“Estoy harta de que digan que las mamás somos perfectas”, decía Sabina mientras hacía la cena de su hijo, levantaba los juguetes, respondía mensajes en el celular, me hacía sentir en casa y cuidaba que su pequeño no se fuera a lastimar. “La mamá perfecta no existe, ni siquiera mi hijo lo es, es más, no quiero que piense que soy perfecta porque se va a llevar una decepción. Quiero que sepa que soy imperfecta, pero que hago siempre lo mejor que puedo. Quiero que aprenda a aceptarme como soy y que él se sienta aceptado y amado como es. Y sobre todo, quiero que aprenda a dar lo mejor de sí, sin sentirnos culpables por no ser la mamá perfecta, sino agradecidos por el camino que elegimos recorrer juntos para crecer”.

Nosotras también crecimos juntas y mientras lo hacíamos dedicamos infinidad de horas en hablar de los hijos que queríamos tener. Imaginábamos el color de sus ojos, anotábamos los nombres que les pondríamos, hablábamos de todo lo que les daríamos, pero sobre todo prometimos no ser como nuestras mamás. Aunque a esa edad se nos olvidé que no podemos no ser como nuestras madres, porque ya lo somos; formamos parte de ella, salimos de ella, somos ella.

Cuando nos volvimos a encontrar su hijo Martín ya tenía un año y la mirada de mi amiga era distinta. No puedo explicar lo que sentí al ver a mi compañera de aventuras quinceañeras cuidando y amando tanto a un ser humano. No hay palabras que expresen la belleza que irradia, la fuerza de sus ojeras, de sus brazos, de sus pasos. Una mamá auténtica que me hablaba de lo difícil que es ser madre, de lo que duele el cansancio, lo mucho que pesan las dudas, los miedos y cuan sublime es ese nuevo amor.

Nace un bebé, nace una madre y con esto nace una nueva forma de vida. No soy mamá, espero serlo; he tenido sueños donde veo a mis bebés, los abrazo, los acaricio y cuando despierto amanezco con un vacío de un amor desmesurado y con ganas de hacerlo real. Pero es que me invade el miedo: “¿Y si no soy buena madre? Es una responsabilidad para toda la vida. El mundo está hecho mierda, no voy a traer hijos a un lugar así ¡Ay, qué bonito bebé, quiero tener mis bebés!, ¿Ser mamá? Jamás”. Monólogos internos que terminan en querer, cuando sea el momento, aunque en realidad el momento llega cuando tiene que llegar y es un arte que aprendes caminando, no hay de otra.

Veo a mi madre y me doy cuenta que el amor y la conexión que tenemos no se puede describir. Es un amor monumentalmente auténtico, incondicional y sobre todo de aceptación completa. Mi mamá no es perfecta, hubo motivos por los cuales terminé yendo a terapia, cómo tú, como todos. Sino fueron a terapia seguramente algo les hizo “daño” y pues eso pasa cuando un ser humano es un ser humano; ella aprendió contigo y trató de darte lo mejor de sí, lo más bonito de ella, lo más puro: Su amor. Y entonces te das cuentas que en realidad la madre perfecta sí existe y es la tuya, así como es, con todo y todo.

Generalmente en el día de la madre los hijos hablan de las maravillas de su mamá,  le agradecen, publican fotos de ella, la llevan a comer, algunos le llevan serenata, pero ¿Y ellas? ¿Qué tienen para decir? ¿Cómo fue su proceso de ser mujer a ser madre?

Hoy les toca hablar y por eso a continuación cito algunas guerreras que me regalaron su tiempo, su confianza y me abrieron su corazón en nombre de todas las madres.

“Ella llegó un día después de cuatros años de matrimonio, tanto tiempo esperando, soñando y anhelando, venía con un pronóstico no muy alentador, teniendo mil y una dudas y millones de miedos me llené de fe, Dios me echó una miradita y ella hoy esta aquí. Fui demasiado bendecida con mi hija, cuándo la abrazo es como tocar el cielo, ella es la muestra más grande de lo que llamamos milagro. Regina está tan llena de bondad, llegó a darle sentido a todo. En serio, antes de ella no sé cómo vivía, es más no lo recuerdo con exactitud porque nunca había sido más feliz. Yo existo desde un 8 septiembre del 2012. Está aquí para iluminar mi vida y mis días ¿Sabes algo? Yo tengo todo, yo me siento la dueña del universo y todo lo puedo, cuándo de su voz escucho: Te amo mamá” Ana Sofía, 30 años, mexicana-

