En mi opinión, a estas alturas del Desarrollo Personal ya deberíamos comprender y aceptar que prácticamente nadie, casi ninguno -por no decir ni uno solo- de los seres que andamos por el mundo y por la vida estamos siendo quienes realmente somos.
Ya sabemos que fuimos unos bebés y unos infantes que para sobrevivir a esas etapas tuvimos que hacer muchas concesiones, y tuvimos que acatar muchas decisiones ajenas y obedecer ciertas instrucciones y mandatos –porque de ello dependía nuestras subsistencia y porque no estábamos capacitados para discutir racionalmente sobre lo que pasaba-, así que nuestros educadores nos “educaron” como ellos creyeron conveniente según sus intereses, como buenamente Dios les dio a entender, sin conocer el oficio, y eso nos obligó a renunciar a quienes realmente éramos –aunque no supiéramos quiénes éramos- para poder acceder a los beneficios de la aceptación, el amor –un condicionado a que se cumplieran sus deseos y órdenes- y la aceptable convivencia.
El conflicto está en que muchas personas acabaron creyéndose que realmente eran quienes y como los otros les dijeron, y han vivido y viven su vida metidos en ese personaje que es más o menos aceptado por los otros, y con el que han aprendido a moverse más o menos por el mundo.
Quien no ha entrado en un Proceso de Desarrollo Personal, de la búsqueda de sí mismo y del Uno Mismo, del Descubrimiento de quien realmente es, se mantiene en una vida que la provoca una continua desazón interior, una insatisfacción a la que no es capaz de ponerle nombre –por desconocimiento o porque, conociéndolo, no se atreve a reconocerlo-, y una sensación de falta de completitud, de estar habitando a alguien que realmente no es.
Aquella aceptación inconsciente -pero interesada- del personaje que los otros crearon con nosotros nos obligó a una desconexión con el Ser Esencial –el que somos en nuestra esencia-.
Generalmente, uno no está mostrándose y viviendo como realmente es.
En unos casos porque no sabe quién es y se conforma con estar siendo quien cree ser o quien le han inculcado que es. En otros casos, porque tiene un miedo atroz a dejar de ser quien está siendo ya que teme que al dejar de ser el personaje acabe siendo nadie. En otros casos, porque opinan que Ser Uno Mismo es una utopía, algo al alcance de los iluminados o los santones, los que no tienen otra cosa que hacer, y así anestesian a su inquietud siempre latente de retomar el origen, de permitirse –por fin- ser quien es.
La desconexión con el Ser Esencial provoca una sensación -no siempre consciente- de un vacío que no se puede explicar, de falta de Verdad, de estar renunciando a algo que es tan primordial que sólo ello puede aportar la sensación de Ser Humano completo, y de que algo en el interior está renegando con razón por la situación de desatención a lo básico.
La tarea que se propone constantemente en el Proceso de Desarrollo Personal es siempre la misma: Sé tú mismo. Que suena genial, que parece muy comprensible y sencillo de llevar a cabo, pero que se torna contra uno mismo porque cuando se pregunta ¿Quién soy yo? no aparece ninguna respuesta que vaya más allá del tópico del nombre y los apellidos, y lo que suele aparecer es un vacío desolador que desgana de la intención de seguir adelante porque uno parece encontrar un abismo que no sabía que existía.

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misku / Pixabay

La pregunta, y su falta de respuesta, provocan una desolación que cuesta consolar. Antes –antes de conocer el abismo- uno creía tener ante sí un camino que podría emprender cuando quisiera sin más. Ahora es consciente de que el abismo parece insalvable.
Quien uno está siendo queda a este lado del abismo y quien uno realmente es, se encuentra en el otro lado.
Cada uno resuelve esto como puede, pero en mi caso dejé de prestar atención a responder con palabras a la pregunta de ¿Quién soy?, que me parece que dependiendo de cómo se plantee puede ser poco más que un deseo de satisfacer una curiosidad. Tal vez demasiado intelectualoide.
Yo estoy más atento a qué siento y a cómo me muestro, a cuándo estoy a gusto con mi comportamiento, con mis actuaciones, con mis reflexiones y mis sentimientos, o sea, a cuándo soy o cuándo creo ser yo mismo fuera del personaje.
Y eso me está acercando a mi esencia y me está permitiendo retomarme, comprenderme, compenetrarme, descargarme del modelo que me inculcaron y abrir cada vez más ventanas para que mi verdadero yo, mi Yo Esencial, se exprese.
Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)
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