre imaginación, regrese a dichas referencias, asimile preciada, escurridiza verdad de ineficaz control en la vida, por lo cual, no somos dueños del destino.

Exagerada confianza en el “yo sí puedo,” impulsa fatal exceso de controlar ideas, emociones y actos en compulsivo anhelo por triunfar en la vida. Aprendamos a controlar menos, al observar primero las relaciones con los demás.

Adicional a la interna lucha de si tenemos control de nuestro destino, soportamos el esfuerzo de otros para elaborar nuestro futuro! Los padres ejercen mucha presión a los hijos; desavenencias matrimoniales aumentan porque el uno trata de modificar al otro; obsesionado profesor por un método y ritmo de aprendizaje confunde al estudiante; líder espiritual, religioso aferrado a propias creencias atemoriza seguidores. Perciba, insistimos, sin juicio ni critica excesivo esfuerzo de controlar, dirigir a los demás y modere dicha actitud. De nuevo, al final del día, rememore sus actos, sienta su estado de ánimo al ejercer control y observe la energía desencadenada por su intento. Por la mañana siguiente, imagínese en el día sin manipular.

Rememore personales eventos del primer amor, amigos, enemigos; títulos adquiridos; fracasos, éxitos. Difícil precisar cuánto se debe a nuestro esfuerzo personal, al medio familiar, social, cuánto es indefinible. Meditemos en silencio sobre sutil, fuerte influencia de los padres, eventos infantiles, hermanos y amigos; alguna maestra en especial, la lectura de un libro, un dolor inesperado o súbita crisis. Sin reconocer, dichas situaciones moldean la fuerza de personal control, mitigan la terquedad y ganamos conciencia de misterioso acople entre íntimo empeño, externas fuerzas familiares, sociales y místicas corrientes.

Determinados por muchos factores, existen momentos especiales en los cuales sintetizamos lo interior con lo ofrecido por la vida y al balancear, decidir por una opción surgen mágicas decisiones: “Estudiaré Medicina,” “Cásate conmigo,”Conseguiré un empleo,” etc. Aun, llevados por lo externo, son los momentos de mayor control ejercido en la vida. Después, imposible predecir o asegurar un especial resultado; la Vida ha de moldearnos. Es decir, nuestra situación es aleación de control, no control; seguridad, duda. La intensidad de su combinación, la proporción de la mezcla es creencia personal, difícil de medir: Los de predominio intelectual, se proclaman autores de su vida y los de predomino devocional aceptan ambiguo destino.

En el éxito y lado amable de la vida, la certeza de nuestra dirección es grande; pero en fracasos y sufrimientos la seguridad disminuye, sin mencionar el azar, aceptamos cierto “castigo en la vida.” La creencia de ser responsables por sólo una cara de la moneda magnifica la ambición y el poder humano con gran ceguera espiritual en las relaciones.

La llamada casualidad, es fácil y cómoda interpretación del feliz evento. Y eso es todo? Amerita del toque divino para persistir en la misma vía o aceptar superior alternativa. Recuerda el fratricidio intentado a José? Al encontrarse en Egipto y revelar a sus hermanos su milagrosa salvación, podía ahora ayudarlos porque el “Señor era quien lo había enviado.” El impacto de nuestra decisión es tan casual como la sombra cambia con la intensidad y dirección de la Luz; el divino designio se refleja en el azar, en el no-control. El mundo espiritual nos rodea más de lo aceptado e influye con poder en todo lo nuestro; difícil de entender, aceptar, asimilar. Observe su vida, la de seres cercanos, al explicar logros, en silencio agradezca especiales factores llamados suerte, azar, destino, lo indefinible en realidad, pinceladas divinas a su excesiva confianza en control y personal poder.

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Semillas Espirituales Copyright© 2005, Jaime Rodríguez. Derechos Reservados. ISBN 1 4196 2653 1

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