Paseaba feliz el cienpies cuando se encontró con el sapo. Se saludaron cortésmente. Entonces el sapo preguntó al cienpies, – amigo cienpies ¿te has cuestionado alguna vez como es posible que puedas andar y mover tan fluidamente tus cien pies? ¿No te parece que realizas algo increíble?
El cienpies le respondió, – no, nunca me he preguntado tal cosa, solo camino como lo hacen todos, nací con cien pies, es mi naturaleza. El sapo infirió, – deberías pensar, investigar y conocer más sobre tu gran habilidad de caminar moviendo tus cien pies.
El cienpies contestó, – Eso haré amigo sapo, seguiré tu recomendación.
Se despidieron y ambos continuaron sus caminos.

Entonces el ciempiés detuvo su andar quedando en silencio y muy pensativo,  era la primera vez que se detenía a pensar sobre este aspecto de su vida que siempre transcurrió de forma natural, sin que su mente interviniera.

El ciempiés comenzó a prestar atención y observar cavilosamente el movimiento de sus cien pies, movió  sus pies unos por uno mientras observaba el proceso que se daba entre sus pies y su mente. Pasaron  horas y horas en las que el ciempiés estudió y analizó cada uno de los movimientos de  sus cien pies. Al terminar el complejo estudio, el cienpies se dispuso a continuar su camino, entonces ocurrió algo inesperado; los pies del cienpiés no respondían como antes,  se encontraban atrofiados, habían perdido su fluidez y ritmo natural, volviéndose torpes, enredándose unos pies con otros imposibilitando su andar.

No dejemos que nos ocurra lo que al ciempiés, que de tanto pensar se apartó de su propia naturaleza, bloqueando su expresión natural.

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La mente es una excelente herramienta, nadie pone en duda el poder inmenso de la mente que razona, me refiero a la mente concreta que analiza y discierne. Sin embargo, la mente no está llamada a inmiscuirse en ciertos asuntos. Por muy inteligentes que seamos, la naturaleza posee zonas donde la mente no debe entrometerse. Existe una inteligencia natural, de orden espiritual que supera lo que conocemos como racionalidad. La naturaleza es inteligente, ella funciona de forma que nada tiene que ver con el proceso lineal de pensar tal como lo conocemos, por lo que pensar demasiado en ciertos aspectos puede ser muy dañino a nuestras vidas. Debemos aprender a respetar la vida y a vivir fluidamente en ella.

La infelicidad, muchas veces es causada por la excesiva intromisión de la mente, a la que le otorgamos competencias que la naturaleza no le ha dado, como son la de interpretarlo todo y vivir queriendo explicarlo todo desde la mente. Hoy la ciencia ha avanzado aceptando que la inteligencia emocional existe y que el exceso de lo racional puede bloquear las funciones naturales y producir enfermedades y sobre todo una vida llena de infelicidad.

La metafísica nos enseña que la vida transcurre en perfecta armonía, que la inteligencia divina rige el movimiento de cada partícula, átomo, mundo y universos. Esto implica que debemos confiar en la vida y dejarla ser, dejarla expresarse en esa versión especial que somos cada uno de nosotros.  En este maravilloso mundo cada pájaro tiene su canción, cada criatura su forma única de existir. La felicidad consiste en vivir en armonía, fluir libremente en el río de la vida. Aquellos que pretender vivir trepados en la cabeza racionalizándolo todo pierden el contacto con la vida y consigo mismos y esto en fuente de infelicidad.

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 Leonardo Díaz

Astrólogo Metafísico

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