Alguien vuelve por la noche a su casa quejándose de que está agotado porque ha tenido una jornada penosa: dificultades en el trabajo, una discusión que terminó mal, etc. Le aconsejarán, pues, que se vaya a descansar, ¿pero cómo debe hacerlo?…

Ignorando que lo primero que debe hacer es olvidar lo que le ha contrariado, se tiende en la cama y ahí dará vueltas de un lado a otro, rumiando su irritación, su desánimo… Y así, aunque esté una hora tendido en la cama, no sólo no descansará sino que se sentirá aún más cansado porque no habrá cesado de acordarse de aquello que, justamente, debió olvidar. ¿Queréis descansar verdaderamente? Empezad por actuar sobre vuestro sistema nervioso. Por unos momentos, olvidaos de todo para dar a las fuerzas que os habitan la posibilidad de rehacerse. Para volver a circular armoniosamente en vuestro organismo, el flujo nervioso necesita que os pongáis en un estado de paz, de armonía, de silencio interior. Y entonces,
sí, la fatiga os abandona.

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