Si queremos plenitud, debemos merecerla

Image of Closeup portrait of a happy young beautiful womanEl universo es como un espejo.

Pronuncia palabras bondadosas a un espejo y éste te dirá lo mismo. Maldice un espejo y la imagen te maldecirá.

El Creador no impone un castigo o se levanta para juzgar a nadie. Son nuestras propias acciones las que regresan a nuestras vidas como reflejos regresando desde un espejo cósmico.

Sonríe al mundo el día de hoy y el mundo te sonreirá de vuelta.

 

Una vez un estudiante se acercó a su maestro y le dijo: “Muchas de sus lecciones hablan de las bendiciones que pueden venir a través del compartir, sin embargo ¡yo no tengo nada que dar! No tengo habilidades y por ende no tengo empleo. No tengo empleo y por ende no tengo dinero”.

El sabio maestro le dijo al estudiante que se parara fuera de un edificio cercano y que simplemente saludara y le diera la mano a los transeúntes por un día completo. Al anochecer, el estudiante regresó exclamando que no sólo había hecho muchos amigos sino que también obtuvo un nuevo empleo milagrosamente. El gerente del edificio observó la calidez, bondad y generosidad del estudiante hacia otros y le ofreció un cargo como portero.

La lección es que siempre tenemos algo para dar, incluso si es sólo una sonrisa o una mano amiga.

 

No existen los atajos hacia la realización.

Cada día sustituimos la verdadera felicidad por alegrías temporales y experimentamos una vida de montaña rusa llena de subidas y bajadas. Los kabbalistas enseñan que si queremos recibir plenitud duradera, debemos merecerla.

Cuando descubrimos los atajos que estamos tomando y los reemplazamos con trabajo duro, creamos una vida más estable para nosotros mismos.

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Yehudá Berg

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