Pasarelas de cuerpos lánguidos…

anorexiaLas pasarelas muestran cuerpos lánguidos, el mensaje publicitario indica que para ser exitosos hay que ser flacos y las jóvenes y adolescentes son el blanco perfecto.

Por Claudia Duran *

Con la llegada del verano, la preocupación por la figura hace que muchas personas se vuelquen en forma intensiva al gimnasio o a las dietas (muchas veces promocionadas como “milagrosas”). Las consultas por trastornos alimentarios, en esta época del año, crecen hasta un 20 por ciento.

Este fenómeno estacional, más intenso en el sexo femenino y en las adolescentes, hace que las familias se acerquen a las instituciones médicas para realizar consultas sobre patologías alimentarias. Quizá no lo hacen al principio, cuando escuchan a sus hijos hablar de dietas y de cuidarse con la comida. Pero luego empiezan a notar ciertos aspectos patológicos, y se preocupan.

Es el momento de preguntarse si obsesionarse con estar flaca tiene sentido, cuando las consecuencias pueden ser tan serias. La anorexia y la bulimia afecta mayormente a las mujeres, pero los varones no están exentos de padecerlas. La edad de mayor riesgo es de los 12 a los 25 años. Pero, se está notando una presencia cada vez mayor en niñas. En esto incide mucho la relación que los padres y la familia tienen con la comida. Hay niños, de cuatro o cinco años, en tratamiento por trastornos de la conducta alimentaria en la infancia.

Hay chicos que dejan de comer. Son los que se niegan a alimentarse. Comienzan dejando comida en el plato y de pronto ya no comen. Otros niños se alimentan de manera selectiva. Este proceso también es muy paulatino y los niños se vuelven verdaderos “amos” de la casa con sus especificaciones a la hora de comer. Y esta selección afecta a toda la familia dado que hay que prepararles la comida especialmente a ellos.

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Como papá o mamá estarás preguntándote cómo podés darte cuenta si tu hijo sufre alguna patología de este tipo. Generalmente, los amigos son los primeros que detectan los síntomas. Para quienes sufren de anorexia nerviosa, la negativa a comer hace que se note un descenso en el peso hasta llegar a un bajo peso extremo, lo cual detectamos a simple vista. Lamentablemente las otras patologías no son fácilmente detectables, y por ello es que toda la ayuda de sus amistades es fundamental para su tratamiento.

Hay que tener cuidado cuando nuestro hijo o hija vive pendiente de su imagen corporal, las dietas y calorías son su mayor preocupación, intenta realizar ejercicios físicos permanentemente, compensar sus ingestas salteando comidas o paulatinamente deja de asistir a eventos, reuniones, grupos de estudios u “olvida” almorzar en el colegio. Ahí, ya estamos frente a una persona que posiblemente necesite de nuestra ayuda. Estos trastornos ya no son propios de las mujeres.

En la década de los ‘90, el 99% de las personas en tratamiento eran mujeres. Esta tendencia se fue revirtiendo, no porque a los hombres se les haya despertado de repente estos trastornos, sino porque entendieron que no deben tener vergüenza de sufrirlos. Actualmente, entre el 10 y el 15% de los hombres padecen trastornos alimenticios, un porcentaje que se ha incrementado notablemente en los últimos diez años. Además, muchos de estos casos no están diagnosticados.

Síntomas

» Preocupación excesiva por la imagen y el peso.

» Práctica de dietas estrictas.

» Atracones frecuentes e incontrolados (en el caso de la bulimia).

» Incremento en el ejercicio físico.

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» Consumo de laxantes y diuréticos.

» Abuso de medicamentos como pastillas para adelgazar.

» Aumento y descenso de peso, cambios bruscos.

» Deshidratación.

» Sentimientos compulsivos: ira, cansancio, soledad, ansiedad, aburrimiento.

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Bulimia. Es más difícil de detectar pues comen en la mesa familiar, pero luego lo vomitan o hacen ejercicio en una manera excesiva para compensar la ingesta.

Anorexia. Es la negativa a comer. El descenso de peso se nota mucho más que en las personas bulímicas.

Obesidad infantil, un mal que crece

La obesidad infantil sigue creciendo sus estadísticas en todo el mundo y lo hace como consecuencia de los mismos factores que contribuyen a la obesidad del adulto: una alimentación alta en calorías, con un marcado aumento en grasas y harinas refinadas y un sedentarismo cada vez más acentuado.

Muchas veces nos encontramos con esos pequeños que no tienen límites y devoran todo lo que tienen al alcance. Paulatinamente van aumentado sus ingestas en cantidad y frecuencia, hasta que nos encontramos con chicos muy pequeños con obesidad. Van de menor a mayor y ya se los detecta tarde.

La obesidad trae problemas para el niño, no sólo a nivel orgánico (fatiga, estreñimiento, trastornos ortopédicos, anemia, malnutrición), sino también en el aspecto psicológico.

* Dra. Claudia Durán – Medica Especialista en Nutrición – M.P.: 16404 – M.N.: 73561    

La Plata: 0221-155249710 – (40 y 25)
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