NO APRESURE A LOS POLLOS

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Un niño de la ciudad pasaba las vacaciones en una granja. En la finca le enseñaron una gallina echada sobre un nido lleno de huevos, y le dijeron que un día saldría un pollito de cada huevo. Al niño le encantó esa fabulosa idea, y cada mañana se acercaba al nido, esperando que ocurriera el milagro.

Pasaban los días, y nada sucedía. Los huevos se veían exactamente igual que antes. Ni el menor cambio se manifestaba en la apariencia de las cosas. Poco a poco, la fe del niño se desvaneció. Por último, un día desechó sus esperanzas, y se dijo amargamente, que lo habían engañado , que nada ocurriría.

Sin embargo, el día siguiente, por la fuerza de la costumbre, se aproximó como siempre al nido, y cual no sería su alegría al ver un grupo de hermosos pollitos.

Desde luego, durante todo el tiempo habían estado ocurriendo cambios maravillosos bajo las cáscaras de los huevos, pero ninguno de los cambios se manifestó hasta último momento, cuando los pollitos emergieron súbitamente, completos y perfectos.

Algunas de nuestras mayores manifestaciones se nos presentan de la misma manera. Durante mucho tiempo, no se advierte ningún cambio en el exterior, pero si mantenemos la fortaleza de nuestra fé, a pesar de las apariencias , la manifestación ocurrirá, aunque sea a última hora.

En esta anécdota, quien perdió la fe fue el espectador, por lo tanto, no importaba. Pero si la madre hubiera perdido su fe, no habría salido ningún pollito. Conceda a sus manifestaciones el tiempo suficiente para la incubación. Mantenga su fe en Dios.

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Emmet Fox

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