“Me parece que la vida nos da muchas oportunidades de crecimiento, la maternidad es la más grande de todas. Es, además, una fuente inagotable de felicidad”. -Emilia, 52 años, mexicana

mom and daughter foto

“Iba en la carrera y en eso: Embarazo a mitad de mis estudios, tenía unas ganas tremendas de comerme el mundo en un bocado y ahora daba un giro mi vida. Me costó muchísimo trabajo, fue una etapa de adaptación pero también fue increíble. Terminé mis estudios y pude darle lo mejor de mi a mi chiquita. Hoy mi hija tiene siete años y vamos creciendo, crecimos las dos y nuestro amor se afianza día con día. Todo lo que he logrado, mucho o poco, es por mí y claro está por ella. Sin duda es una gran felicidad y el saber que ya está en primaria y que tiene un carácter muy parecido a su madre jaja me deja con ganas de seguir luchando por nosotras”. – Daniela, 28 años, mexicana

“Para mi ser madre es nada más y nada menos que la realización de la vida, es cuando todo comienza a tener sentido, es un diario aprendizaje y la manera más tangible de que existe un Dios que sin duda nos ama y nos permite disfrutar de ese amor tan único que nos dan nuestros hijos” -Analía, 37 años, mexicana-

“Octubre… Si, salió positiva la prueba, y ahora ¿qué voy a hacer ?
La incertidumbre me invadía, el miedo, la angustia, pero el amor por mi bebé era mucho más grande que todo eso. Porque cuando sabes que hay vida dentro de ti todo cambia, cuando sabes que hay una cosita tan pequeñita en tu vientre, todo cambia. En la cocina de casa de mis papás, él y yo sin saber qué hacer. Yo no le quería decir a mis papas, estaba aterrada, así que decidimos ir primero al doctor para confirmar la noticia. Y ahí estaba mi “pulguita”, en ese monitor, ese ” saquito” como lo llamó el doctor, era tan diminuto. Y de pronto, su latido, ¡Escuché su latido! Latía con muchísima fuerza y me llenaba cada vez más de amor. El momento más mágico de mi vida. Todo era felicidad y las palabras del doctor resonaron en mi cabeza, yo no entendía: “La pared del útero está muy delgada, yo creo que vas a tener un aborto natural, ni le deberían de decir a sus papás, son muy jóvenes y tienen mucha vida por delante ” ¡No! Me niego, es mi bebé y voy a hacer lo que sea para que esté bien; así que me dio una medicina y salimos del consultorio.
Sangrado. Mi mundo se desmoronó. Tenía que guardar reposo así que decidimos decirles a mis papás. Yo solo quería que todo terminara, ir a mi cuarto a estar sola y tranquila con mi bebé. No hay nada como el instinto de protección de una madre, aún cuando tú bebe sea de no más de 5 cm. Y así, con uñas y dientes lo protegí y me aferre a su vida. No podía dormir, no podía descansar, me invadía el miedo a perderlo. A la mañana siguiente ya no hubo nada que hacer, el sangrado no paraba y tuve que ir al hospital. Doctores, enfermeras, quirófano, padres incómodos, novio aterrado y por tanto ausente. Por fin desperté y mi bebé ya no estaba conmigo, mi “pulguita” se había ido y con ella un pedazo de mi corazón. El dolor era insoportable, y aunque pareciera que ya me había “librado” de una situación que no era la mejor ( a la vista de mi familia ) yo no podía ni respirar del dolor.
Hoy han pasado 14 años de esto y al contrario de lo que pensaba, me duele más, porque hoy tengo 2 hijos maravillosos que son mi vida entera y no puedo dejar de pensar en mi pulga, si hubiera sido niña o niño, como sería su carácter, su risa, sus ojos, sus caricias.Pero a pesar de todo la maternidad sin duda ha sido lo más maravilloso que me ha pasado. Me dio el momento más triste,
pero también me dio los 2 mejores momentos de mi vida al tener en mis brazos por primera vez a mis dos chaparros”. Anónimo, 34 años, mexicana

“Soy madre de tres hijos, dos niñas y un niño. Indudablemente el ser madre es la experiencia más increíble, que yo como mujer, he vivido. No es fácil porque nunca sabes que tan bien o mal puedes hacerlo, pero lo que si es que siempre es con el amor más grande e incondicional que existe, ser madre es maravilloso”. – Ana Mary, 47 años, mexicana– 

“Ser madre es la pérdida de la libertad que mejor sabe; sentirte plena, llena de vida. Una caricia de un hijo sabe al mejor café, el mejor chocolate. Sin duda es el éxtasis de la existencia humana”.  –Verónica, 40 años, mexicana

