Muchas personas viven dormidas la mayor parte de su tiempo, lo que significa que podemos vivir una vida sin despertarnos, sin enterarnos de lo grandiosos e importantes que somos para el universo.

Recibimos información del exterior a todas horas, “tener, poseer, conseguir, conquistar”, esto nos genera miedo, ansiedad y temor por perder; lo que hace que sigamos dormidos.

La información no la debemos buscar en el exterior, debemos buscarla en el interior, dentro de nosotros mismos, pero le tenemos miedo al interior, donde habita nuestro ser superior, que es el único lugar donde encontraremos lo que necesitamos. Porque las personas no son lo que piensan que son, sólo creen serlo, y eso es lo más triste, porque la mente es un órgano reflejo y reacciona ante todo, llena la cabeza de millones de pensamientos, pensamientos que dicen muy poco de nosotros. Queremos hacer cosas a toda costa, no paramos de hacer, olvidándonos de ser.
Debemos desarrollar nuestra sabiduría y poder interior, para sacar la basura mental que nos acompaña, sí, sacar lo que no necesitamos de nuestra cabeza.
¿Cómo lo podemos hacer? Vaciando nuestra mente, porque llenamos nuestra mente de todo lo que nos dicen, nos hablan, publican, y nos privamos de todo lo importante, de lo que sucede a nuestro alrededor que verdaderamente es importante y que impide conectarnos con nuestra esencia. Siempre están ocurriendo cosas, y cuando no somos capaces de liberar nuestra mente de la basura mental no vivimos el
mejor momento que existe, el ahora, y por lo tanto no vemos esas cosas.

laleyla5 / Pixabay

Cuando logremos vivir el presente, vivir en el ahora, nos sorprenderemos de todo, de lo que sucede, de todo lo que podemos hacer y de lo bien que lo hacemos. Es en ese momento cuando verdaderamente afloran nuestros talentos y nuestras virtudes.
Debemos aprender a sorprendernos con lo simple, con la lluvia, con el sol, con las gotas del rocío, con el abrazo de un árbol, con la brisa que te acaricia, con el albor de la mañana, con la luz de una sonrisa.

Porque al valorar lo simple, lo ordinario, convertimos nuestras vidas en extraordinarias, olvidándonos de lo difícil y transformando las dificultades en oportunidades.

Al comenzar a vivir en el ahora y entender lo simple como lo prioritario, surgen los cambios, comenzamos a entender la vida desde otra perspectiva. Y es desde la perspectiva del ahora donde nos comprendemos y aceptamos a nosotros mismos.

A veces hay que perderlo todo, hasta lo que consideramos importante, para recuperar lo que somos. Para lograrlo necesitamos esfuerzo, constancia, cambios, a veces dolorosos, pérdidas de algo o alguien que son necesarias para el proceso, un cambio que nos impulse a evitar lo superfluo y nos permita volar sobre el pantano.
Y cuando sobreviene el mal momento, ese que no entendemos, que no aceptamos, que consideramos que no merecemos, debemos ser
conscientes de él, enfrentarlo, amarlo, aceptar que no sabemos qué hacer y abandonarnos al amor del Padre, al amor del Universo, para encontrar la respuesta, el camino. Porque toda nuestra  vida tiene un propósito, incluso las cosas difíciles, y depende de nosotros descubrirlo, por lo que cada momento es único y no hay instantes vacíos.

Toda acción tiene consecuencias negativas y positivas. Al reconocer ambos lados terminamos siendo realistas y responsables de nuestros actos, llevando nuestra vida a un plano superior.

Somos frágiles, y lo importante no es ganar o ser el mejor, simplemente tener pasión por algo y hacerlo de la mejor manera.

Rendirnos ante lo evidente, no ante el logro, ante lo que nos hace excepcionales. Y todo esto se hace en el ahora, lo demás no existe.

El viaje aporta la felicidad, no el destino, porque sólo somos este momento.

Escrito por Por Gonzalo Vargas Acosta para soyespiritual.com

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