No son bendiciones, son pruebas

Una vez conocí a un joven que encontró la mayor reserva de gas natural en los Estados Unidos. De la noche a la mañana se convirtió en alguien increíblemente adinerado y no sabía qué hacer. De pronto, tenía todo el tiempo y todo el dinero del mundo para festejar, y él creía que ya no había nada por lo cual trabajar. No pasó mucho tiempo antes de que se formara un séquito que complaciera todos sus caprichos, así que cuando comenzó a beber demasiado, su grupo de amigos no quería que él se enderezara o que cambiara porque eso significaría que ellos también tendrían que cambiar.

Entonces un día, las autoridades encontraron su bote flotando abandonado en Miami Beach. A él nunca lo encontraron.

Así que la pregunta es: ¿Toda esa riqueza fue una bendición? La respuesta es no. No fue una bendición. Fue una prueba.

La mayoría de las cosas que recibimos en este mundo son pruebas, no son bendiciones. Lo importante nunca es lo que tenemos, sino lo que haremos con ello.

familia feliz

Incluso la oscuridad que experimentamos es una prueba. En un microsegundo, todo lo que somos, todo lo que hemos hecho, todo nuestro valor puede cambiar. Un accidente, un ataque al corazón, un accidente cerebro-vascular… lo que se te ocurra. En un segundo, todo lo que creemos que somos se convierte en nada. Lo único que perdura es lo que hemos hecho.

Al final de nuestro espectáculo, cuando vayamos “arriba”, ¿podremos decir que el mundo se convirtió en un lugar mejor porque existimos? ¿Afectamos la vida de los otros en forma positiva? ¿Usamos los momentos oscuros y las dificultades en nuestra vida para ayudarnos a que nuestra certeza y conciencia creciera?

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Tómate un momento para pensar sobre las pruebas que estás enfrentando hoy, y luego piensa en tres maneras en las que puedes usarlas para ayudarte en tu crecimiento espiritual.

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Karen Berg

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