cuerpo

A medida que tu expresión se iguala más con la integridad interior de tu ser, te encontrarás yendo hacia el Cristo de tu conciencia interior. Este es un lugar que no se puede describir, aunque puede ser el nivel de realidad más alto que hayas conocido.

El ir hacia esa realidad, es como hacerle una visita a tu propio Ser. Es como volver a casa dentro de ti. La dicha, la felicidad y el éxtasis que pueden venir con esa pequeña visita a tu propio Ser pueden ayudarte a atravesar algunos hechos muy difíciles de tu vida.

Tu cuerpo es un templo, en este nivel, para la conciencia que es de lo más alto o elevado.

Podemos amar a nuestros hermanos y hermanas ahora mismo. Podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Podemos amar a nuestros enemigos. Te animo a que te lo tomes en serio, sin excepciones. Todos podemos estar más dentro y ser más del espíritu de quienes somos. Podemos ocuparnos más de ser amorosos y de cuidarnos unos a otros tal como el Señor nos ama. Cuando elegimos amar a pesar de todo, podemos decir en verdad, con dicha y convicción: “Sí. Yo soy el guardián de mi hermano”.

La Biblia dice: “Como un hombre piensa, así se convierte en su corazón.” Eso realmente expresa una gran verdad, cuando se lo percibe desde la conciencia mística. Y funciona en ambos sentidos: positivo y negativo. Tal vez digas, “Aquello que temía más me ha sucedido.”  Pero aquello que más temes, es en lo piensas. Le das energía. Te obsesionas con ello y piensas, “¿Qué pasaría si…?” y creas aquello que temes – y aparece. Lo creas. Lo manifiestas.

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Entonces dices, “¿Por qué a mí, Señor?” Y si puedes lograr que El se comunique contigo, el Señor podría decir, “¿Por qué no?  Tú lo creaste, eres responsable por ello.” Más te vale respirar profundamente, tenerlo como una experiencia y una lección y seguir adelante. En realidad, no hay mucho más que puedas hacer.

 

John Morton y John-Roger

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