La Magia de la Palabra, la Fuerza del Lenguaje y Mantras

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El nacimiento del lenguaje fue al mismo tiempo el nacimiento de la humanidad. Cada palabra era el equivalente fonético de una experiencia, de un acontecimiento, de un estímulo interior o exterior. Cada palabra en su origen era un núcleo de energías en las que se originaba la transmutación de la realidad en modulaciones de la voz humana, expresión vida del alma. Por medio de la creación verbal, el ser humano tomó posesión del universo. Más aún, descubrió una nueva dimensión, todo un mundo que estaba en el interior de sí mismo y a través del cual se le abría la perspectiva de una forma más elevada de vivir, sobrepasando el estado actual de la consciencia del mismo modo que la consciencia del hombre supera la del animal.

El presentimiento, y hasta la certeza, de la existencia de estados de consciencia tan elevados, va ligado a determinadas experiencias de naturaleza tan fundamental que es imposible explicarlas ni describirlas. Son tan sutiles que resultaría imposible compararlas a nada que pudiera ser expresado con un pensamiento o con una representación. Y sin embargo, estas experiencias son más reales que cualquier otra cosa que pudiera ser percibida por nosotros, vista, pensada, tocada, sentida u oída. Únicamente los símbolos pueden sugerir el sentido de estas experiencias. Y tales símbolos no son de ningún modo invenciones arbitrarias, sino formas espontáneas de expresión, surgidas de las regiones más profundas del espíritu humano.

Los sonidos no son los que constituyen una conversación, son Mantra, fuerzan a la creación de una imagen mental, y la fuerzan ejerciendo su acción sobre lo que es, precisamente para que surja tal como es realmente en su Ser esencial. …Aquel que consigue utilizar las palabras-mantra poseerá la fuerza del conjuro, el medio mágico de actuar sobre la realidad inmediata, que es revelación divina y juego sempiterno de las fuerzas del universo.

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En la palabra mantra se encuentra la raíz MAN – pensar – unida a la partícula TRA, que forma parte de las palabras que designan los útiles. Así sucede con mantra, es un útil para pensar, una herramienta que permite aprehender una imagen mental. Por su resonancia, llama a la inmediata realización de su contenido. Lo que designa el mantra es así, está aquí, se realiza. La magia de la palabra y de la voz ha sido auténticamente vivida en las antiguas civilizaciones, las cuales asumían una actitud tremendamente respetuosa ante la palabra portadora de la tradición sagrada y encarnación del espíritu. En el Tíbet, donde se conservan vivas las tradiciones mántricas, la palabra únicamente no es un signo sagrado, sino que lo es cada letra del alfabeto, cada sonido.

OM, la sílaba sagrada, no es propiedad exclusiva de ninguna escuela filosófica en particular. Es la experiencia del infinito. El fonema sagrado está compuesto de tres elementos:

A – la consciencia vigilante, nuestro estado ordinario, la consciencia del mundo exterior

U – la consciencia en estado de sueño, la consciencia del mundo interior, el pensamiento, los deseos,los sentimientos, el intelecto

M – la consciencia del sueño profundo, la consciencia que reposa en sí misma, la unidad indeferenciada, donde no hay sujeto ni objeto

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OM – es la totalidad, la expresión más alta de la consciencia, el cuarto estado, que todo abarca y sobrepasa toda expresión, es el fin más elevado, la consciencia de la cuarta dimensión.

Desde los tiempos más remotos, se utilizan fórmulas mántricas para fijar el espíritu sobre un conocimiento o una visión obtenida por medio de la meditación. El mantra es un medio o instrumento de mediación hacia un fin. En su absoluto paralelismo de sonido, ritmo e idea,su concentración sobre los símbolos más elevados, el abandono amoroso y la confianza llena de fe radica la magia de la palabra mántrica, cuya fuerza mística se expande por todo el individuo. Las potencias del alma, entonces, son despertadas, reforzadas y transformadas.

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Lama Anagarika Govinda

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