Si alguna vez has trabajado en una oficina en la que alguien susurró «los despidos están llegando» a través de los cubículos, has sentido el pánico que surge de tres palabras. Es posible que hayas hecho un comentario reflexivo y apasionado a un inversionista que le respondió: «Yo paso», y el impacto de esas dos palabras aún hoy en día duelen. O puede que todavía estés celebrando una llamada o un correo electrónico reciente de «¡estás contratado!

Si Rudyard Kipling tenía razón en que «las palabras son, por supuesto, la droga más poderosa utilizada por la humanidad», entonces muchos de nosotros somos adictos. Aunque hay innumerables estudios que afirman que las mujeres superan a los hombres en más de 13.000 palabras al día, otros estudios muestran que hombres y mujeres son charlatanes de igualdad de oportunidades, con un promedio de unas 16.000 palabras al día. Y la mayoría de nosotros, sin importar el género, hacemos más de lo que debiéramos decir, aconsejar, convencer, explicar, dirigir y divulgar.

Toda esa charla nos está costando tiempo, productividad y energía. También nos está costando nuestra credibilidad y nuestras relaciones. Las personas que siguen parecen infravalorar las contribuciones de los demás, carecen de curiosidad y autoconciencia, y parecen ensimismadas e incluso nerviosas.

Algunas trampas comunes de los que hablan demasiado incluyen:

  1. Hablar de ti mismo. Las investigaciones demuestran que cuando hablamos de nosotros mismos, nuestros cerebros liberan dopamina, la hormona del placer, así que somos inmediatamente recompensados cuando lo hacemos.
  2. Hablar para demostrar lo mucho que sabes. Esto, irónicamente, tiende a socavar más que a crear credibilidad. También tiene un impacto negativo en nuestra simpatía, uno de los factores clave en la forma en que evaluamos a las personas.
  3. Hablar por nerviosismo o inseguridad. Nuestra capacidad para autocontrolarnos se reduce cuando aumenta nuestra ansiedad.
  4. Hablar para hacer cambiar de opinión a alguien. Y lo hacemos a pesar de la evidencia que los hechos por sí solos rara vez persuaden.
  5. Hablar porque has preparado algo que decir, aunque ya no sea necesario o relevante.
  6. Hablar para evitar que alguien más hable. (¿Le recuerda alguna reunión de personal o vacaciones familiares?)
  7. Hablar por costumbre. Para muchos de nosotros, hablar puede parecer un reflejo automático en lugar de un enfoque reflexivo para compartir información.
  8. Hablar para pensar. Mientras algunos de nosotros organizamos nuestras ideas antes de compartirlas, muchos de nosotros usamos el hablar como una manera de aclarar y sondear nuestras ideas, trabajando en voz alta nuestros procesos mentales.
  9. Hablar porque es tu «turno». Ya sea en una reunión o en una conversación, pensamos en nuestro turno como una directiva o mandato para decir algo, en lugar de una oportunidad que podemos aprovechar, o transmitir, o diferir hasta que tengamos algo más significativo que aportar.
  10. Hablar para llenar el silencio. Sí, la investigación de la Facultad de Medicina de Duke encontró que el silencio está asociado con el desarrollo de nuevas células en el hipocampo, la región cerebral clave asociada con el aprendizaje y la memoria. Aún así, la mayoría de las personas experimentan el silencio como algo que deben evitar, especialmente en las conversaciones.
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Ya sea que usted se vea a sí mismo en uno de estos, o en los diez, hay tres estrategias para ayudarle a hablar menos y tener más impacto:

Pida retroalimentación

Lo más probable es que usted tenga algunos puntos ciegos acerca de sus fortalezas de comunicación y áreas de desarrollo. Encuentre a algunos colegas de confianza para que le brinden retroalimentación honesta, útil y específica. Pídeles que te avisen cuando te vean haciendo contribuciones útiles a la conversación, y cuando te experimenten hablando mucho sin añadir mucho valor.

Practicar el balance final

El término «resultado final» se refiere tradicionalmente a la última línea de la cuenta de resultados, en la que se sabe de un vistazo si la empresa ha obtenido beneficios o pérdidas. En la comunicación, el resultado final significa decir lo que se necesita decir en el menor número de palabras posible.

Es el núcleo del mensaje, la esencia de la historia, o el titular -como «ganancia» o «pérdida»- sin todos los detalles. Pregúntate a ti mismo: ¿Cuál es la moraleja de esta historia? ¿Cuál es el significado central que estoy quitando? ¿Cuál es un punto que quiero que la gente me quite?

Empieza a compartir esas versiones. Se trata de ser claro y conciso.

Equilibrar la defensa y la investigación

La mayoría de nosotros somos muy buenos en la defensa y en la investigación. Ambos son críticos para la comunicación y las relaciones.

Sea la persona en la reunión que pide a las personas sus puntos de vista antes de compartir los suyos propios. Rally escucha las ideas de alguien y hace preguntas de seguimiento reflexivas en lugar de explicar por qué no funcionará. Modelo de investigación preguntando al equipo: «¿Qué otras preguntas deberíamos hacer?»

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En resumen: Trate de escuchar más que hablar, y hablar concisamente cuando lo haga, e invite a otros a compartir sus perspectivas. Como una vez reflexionó Thomas Jefferson, «el más valioso de todos los talentos es el de no usar nunca dos palabras cuando uno lo hace».

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