“Desde chica pensé que la realización de la mujer era ser madre, luego me di cuenta que no para todas era tan importante. Para mi significó tener muchos hijos, era mi mayor ilusión y Dios me bendijo con cinco: Tres mujeres y dos hombres. Puse lo mejor de mi en ellos, aunque como es natural, cometí errores. Sin embargo, puedo decir que Dios me bendijo con hijos buenos, decentes y trabajadores y con todos los valores necesarios para que sus padres nos sintamos orgullosos de ellos y sus respectivas familias llenen de felicidad nuestras vidas”. -Encarna, 75 años, española-

“El que me preguntes sobre mi maternidad es arriesgado, porque puedo hablarte desde tantos ángulos que no pararía en un buen rato ¿Pañales? Ah si, puedo decirte cuales han sido mejores ¿Emociones? Lo que he experimentado ¿Desveladas? Ni mencionarlo. Lactancia, comidas, juguetes, motricidad, lenguaje, sus gracias, sus miradas, medicinas y vacunas, verlo enfermo, saberlo sano y feliz ¡Uf, tanto de que hablar! Pero eso sí que sí, el amor que nunca antes había conocido. Podría empezar a contarte del embarazo y el parto. En esos momentos de mi vida comencé a experimentar miedos como antes no los había sentido. Y es que ahora sí que tienes a lo más preciado contigo y su vida depende de tus cuidados. No sé, desde los sueños que tuve en el embarazo, elegir su nombre, compartir la alegría con tanta gente, ver la báscula aumentar por semana, y las hormonas en plena pachanga, bienvenida al parque de diversiones, donde también hay casas de terror, por si lo dudabas. Espejos distorsionados, ruletas, algodones de azúcar y todo eso. Pero lo que si puedo decirte es que soñé mucho con el momento del parto. Mi peor escenario era necesitar anestesia. Pero nunca pensé en una cesárea. Y es que pienso que los niños vienen como maestros, a enseñarnos la humildad. Ahí sí toca agachar la cabeza y ponerse de pechito para aceptar lo que venga . Martín nació por cesárea. Me enseñó en ese momento, por gracia de dios, la humildad. Creo que fueron instantes donde pude librarme del ego, y solo confiar en que el misterio de la vida tiene el mejor plan para cada uno. Pero cuando escuche sus primeros ruidos y me entregaron a mi paquetito recién llegado de las estrellas, pude experimentar la felicidad y el gozo en su máxima expresión. Dice Nico que también ayudó la morfina que me pusieron de anestesia. Pero yo creo que aún sin anestesia cada mujer siente exactamente la misma dicha que yo sentí ese día. Y a partir de ese momento las cosas nunca fueron las mismas, sobra decirlo. Sí es cierto que se siente el máximo amor y la máxima alegría. Entiendo por qué se refieren a esas sensaciones como estar en las nubes. Ahí estaba yo, platicando con los mismísimos Ángeles. Pero también he sentido desde entonces, mayores miedos y preocupaciones. Dice Laura Gutman, que la maternidad es descubrir una nueva habitación en la casa donde siempre has vivido. No sabes, el cansancio extremo, y al día siguiente el enamoramiento total, pero luego vomita un mililitro de leche y la loca de la cabeza de la madre primeriza se pregunta si todo estará bien. Si tu leche es suficiente, si llora dos horas seguidas porque le duele algo, si los pellejos en su piel se le van a quitar, o si tiene frío o calor. Y es que, hijo ¿No me podrías decir que es lo que te está pasando? No, no te lo dice. Afortunadamente el pecho, el latido de tu corazón, tus brazos, y muchos kilos de paciencia, en la mayoría de los casos funcionan para calmarlo, y otras no. Incontables veces acabe llorando con él y aún intentando explicarte todo esto, no se acerca ni poquito a lo q se vive día con día. “Mira qué lindo es, es el bebé más bello del mundo. En esta foto se le ve hermosa su mirada, en esta su sonrisa ¡Mira! Su oreja derecha. Ah, tengo que tomarle foto a su oreja izquierda. Hoy cumple una semana, un mes, tres, seis (primeras papillas), hoy durmió la noche entera, hoy despertó como 8 veces ¡Por fin encontré un remedio para su insomnio!!! Ah, pero el remedio maravilloso solo duró una semana” Jaja, olvido esta parte: ¡Buaaa!, quiere más a su papá, o a su abuela, o a la chica que lo cuida a ratos. Después… No puedo creer su mamitis. No puedo soltarlo un segundo”  -Sabina, 29 años, mexicana

Gracias totales, mamás, por demostrarnos que la perfección está sobrevalorada, gracias por ser, por estar, por dejarnos elegirlas, por tomarnos de la mano y nunca soltarnos, por impulsarnos, aceptarnos y sobre todo gracias por amarnos.

Escrito por Maca Abarca, tomado de http://andosintacon.com/2016/05/mamasguerreras.html

Foto por photosavvy

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