Cuando llega la primavera, empezamos a alimentarnos con los rayos del sol naciente, porque la luz es el mejor de los alimentos. Y el aire puro, la tierra que se despierta, los árboles que están a nuestro alrededor, también nos alimentan si sabemos cómo cocinarlos… Sí, ¡cocinarlos! Con nuestro pensamiento, con nuestro amor, podemos hacer con todos estos elementos unos platos deliciosos.

 

La vida espiritual es una nutrición. Es el arte de transformar todo lo que recibimos del exterior en sabiduría, en bondad, en poder, en paz. Contribuimos a esta transformación concentrando primero toda nuestra atención en el sol que sale. Después, al volver a nuestras actividades cotidianas, nos sentimos cada vez más llenos, más fuertes, y más ricos. Sí, más ricos, porque esta luz del sol que hemos recibido es oro, oro etérico, y este oro vale más que todos los lingotes acumulados en los bancos, porque nos aporta la vida.

Omraam Mikhaël Aïvanhovespiritual

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